• Ocho años después del asesinato de su hija, Inmaculada Andrés vuelve a alzar la voz. La noticia de que el condenado habría incumplido reiteradamente las condiciones de su libertad vigilada ha reabierto una herida que nunca llegó a cerrarse. En una emotiva entrevista en Castilla y León Televisión, la madre de Leticia denuncia la falta de información a las familias y reclama una reforma de la Ley del Menor.
«¿Quién protege a las víctimas?»: el desgarrador testimonio de Inmaculada Andrés, madre de Leticia Rosino, en Castilla y León Televisión

Hay dolores que el tiempo no consigue aliviar. Ausencias que se instalan para siempre en una familia y silencios que ninguna palabra puede llenar. Para Inmaculada Andrés, madre de Leticia Rosino, la vida quedó partida en dos el día en que su hija fue asesinada. Desde entonces, cada noticia relacionada con el responsable de su muerte vuelve a enfrentarla a una realidad que ninguna madre debería conocer.

Leticia tenía 32 años. Una vida por delante, proyectos, ilusiones y una familia que la quería. Fue violada y asesinada mientras paseaba por los alrededores de Castrogonzalo, la localidad zamorana donde residía y trabajaba.

Su asesino era menor de edad cuando cometió los hechos. Tras cumplir la pena de ocho años de internamiento que le fue impuesta, recuperó la libertad el pasado mes de mayo.

Ahora, una nueva información sobre su situación ha devuelto el caso a la actualidad y ha llevado a Inmaculada a intervenir en el programa Cuestión de prioridades, de Castilla y León Televisión.

Lo hizo con la entereza de quien lleva años convirtiendo su dolor en una reivindicación de justicia, pero también con la indignación de una madre que siente que las instituciones han vuelto a dejarla sola.

«Me he enterado por los periodistas. A nosotros nadie nos ha dicho nada»

La entrevista comenzó con una pregunta tan sencilla como dolorosa: ¿cómo había conocido la familia que el condenado residía en Vitoria y que, según las informaciones publicadas, había incumplido las medidas de su libertad vigilada?

La respuesta de Inmaculada fue contundente.

«Menos mal a los periodistas, que sois los que destapáis la mayoría de los casos».

Según explicó, fue un periodista de Vitoria quien se puso en contacto con ella para comunicarle la preocupación existente por el comportamiento del condenado, que habría permanecido durante aproximadamente dos meses sin ser localizado por los responsables de su seguimiento.

Inmaculada aseguró que desde que se les comunicó su salida del centro de internamiento, a principios de mayo, no habían recibido nuevas informaciones oficiales.

«Desde el 3 o 4 de mayo, que nos dijeron que salía, aquí no hemos vuelto a hablar con nadie. No sabemos nada».

Más allá de la noticia, lo que verdaderamente duele a esta madre es la sensación de abandono. La impresión de que, una vez cumplida la condena, las instituciones parecen olvidar a quienes siguen viviendo cada día con las consecuencias del crimen.

«¿Protegidos de quién? Si no está vigilado él, ¿qué protección tenemos nosotros?»

Durante la conversación, Inmaculada expresó su preocupación por los presuntos incumplimientos de las obligaciones impuestas al condenado.

Según lo expuesto en la entrevista, habría dejado de responder a las llamadas de seguimiento y de asistir a actividades de reinserción.

La madre de Leticia se preguntó cómo es posible que una persona sometida a libertad vigilada pueda permanecer tanto tiempo sin ser localizada.

«¿Por qué no ponen una pulsera o algún dispositivo para estar siempre localizado?», planteó.

También recordó que existe una orden de alejamiento respecto a Castrogonzalo y Tábara, donde reside la familia.

Cuando el presentador le preguntó si se sentían protegidos, Inmaculada respondió con otra pregunta que resume su desconfianza:

«¿Me dices protegidos? Después de saber lo que hemos sabido esta semana, ¿protegidos de quién?»

