Ángel Ferrero –28 de agosto de 2016.

Campanario de Sesnández – Foto: Javier Andrés Miranda

Empezaremos por LA CASA RECTORAL O CASA CURATO, también así llamada.

Tenemos sobre ella bastante más documentación que sobre la iglesia, como si en el orden social tuviesemás importancia, lo cual, hasta cierto punto, es explicable, ya que de su estado depende el bienestar del habitante de ella que no es otro que el señor cura, ya sea coadjutor, ya sea párroco.

El Primer libro de Fábrica que de ella tenemos data de 1900.

Si puedes leer la letra pequeña supongo que te extrañarás, lo mismo que yo, de lo que dice: «Tiene obligación el sacerdote que habite en esta casa, de aplicar o mandar aplicar tres misas rezadas por la intención de su fundador y además veinticinco pesetas como renta para la misma».

Sin ttulo 1 400Existe en el Archivo de Astorga una carpeta con unos papeles, que figuran como sin catalogar, de los cuales vamos a copiar un documento; comienza dicho documento con unos requisitos para nombrar apeadores, quiere decir los que deslindaban fincas, de lo perteneciente a la rectoría que no vamos a copiar, solamente copiaré el que tiene más interés y es como sigue:

«En el lugar de Sesnande, a 13 días del mes de diciembre de mil setecientos veintiséis años, los dichos Andrés Ferrero y Miguel Sutil, vecinos de este lugar y apeadores nombrados, después de haber jurado en la forma del derecho, por ante su merced dicho señor juez de comisión y de mí el notario, apearon, deslindaron y declararon por hacienda raíz y que toca y pertenece al curato y rectoría de este dicho lugar unas casas tejadas, que están en el casco de este dicho lugar, junto a la iglesia, que son bien notorias y lindan con calles de concejo por dos partes y con el huerto que es propio de dichas casas, que también linda con calle de concejo hacia el solsalir, que sobre ellas y su huerto según va todo deslindado tiene obligación el cura que es o fuere de este lugar de Sesnández a decir o mandar decir y cumplir tres misas rezadas, el día de santa María Magdalena de cada año, o el día siguiente por el ánima de Juan Rodríguez, fundador, quien dejó las dichas casas y su huerto con el referido cargo. Y no saben toque ni pertenencia otra hacienda alguna, ni más posesiones que la expresada casa con su huerto por razón de rectoría ni curato como así consta de una tabla escrita de letra de molde que se halla en la iglesia, colgada con una cadena, al lado del Evangelio, que para que más bien conste en este apeo declaran se inserte al pie de la letra, es como sigue:

TODOS LOS CURAS que para siempre jamás, serán en esta iglesia de santa María Magdalena de Sesnández, sepan que por las casas del curazgo, que están junto a la capilla de dicha iglesia, allende de repararlas son obligados, hacer decir un aniversario

de tres misas, el día siguiente a la fiesta de la Magdalena, porque Juan Rodríguez las hace extensivo para todos los sucesores que las quisieren aceptar, con el dicho cargo conforme a una escritura que está en el libro de la Bisitación (sic) =Y resultando como resulta de la cláusula antecedente no tener más bienes raíces dicha rectoría ni curato, pasan dichos apeadores a la declaración y determinación de los demás aniversarios que se deben cumplir en dicha iglesia, con la protesta que hacen que siempre que llegue a su noticia otra posesión por del curato la declararán y pondrán a continuación de este apeo, y declaró el dicho Andrés Ferrero ser de edad de 55 años y Miguel Sutil de 39, poco más o menos= Estando presente el dicho D. Carlos de Vécares, como tal cura de este lugar de Sesnández, dijo aceptaba y aceptó recibía y recibió las dichas casas con su huerto arriba expresado con el cargo aquí declarado y se obligaba en toda forma a cumplir con decir o mandar decir las tres misas rezadas, en la forma que expresa y manda el fundador por todos los días de su vida y fuere cura párroco de este dicho lugar. Lo firmó, con uno de dichos apeadores que supo, y yo el notario en fe de ello.»

Hasta aquí el documento que, creo, resulta interesante, aunque algo largo.

A continuación, en el mismo cuadernillo, viene otra «Fundación», ésta de ocho misas del matrimonio Domingo Fernández y Catalina de la Iglesia, por unas fincas que dejan para la iglesia. Son unas veintiséis fincas y por su ubicación no debían de ser malas.

