almeida – 18 de mayo de 2015.

Juan Carlos, ha iniciado ese camino que todos tenemos que recorrer en algún momento de nuestra vida, pero en el caso de Juan Carlos, sabe que cuando llegue a su destino, no tendrá que llamar a la puerta, el Apóstol seguro que le está esperando para mostrarle esos lugares que hay en el cielo como el hacía con los peregrinos que llegaban a Santiago por vez primera y desconocían los rincones de la ciudad.

Muy pocos saben su nombre, pero tampoco importa, solo quienes le conocían bien podían llamarle por su nombre de pila, para los demás, simplemente era Zapatones, un personaje peculiar con domicilio casi permanente en la plaza del Obradoiro y fotografiado seguramente tantas veces como la obra del maestro Mateo.

Ese era Juan Carlos Lema, alguien que no tuvo una vida fácil y en el último Xacobeo del siglo XX se enfundo una esclavina y se atavió como los peregrinos medievales y paseo por el Obradoiro ante la mirada de curiosos y turistas y de esta forma era un hombre feliz, viviendo de lo que algunos le daban por dejarse fotografiar y de vez en cuando haciendo de improvisado guía para los turistas a los que le mostraba los templos que hay en la parte vieja compostelana, los del arte y los de la gastronomía, sobre todo algunas de las tascas más frecuentadas por los peregrinos.

El año pasado ya no volvió a ser el mismo y el Obradoiro se quedó sin su huésped más carismático. Un accidente le causo unos daños de los que se iba recuperando lentamente aunque parece que no se llegó a recuperar del todo.

Ahora Juan Carlos se ha marchado, ha ido a ese camino que algunos peregrinos se atreven a recorrer y él estará ahí para mostrarles cuales son las flechas que debe seguir. Ahora no son las que el cura del Cebreiro pintara en su día, se deben guiar por esa vía Láctea que les lleva directamente hasta el Campo de Estrellas donde seguro que Zapatones ha encontrado ese acomodo en el que se encuentra muy a gusto.

Muchas personas hacen en su vida el Camino, pero algunos son una parte de él, son esos personajes sin los que el Camino no hubiera sido nunca lo mismo y a pesar que un día nos dejen, nunca se llegaran a ir del todo, porque la presencia de personas como Juan Carlos, estará siempre en cualquier rincón del Camino y muchos peregrinos sabrán verlo y seguir la estela que nos fue legando.

Descansa en paz Juan Carlos, en esa paz que tanto transmitías a los que exhaustos llegaban ante las torres de la catedral y al verte no podían menos de esbozar una sonrisa y casi todos querían fotografiarse contigo para tener tu recuerdo.

Ahora cuando miremos a ese cielo plagado de estrellas, algunos podremos sentirte al lado de esa gente que son el Camino, porque te imagino junto a don Elías, don José Maria y tantos y tantos preparando esa recepción para aquellos peregrinos que un día tengan que seguir tu camino.