Inmaculada aclaró que no quiere vivir dominada por el miedo. No considera que tenga motivos para esconderse porque, como explicó, lo único que hace es reclamar justicia.

Sin embargo, reconoció que la falta de información alimenta una inquietud permanente.

Mencionó incluso comentarios no confirmados sobre una posible presencia del condenado en las proximidades de Benavente, aunque insistió en que desconoce si son ciertos.

Su preocupación nace precisamente de esa incertidumbre: no saber dónde se encuentra una persona cuya conducta, según las informaciones conocidas, estaría siendo objeto de atención judicial.

Los presuntos incumplimientos relatados durante la entrevista no equivalen por sí mismos a una resolución judicial firme sobre nuevas infracciones. Corresponde a las autoridades competentes determinar su alcance y las medidas que procedan.

La herida que nunca cierra: «Yo la dejé hace ocho años en la oscuridad para siempre»

Uno de los momentos más estremecedores de la entrevista llegó cuando Inmaculada habló de la diferencia entre la posibilidad de reconstruir una vida y la pérdida irreversible de su hija.

Mientras el condenado ha recuperado la libertad tras cumplir su pena, Leticia ya no podrá volver.

No habrá nuevos cumpleaños, ni conversaciones pendientes, ni abrazos. Tampoco la posibilidad de recuperar los años que le fueron arrebatados.

Inmaculada expresó esa realidad con unas palabras de enorme dureza:

«Yo la dejé hace ocho años en la oscuridad para siempre. Ahí está».

En esa frase cabe toda una vida de ausencia.

La madre de Leticia también habló de la falta de arrepentimiento que percibe en el condenado y de la indemnización económica que, según afirmó, la familia no ha recibido.

Pero dejó claro que el dinero nunca ha sido el centro de su lucha.

«La indemnización, nunca he contado con ella», explicó.

Lo que reclama es algo mucho más profundo: justicia, protección y garantías de que las medidas impuestas por los tribunales se cumplen.

«La justicia falla, falla», lamentó.

Su testimonio refleja la frustración de una familia que siente que el cumplimiento de una condena no ha venido acompañado de una respuesta suficiente a sus necesidades como víctimas.

«Estamos hablando de familias que quedan destrozadas. ¿Quién se preocupa de ellas?»

La conversación fue más allá del caso de Leticia.

Inmaculada quiso poner el foco en todas las familias que han perdido a un ser querido como consecuencia de un crimen violento.

Habló de madres, padres, hijos y hermanos que, después de una tragedia, deben aprender a sobrevivir con una ausencia que transforma para siempre su existencia.

Y planteó una pregunta que debería interpelar a toda la sociedad:

«¿Quién protege a la víctima?»

También se refirió a las mujeres asesinadas por violencia de género y a los niños que quedan huérfanos, recordando que detrás de cada estadística existe una familia marcada por el dolor.

«¿Quién se preocupa de nosotros, de los que estamos aquí, de la familia que quedamos con el dolor?», preguntó.

Porque el sufrimiento no termina cuando concluye un juicio. Ni cuando se dicta una sentencia. Ni siquiera cuando pasan los años.

Las familias continúan viviendo con las consecuencias de lo sucedido, muchas veces sin el acompañamiento que consideran necesario.

Inmaculada lo resumió con la sencillez de quien conoce esa realidad de primera mano:

«Intentas hacer vida normal, que ya es imposible».

Más de 130.000 firmas para reformar la Ley del Menor

Lejos de resignarse, Inmaculada Andrés ha convertido la memoria de Leticia en una causa que trasciende su propia tragedia.

A través de la Fundación Leticia Rosino, y junto a otras familias de víctimas, impulsa una campaña para reclamar modificaciones en la legislación penal de menores, especialmente en relación con los delitos de mayor gravedad.