He intentado averiguar quién fuera ese fundador, Juan Rodríguez, que dejó esas casas para rectoría y, la verdad es, que no he averiguado mucho. Veamos lo que podemos suponer.

En el archivo de matrimonios hay dos Juan que se casan, uno, Juan Rodríguez con María Andrés en 1664 y otro Juan Rodríguez con Lorenzo Vega en 1702. El primero tienen varios hijos y en 1671 hay una partida de defunción de un Juan Rodríguez, que podía ser el primero. Recuerdo una vez más que las primeras partidas nos dan pocos datos.

Del segundo matrimonio ya no tenemos más datos que los de su matrimonio, partida que copio:

JUAN RODRÍGUEZ Y LORENZA VEGA (15-5-1 702)

En 15 de mayo de dicho año de 1702, habiendo precedido las tres admoniciones que manda el santo Concilio, yo el infrascrito cura de este lugar de Sesnande casé y velé in facie Ecclesiae a Juan Rodríguez, hijo de Sebastián Rodríguez y de Antonia Blanco, difuntos, vecinos que fueron del lugar de Sto. Femia (sic), con Lorenza Vega hija de Antonio Vega y de María Sutil, difuntos, vecinos que fueron de este lugar de Sesnande, siendo testigos Juan Andrés y Domingo Ferrero y Francisco Sarda, todos vecinos de este lugar de Sesnande y por verdad lo firmo dicho día, mes y año ut supra. Pedro Fernández.

Como podemos ver él no era de Sesnández, es de suponer que fuera de Santa Eufemia, se casó con Lorenza de Vega, cuya partida de bautismo no he encontrado, sí de dos hermanas: Dominga y Colomba.

 

En nuestros archivos no hay más referencias a este matrimonio, por tanto puede ocurrir que no vivieran en Sesnández, pero ella tendría posesiones en nuestro pueblo y pudo morir ella antes que él y éste donar las casas rectorales, pues es raro que no figure ella en la fundación. Ninguno de los dos murió en Sesnández, por lo menos no consta en los archivos.

De todas formas, los padres de Lorenza tampoco murieron en Sesnández, solamente la hermana, Colomba, que murió de párvula, en 1683.

Posiblemente este Juan Rodríguez fuera el fundador de la casa rectoral. No puedo decir más sobre el particular.

Del segundo matrimonio que hemos citado más arriba, a saber, Domingo Fernández y Catalina de la Iglesia, que como hemos dicho hacen una fundación de ocho misas, para lo que dejan unas veintiséis fincas, tampoco puedo decir mucho. Diré como curiosidad que una de las fincas es un colmenar sito en la Majada del Cotico. Supongo que será el que aún existe.

En los libros parroquiales de esa época solamente aparece en 1922 la defunción de un Domingo Fernández, en la que leemos: … no hizo testamento, hízosele su entierro y oficios porque para más no tuvo, tenía herederos forzosos…Está claro que este señor no es el fundador.

De Catalina de la Iglesia no tengo ninguna referencia en los archivos. Por el apellido indica que podía ser hospiciana o hija de padre hospiciano, qué sé yo.

Continuamos con el libro de Fábrica de la casa Rectoral, en la que encontramos algunas cosas interesantes.

Recuerdo que hemos dicho que el citado libro da comienzo con la llegada de D. Jesús en 1933, pues en las cuentas del año 1934 podemos leer lo que sigue:

«Cuenta justificada que D. Jesús Cifuentes, cura encargado de Sesnández, rindo de los fondos de la casa rectoral que de nueva planta hicieron sus feligreses con prestación personal y siete mil pesetas en dinero contante en el año arriba indicado, entrando en posesión de ella el tercer domingo de septiembre del mismo año, día en que se celebra la fiesta del Carmen, honrándola (dicho día) con su presencia el M 1. Sr. Lectoral D. Tomás Blanco Lucas, canónigo de Astorga y natural de Sesnández y D. Pedro Martínez, Beneficiado de la misma catedral y Diputado a Cortes por León».

En la DATA tiene un apunte muy interesante:

«Mil pesetas para ayuda de la obra que no se hubiera hecho sin ellas por parecer al pueblo demasiado sacrificio el que se impusieron después de afrontar varias obras de no poco dinero como casas y locales de escuelas, fuente, pozos, y no muy lejanos la iglesia parroquial y cementerio. etc.etc.»

Hay otra nota curiosa: «Item cincuenta y cinco pts. de convites al pueblo para derribar la casa y demás dependencias y descombrar.»

