David González

  • En 2018, con 16 años, Diego atacó por la espalda a esta treintañera cuando paseaba por su pueblo en Zamora. Cumplida su pena de 8 años, se ha establecido en Vitoria, donde ha incumplido la libertad vigilada. Nunca pidió perdón
La nueva vida del menor que violó y asesinó a Leticia Rosino enciende las alarmas

Leticia Rosino proyectaba ser madre junto a su novio David. Hacía unos meses que había dejado la cosmopolita Londres para instalarse en Castrogonzalo, localidad zamorana de 430 habitantes donde se empleaba para una quesería industrial que exporta a 36 países. La tarde del 3 de mayo de 2018, esta ingeniera técnica agrónoma salió a pasear mientras atendía por teléfono a un cliente francés. Estaba haciendo tiempo para irse a la piscina con su pareja. Tenía 32 años. Jamás llegó a esa cita.

En su caminata se cruzó con Diego, el hijo de El Fostrón, un pastor de la zona. Aquel chaval conflictivo, entonces de sólo 16 años, la inmovilizó por la espalda tras abandonar el rebaño de 200 ovejas a su cargo. Por razones que jamás ha revelado la violó y -a continuación- mató con una piedra. Aquel día quebró una prometedora vida y sumió en un pozo de tristeza, estupefacción y rabia a su familia. Nunca ha pedido perdón. Tampoco ha satisfecho la responsabilidad civil por su horrendo crimen. Ni siquiera ha cumplimentado programa de reinserción alguno.

Leticia, en un prado de la provincia de Zamora. (Familia Rosino)

El sentimiento de incredulidad se ha acentuado en el entorno de la víctima tras descubrir que el asesino de su «hija perfecta» abandonó en primavera la prisión alavesa de Zaballa. Allí cumplió la última parte de su condena de 8 años, de los que apenas seis fueron en una cárcel convencional. «Nadie nos ha dicho nada», se queja Inmaculada, madre de la asesinada y que mantiene viva su memoria a través de la fundación Leticia Rosino. Lleva reunidas más de 130.000 firmas para que se endurezca la Ley del Menor. «El castigo debe ser proporcional al delito cometido. Está bien su función educativa para algunos supuestos, pero debe cambiar para otros donde se rompen todos los límites», solicita.

Inmaculada es una persona normal, al frente de un pequeño negocio de alimentación. Su voz se torna más grave cuando repasa la actual situación de este caso. «Voy casi todos los días al cementerio a visitarla. Mi familia está destruida. ¿Quién dice que una vida (en referencia a su hija) equivale a ocho años. Te voy a decir una frase que ninguna madre debería pronunciar: ‘mi hija está en un nicho del cementerio y su asesino, en libertad’».

Bajo control hasta 2031

Desde su reciente puesta en libertad, Diego ha incumplido «en varias ocasiones» los controles de su libertad vigilada, activa hasta 2031. Ese régimen de control le obliga estar siempre localizable, presentarse periódicamente en el lugar que fije la autoridad judicial, comunicar de inmediato cualquier cambio de domicilio o de empleo y participar en programas formativos. Pero a lo largo de estos cuatro meses de nuevo en la calle ya ha incumplido «todas y cada una de esas condiciones», según deslizan fuentes judiciales y policiales.

Agentes de la Guardia Civil trasladan al menor tras su arresto. (Norte de Castilla)

Con una orden de alejamiento de Castrogonzalo, donde mató a Leticia, y de Tábara, hogar zamorano de la familia de la víctima, este expreso ha elegido Vitoria como el lugar donde empezar de cero. Ya ha cumplido los 24 años. Tiene novia, al parecer pariente de algún compañero de patio de Zaballa, y trabaja de manera esporádica en un bar de la capital del País Vasco. Su aspecto es el de un joven adicto al gimnasio. «Está mazado», previenen desde su entorno.

Desde mediados de agosto, el asesino liberado encendió todas las alarmas del Juzgado de Menores de Vitoria -encargado de su seguimiento mientras permanezca en Álava- y de la Ertzaintza tras ‘desaparecer’ sin dejar rastro. No contestaba a las llamadas de la autoridad judicial. Tampoco se encontraba en su domicilio conocido. La indefinición se prolongó «durante varias semanas». En septiembre, policías locales le identificaron por casualidad en otra vivienda ajena a la suya durante una intervención rutinaria.

Las advertencias del juzgado de que su libertad vigilada podría revertirse han hecho reaccionar a Diego, que ha empezado a responder a sus llamadas. En cualquier caso, la Guardia Civil –cuerpo que lideró la investigación criminal– y la Ertzaintza le siguen de cerca.

