(Serie: Tábara y los Beatos. V Beato de Tábara)

Beato de Tábara original

Tábara, merced al antiguo Monasterio de San Salvador, fundado por iniciativa de Alfonso III de León, que encomendó su construcción a los santos Froilán y Atilano, que con el transcurrir de los años serían obispos de León y de Zamora, se convirtió en uno de los centros culturales más importantes que podemos encontrar en el siglo X.

Este monasterio, según los testimonios que han llegado hasta nosotros, llegó a contar con 600 miembros, algo impensable para una comunidad en aquellos tiempos. Era un monasterio dúplice, en el que había monjes y monjas, y representó en su momento la cuna del renacimiento de los beatos.

El Beato de Tábara es el segundo de los que vieron la luz en este monasterio que han llegado hasta nosotros. Primero los monjes trabajaron en el Beato Morgan; posteriormente, en el año 968, Magio comenzó el Beato de Tábara, hasta que llegó su muerte acaecida el 13 de octubre de ese año, y su discípulo Emeterio continuó con la obra empezada, que terminaría el 27 de julio del 970. Más tarde, Emeterio realizaría el tercer beato con fábrica en este monasterio, conocido como el beato de Gerona.

En su trabajo sobre estos códices medievales, Williams estableció dos líneas en la elaboración de los beatos. La rama I, que comprendía las representaciones más cercanas al original elaborado por Beato de Liébana, y la rama II, que es posterior y en la que las miniaturas cuentan con añadidos de marcos y fondos pintados.

La autoría de este beato no ofrece ninguna duda, ya que, bajo el Omega que aparece en una de las ilustraciones, se afirma que el presbítero Magio trabajó en esta obra hasta su muerte y fue su discípulo Emeterio quien continuó y terminó la obra.

Oh torre de Tábara, alta et lapidea. Es otra de las referencias que podemos encontrar en este beato, ya que la imagen posterior que nos ha quedado de la torre románica que contemplamos en la actualidad está representada en una de las iluminaciones que nos ofrece este beato.

Además, queda constancia de que el escriba Monnius (Monnius presbiter scriptsit) participó también en la confección de este beato y en la miniatura más conocida de esta obra; se identifica a Emeterio como uno de los escribas que aparecen con un gran bonete.

El Beato de Tábara consta de 168 folios de 360 × 255 y fue creado por los escribas Monnius y Senior y por los iluminadores Magio y Emeterio.

Las hojas están escritas organizadas en cuaterniones (4 bifolios de ocho páginas) y el texto está organizado en dos columnas en letra visigótica libraria, también conocida como mozárabe.

Únicamente encontramos en este beato tres ilustraciones del Apocalipsis y dos páginas con escenas del comentario de San Jerónimo al libro de Daniel.

Magio estuvo trabajando hasta la hoja 71 y el resto fue obra de Monnius.

El scriptorium recogido en una de las iluminaciones, la más conocida de este beato, nos muestra en detalle  cómo eran los scriptorium que había en los monasterios medievales. Según Gómez Moreno, la torre actual románica guarda una gran similitud con la que aparece en la miniatura del beato, aunque algunas fuentes creen que esta imagen era procedente de otro manuscrito y fue adherida posteriormente a este beato.

Se asegura que Umberto Eco se inspiró en esta imagen para su obra maestra “El nombre de la rosa”, ya que describe un scriptorium medieval, muy similar al que podemos contemplar en esta ilustración.

Williams es de la opinión de que el Magio del Beato de Tábara es el mismo que el Maius del Beato Morgan, algo que estuvo cuestionado durante bastante tiempo, porque durante años se pensó que el creador del Beato Morgan era un monje perteneciente a San Miguel de Escalada.

El Beato de Tábara ha llegado bastante mutilado hasta nosotros, porque se conservan únicamente 11 ilustraciones en muy buen estado y tres bastante estropeadas, pero representa un modelo para otros beatos posteriores como el de las Huelgas, donde se puede contemplar la iluminación de la torre, y el Beato de Mánchester.

Magio revolución en este beato, la forma de representar las miniaturas proporcionando cierta autonomía a las imágenes, enmarcándolas y separándolas del texto, rellenando los fondos con bandas policromas.

El Beato de Tábara se encuentra desde el año 1872 en el Archivo Histórico Nacional, donde fue comprado por Ramón Álvarez de la Braña a la Escuela Superior de Diplomatura. Anteriormente, Gregorio de Andrés dice que pudo encontrarse en el Monasterio de Guadalupe desde el año 1590, cuando Bartolomé Valverde aconsejó su adquisición al rey Felipe II.

Desde que el Archivo Histórico Nacional custodia este beato, han sido contadas las ocasiones en las que ha sido expuesto.

La primera fue en el año 1985 con motivo de la exposición  que sobre los beatos hizo el gobierno español cuando accedió a su entrada en la comunidad económica europea. Posteriormente, en el año 1999, Cataluña carolingia lo expuso en el Museo de Arte de Cataluña. Con motivo de las edades del hombre de 2007 celebrada en Ponferrada, también este beato fue uno de los atractivos de la exposición.

Pero sin duda, la más recordada fue en mayo de 2017 cuando el Beato de Tábara regresó al lugar en el que vio la luz. 1000 años después, el hijo pródigo regresaba a sus orígenes y fue emotiva la peregrinación de miles de personas, que, aguantando largas colas, esperaron ese momento de reencontrarse con la obra más ilustre que haya producido esta tierra.

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