Del año siguiente, 1935, copiaré otra nota: «Ciento ochenta y nueve pts. con ochenta céntimos, por un sagrario y su colocación en el altar mayor por resultar indecoroso el viejo como pudo comprobar el Sr. Arcipreste»

Ese sagrario puede ser uno de las que hay retirados en la actualidad en la sacristía.

En años sucesivos hay muchas cuentas de mejoras y remates de la nueva casa que, como es lógico, la moza llevaba buen vestido, pero le faltaba cuerpo. Más adelante ya son cuentas breves y ordinarias hasta que en el año 1953, D. Jesús se está despidiendo y está la nota copiada más atrás sobre la librería que dona a la parroquia. En la página siguiente a esa nota hay una hoja copiada a máquina enviada por el obispado que entre otras cosas dice: «El Sr. Obispo ha accedido que en vez de ser tres misas las que tenga de carga la casa de Sesnández sean cuatro, y una por las intenciones de D. Jesús por los beneficios hechos por él a dicha casa».

En el año 1954 llega D. Miguel y no hay nada digno de anotar hasta el 1961 en donde leemos: «Se perforó el pozo por el procedimiento a barrena alcanzando la profundidad de quince metros en el agujero de la barrena. Ello dio excelente resultado por el abundante caudal de agua detectado.»

En los años setenta hace algunas reparaciones y D. Miguel se va. A partir de aquí no voy a ver más cosas sobre la casa que habrán hecho los últimos curas que han estado. Solamente que hace unos años, por el plan que hubo para rehabilitar las viviendas creo que tuvo un buen arreglo, pero no tengo datos sobre el particular.

Casa Rectoral, te deseo un buen fin, que te lo mereces.

Pasamos a otro tema relacionado con nuestro templo.

EL CEMENTERIO.

Repasando los archivos parroquiales con los que contamos, tratando de averiguar algo sobre distintos asuntos relacionados con nuestro templo, que en este año de 2016 cumple cien años, he encontrado lo siguiente:

En el año 1833 muere Miguel Folgado y es enterrado en la ermita, a mano izquierda al entrar; hasta ese momento, todos los enterramientos han sido dentro de la iglesia.

El mismo día, mes y año, 3 de julio de 1833, es enterrado en el mismo sitio un párvulo llamado Juan Bautista Caballero Peláez.

El día 16 de julio, es decir trece días más tarde, muere María González y es enterrada «en la capilla mayor de la iglesia y sepultura contigua del lado de la epístola».

El 27 de octubre de 1834, muere Agustín Manjón Alonso, párvulo, y es enterrado en «el cementerio de este lugar junto a la pared de atrás».

En 11 de octubre de 1835, fallece Manuel del Río y es enterrado «en el interior de esta iglesia».

A partir de aquí, ya en todas las partidas dice «en el cementerio, o campo santo de esta iglesia».

Pero en al año 1840 a Catalina Suáñez le dan sepultura «en el cuerpo de la iglesia en la sepultura contigua a la tarima del altar de nuestra Señora del Rosario. En el margen de esta partida hay una nota que dice: «Hasta aquí cobró la obra pía de la redención de PP. Trinitarios de Zamora. Fray Martín Osorio. Hay dibujada una cruz de trinitarios calzados.

¿Por qué a esta señora la enterraron dentro de la iglesia cuando ya lo hacían en el cementerio de fuera de ella? Sería, pienso yo, que era una persona distinguida por su devoción y se dedicaba a recaudar para obras de redención de cautivos.

Hasta el año 1871, suelen emplear la fórmula «cementerio de esta parroquia» y a partir de ahí, emplean «en el cementerio de dicho pueblo» o con alguna ligera variante.

Esto parece indicar, según mi humilde opinión, que, por ese año 1871, empezaron a enterrar en el que llamamos cementerio viejo, el que está en el camino de Ferreruela.

Es curioso que entre toda la documentación que tenemos, sobre estos temas no aparezca en ninguno la datación de inicio y terminación de los cuatro cementerios que ha habido: primeramente dentro de la iglesia, después en el portal, más tarde en cementerio viejo y por último en el llamado nuevo.

Podemos suponer que se estuvo enterrando en dicho cementerio viejo hasta el año 1927, pues sabemos, por tradición oral y el documento que hay en el cementerio llamado nuevo en una cruz que antes de la ampliación estaba en el centro de la pared de arriba y ahora sigue allí, pero sin pared, con el nombre de Teresa del Río Román que murió el 11 de agosto de 1927 y fue la primera enterrada en dicho cementerio. Era bisabuela mía.