Los vecinos exigen «más vigilancia»

Cabe recordar que Diego forma parte desde 2018 de la lista negra de los asesinos más precoces de España. Como Daniel, el adolescente de 14 años que asfixió hasta la muerte a su educadora social en Badajoz en marzo de 2025. ‘El Rafita’, que con la misma edad participó en el secuestro, violación y asesinato de la joven Sandra Palo en 2003. O Max, conocido como el niño de la ballesta tras acabar en 2015 con la vida de su profesor en Barcelona cuando tenía 13 años. No obstante, el triste título del homicida más joven correspondería a Piedad Martínez del Águila, una niña de 12 años que en los años 60 envenenó a parte de su familia de forma progresiva.

Los ecos del comportamiento cuando menos errático de Diego y de la posterior alerta judicial y policial han llegado a la FAVA, acrónimo de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Álava. Su presidente, Ángel Lamelas, comparte que «ante la presencia de esta persona, solicitamos a los cuerpos y fuerzas de seguridad que, dentro de sus competencias y con pleno respeto a las garantías legales, mantengan una vigilancia y un seguimiento adecuados».

Inmaculada duda que el asesino de su hija se haya reinsertado. «Cuando nos dimos cuenta de que Leticia había desaparecido organizamos de inmediato varias batidas porque no podía denunciarse su ausencia hasta pasadas 24 horas», rebobina de vuelta a mayo de 2018. Diego fue uno más de aquel movimiento espontáneo. Se colocó estratégicamente junto al novio de la víctima. «Le dijo ‘tranquilo que la vamos a encontrar’ mientras llevaba a ese grupo en la dirección contraria a donde se encontraba el cuerpo».

Ramos de flores que recuerdan a Leticia en el lugar donde fue asesinada. (N. C.)

Tiró el cadáver por un barranco, confiado en que podría hacerlo desaparecer cuando los vecinos se alejaran o pararan a descansar. «Tuvimos la gran suerte de que lo encontramos antes de que lograra deshacerse de él». Descartado el novio de Leticia, el siguiente sospechoso fue El Fostrón, señalado además por su propio hijo. Pero al contar con una coartada sólida enseguida quedó en libertad y los investigadores del instituto armado se fijaron entonces en ‘el hijo del pastor’, quien acabaría por confesar su autoría. La crudeza del caso alumbró un importante movimiento de indignación en la región. Por el perfil de la víctima y por la extrema juventud de su verdugo.

Con los alrededores del Palacio de Justicia de Zamora rebosantes de ciudadanos ávidos de venganza, el adolescente aceptó la pena máxima para menores de edad. 8 años de reclusión, un tercio de las penas para adultos. Cubrió una primera etapa en un centro cerrado para menores ubicado en Valladolid. Al poco de alcanzar la mayoría de edad le enviaron a la prisión salmantina de Topas. «Como dijo sentirse amenazado, le concedieron el traslado a Zaballa porque, al parecer, cuenta con algún familiar en el País Vasco. Fíjate, se sentía amenazado», se queja Inmaculada con amargura.

Vecinos de la víctima durante una concentración en su memoria. (N. C.)

Interno en el centro penitenciario alavés desde 2023 trató de pasar desapercibido hasta cumplir su condena penal. Una estrategia que ha tratado de mantener una vez en la calle. Hasta que olvidó que todavía debe cumplir con ciertas reglas básicas.

Multitudinario funeral de Leticia Rosino. (N. C.)
Cronología

Cronología

El crimen El 3 de mayo de 2018, Leticia da un paseo por los alrededores de Castrogonzalo (Zamora). Diego, de sólo 16 años, la ataca por la espalda, viola y mata con una piedra.

La búsqueda Horas después, la familia organiza batidas para encontrar a esta ingeniera técnica agrícola. Diego participa, se pega al novio de la entonces desaparecida y trata de llevarle lejos del lugar del asesinato.

La incriminación Tras descartarse a la pareja de Leticia, los investigadores apuntan al entorno de Diego. Éste incrimina a su padre, que es detenido por la Guardia Civil y liberado al comprobarse que tiene coartada. El menor acaba arrestado y confiesa.

La condena En medio de fuertes medidas de seguridad para evitar su linchamiento, el autor confeso es condenado a 8 años, el máximo permitido por la Ley del Menor. Los primeros dos años los cumple en un centro de menores de Valladolid.

Libertad vigilada Desde finales de primavera puede hacer vida normal siempre que cumpla con los controles judiciales, límite que ya ha incumplido varias veces. Este régimen permanecerá vigente hasta 2031. Tiene prohibido acercarse a Castrogonzalo o a Tábara, donde reside la familia de la víctima.

La petición de la familia La madre de Leticia y su entorno llevan recogidas más de 130.000 firmas para que se endurezca la Ley del Menor. Seguirán con la lucha hasta lograr su objetivo. «Las penas deben ser proporcionales a los hechos», reclaman.

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