Durante la entrevista se recordó que el movimiento ha reunido más de 130.000 firmas, que ya han sido entregadas en el Congreso de los Diputados.

Sin embargo, Inmaculada lamentó que las familias sigan esperando una respuesta política efectiva.

«Me gustaría saber a qué puerta tengo que llamar, qué tecla tengo que tocar, a quién me tengo que dirigir».

Su reclamación no se limita al endurecimiento de las penas. También exige que las instituciones escuchen a las víctimas, que exista un seguimiento efectivo de las medidas judiciales y que las familias reciban información y apoyo.

La reforma de la Ley del Menor es una reivindicación de la fundación y de las familias que participan en la campaña, cuya posible modificación corresponde debatir y decidir a las instituciones legislativas.

La Fundación Leticia Rosino: transformar el dolor en una causa colectiva

La historia de Leticia no puede reducirse al crimen que acabó con su vida.

Detrás de su nombre hay una mujer, una familia y un recuerdo que merece permanecer vivo por lo que ella fue, no solamente por lo que le ocurrió.

Ese es también el sentido humano de la labor que impulsa su madre a través de la fundación que lleva su nombre.

Inmaculada ha encontrado en la defensa de otras víctimas una manera de dar continuidad a la memoria de su hija.

Su compromiso no elimina el dolor, pero lo convierte en una voz que reclama cambios y busca evitar que otras familias tengan que enfrentarse a situaciones semejantes.

Desde Tábara, esa voz ha conseguido llegar a medios de comunicación, instituciones y ciudadanos de toda España.

Y cada vez que vuelve a hablar públicamente, Inmaculada recuerda que detrás de las noticias judiciales hay personas que siguen necesitando respuestas.

«Seguiremos luchando»: la promesa de una madre a su hija

Al finalizar la entrevista, el presentador agradeció a Inmaculada su disposición a hablar públicamente de una experiencia tan dolorosa.

La madre de Leticia respondió que seguirá atendiendo a los medios de comunicación porque considera imprescindible dar visibilidad a las víctimas y a sus familias.

«Siempre voy a estar aquí dispuesta para los medios, porque son los que dan visibilidad a este problema», afirmó.

Y volvió a pedir una mayor implicación de la sociedad.

No quiere que el asesinato de su hija se convierta simplemente en una noticia del pasado. Tampoco que las familias de otras víctimas tengan que recorrer el mismo camino de soledad, incertidumbre y reclamaciones.

La entrevista terminó con dos palabras que, en boca de Inmaculada Andrés, tienen un significado muy especial:

«Seguiremos luchando».

Son las palabras de una madre que lleva ocho años viviendo con la ausencia de su hija y que, a pesar de todo, sigue encontrando fuerzas para reclamar justicia.

Porque hay una diferencia inmensa entre seguir viviendo y recuperar la vida que se tenía antes.

Inmaculada puede continuar adelante, hablar, trabajar por otras familias y defender la memoria de Leticia. Pero nada devolverá a su hija los años que no pudo vivir, ni a su madre los abrazos que le fueron arrebatados.

Y quizá por eso su testimonio conmueve tanto: porque detrás de cada reclamación, de cada entrevista y de cada firma recogida, permanece el amor de una madre que se niega a que el silencio ocupe el lugar de su hija.

Leticia Rosino tenía 32 años. Su vida terminó, pero su nombre sigue presente en una lucha que su madre ha convertido en compromiso.

Desde Tábara, Inmaculada Andrés continúa recordándonos que la justicia no debería medirse únicamente por las condenas cumplidas, sino también por la atención, la protección y la dignidad que reciben quienes han sufrido una pérdida irreparable.

Y que, cuando las cámaras se apagan y las noticias dejan de ocupar titulares, las familias siguen ahí.

Con sus recuerdos. Con sus preguntas. Con su dolor.

Y, en el caso de Inmaculada, con una promesa que sigue intacta:

Seguir luchando por Leticia.

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