• Los vecinos celebran la festividad del patrón de los animales con una jornada marcada por la tradición y la comunidad

Hoy, a las doce del mediodía, la localidad de Tábara vivió una de sus jornadas más emblemáticas del calendario: la celebración de la Santa Misa en honor a San Antonio Abad, patrón de los animales. A pesar de las gélidas temperaturas, el día estuvo bendecido por un espléndido sol, y los vecinos se congregaron en la iglesia local para rendir tributo a este santo venerado desde generaciones y generaciones.

La ceremonia estuvo cargada de simbolismo y devoción, con San Antonio Abad, el santo de los animales, presidiendo el altar adornado con rosarios elaborados con frutos de la tierra, que son imprescindibles en esta festividad. Las ofrendas, variadas y llenas de significado, incluyeron desde los tradicionales rosarios con su cruz de chorizo, gallos y dos corderos o un conejo, hasta otros elementos más curiosos que reflejan el cariño y el respeto de los tabareses hacia su patrón.

Subasta solidaria: una tradición renovada

Al finalizar la misa, las ofrendas fueron subastadas en el Edificio del Reloj, dirigidas magistralmente por Manolo, como ya es tradición, transformando la ocasión en un acto comunitario de solidaridad y alegría. La puja por los productos de la tierra fue animada y generosa, destacando la participación de los vecinos, en gran parte debido a que la festividad coincidió en sábado, lo que permitió que más visitantes se sumaran a la celebración. Los fondos recaudados en la subasta reafirmaron el carácter generoso y solidario de la comunidad tabaresa.

San Antonio Abad: un santo de humildad y milagros

La figura de San Antonio Abad, cuya vida está marcada por la humildad, el amor por los animales y los milagros, sigue viva en localidades como Tábara. Nacido en el Alto Egipto en el año 251, a los 18 años dejó sus riquezas para dedicarse a una vida de ascetismo. En el desierto, se convirtió en guía espiritual de ermitaños y, aunque no aceptó vivir en comunidad, su fama creció y atrajo a numerosos discípulos.

Una de las anécdotas más conocidas de su vida relata cómo curó a una jabalina ciega, cuya fidelidad hacia él se convirtió en un símbolo de su amor por los animales. Este hecho lo consagró como el patrón de los animales, título que continúa otorgándole una especial veneración en lugares como Tábara.

San Antonio Abad murió a los 105 años, dejando un legado de fe y solidaridad que se mantiene vigente hasta el día de hoy. En Tábara, su festividad no solo es un acto religioso, sino también una celebración de la comunidad, la tradición y el respeto por la naturaleza.

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