Quiero destacar en este cementerio tres sepulturas: la primera la de D. Bartolomé Cifuentes Fernández, cura que fue de Sesnández desde el año 1903 hasta el 1933, es decir, estuvo 30 años. Dicha sepultura destacaba por tener cruz y lápida, que aún se pueden ver.

Había otra lápida con su cruz en la que estaba enterrado Domingo Ratón, que murió en la guerra, en el frente del Ebro y su viuda Matilde Ratón trasladó sus restos a Sesnández el año 1944. De ahí se llevaron algunos al Valle de los caídos y otros quedaron ahí; lo escribe quien fue testigo de ello. Por cierto que hace unos años en algún periódico apareció esta persona como represaliada. En nuestra revista «El Cañico» ya salió una nota sobre este particular.

Y la última, ésta no tenía ni cruz ni lápida, correspondía a una gitana que murió, junto con una nieta, en la gran nevada del año 1956, me parece que fue ese año; nunca faltaban por los Santos, flores en su sepultura, si no eran los familiares, eran los vecinos. Creo que hace unos años, su familia se llevó los restos.

Con esto vamos a pasar al llamado por mí, tercer fleco, esto es:

LAS ERMITAS.

Voy a comenzar este asunto con una pregunta: ¿Hubo alguna vez en Sesnández dos ermitas?

La verdad es que la respuesta no es nada fácil. Que hubo una sí, lo puedo decir sin más pero ¿y la otra?

La que sabemos positivamente que existió, pues hasta hay personas que se acuerdan de ella, estaba dedicada al Cristo de la Vera Cruz y estaba situada, como ya he escrito en alguna otra parte en el lugar que hoy está el bar y hemos llamado casa de la Cultura y otras denominaciones.

Anteriormente se llamó Casa de la Maestra, porque, efectivamente fue casa de maestras.

¿Cuándo dejó de ser ermita y pasó a casa de maestra? Aunque no he encontrado ningún dato escrito sobre el particular he llegado a deducir que ese cambio fue debido a una jugada de nuestra república, que quiso cambiar religión por cultura. Como si ambas cosas fueran incompatibles. No habría en todo el pueblo un solar para hacer la tal casa sin derribar nada.

Aunque ya suponía lo que acabo de escribir, pregunté a una de las personas más ancianas del pueblo, Julio Ratón, si recordaba cuándo había ocurrido el cambio, en principio no supo, pero un día me dijo que le parecía que cuando la caída de Alfonso XIII.

Lo más probable es que el trueque de ermita por casa de maestra ocurriera el año 1934. Copio lo que más arriba pusimos de las cuentas parroquiales de 1934:

«Mil pesetas para ayuda de la obra que no se hubiera hecho sin ellas por parecer al pueblo demasiado sacrificio el que se impusieron después de afrontar varias obras de no poco dinero como casas y locales de escuelas…

Los que recuerdan la ermita dicen que tenía una praderita delante y que allí iban comer sus tortillas, creo, el día de S. Miguel.

En dicha ermita había, en primer lugar la imagen del Cristo que ahora está en la iglesia y que adoramos el día de Viernes Santo. Cuando estaba en la ermita, tenía una lámpara que, copiaré la ordenanza séptima del reglamento de la Cofradía de la Vera Cruz: «Se ordena y manda que el mayordomo cuide de alumbrar con lámpara de aceite al santo Cristo en su ermita los sábados y fiestas del año pena de tres cuartos de aceite si el cura la hallare apagada.»

Dicha lámpara, quiero recordar que estaba en uso en la iglesia antes de su última restauración. También estaba en la ermita, según dicen los de más edad, la campana pequeña que está más alta en nuestra espadaña.

En fin, nos queda en recuerdo suyo el topónimo: Monte de la Ermita, que así se llaman los terrenos próximos a ella.

Pasamos ahora a la otra posible ermita. Tenemos un topónimo que es: La Cruz de los Mártires. En el anterior topónimo está claro pues es de la ermita, en esta supuesta, no dice ermita si no Cruz. El caso es que según hemos heredado por tradición oral existió esa ermita, pero nadie la recuerda. Nos dicen incluso el sitio donde estuvo y, efectivamente, aún puede verse el terreno donde dicen, como con señales de haber estado algo edificado, pero nada sabemos ni nada hemos encontrado escrito sobre el particular.

Lo normal es que en el libro de la cofradía de los Mártires hiciera alguna alusión a dicha ermita, pero no hay nada, por eso nos hace dudar de su existencia.