SAF – Tábara, 7 noviembre 2013

Blanca Fraile y José Mª. Lebrero de CyLTV,  estuvieron ayer todo el día grabando para el programa “Mis Ilustres Paisanos”,  serie que comenzará a emitirse en enero próximo y tendrá 45 minutos de duración, emitiendo tres personajes ilustres por programa a 15 minutos de duración cada uno.

El programa pretende presentar a los personajes ilustres desde un prisma humano y con un tratamiento popular de forma que los vecinos cuenten los recuerdos que directa o indirectamente han vivido o escuchado de sus mayores.

León Felipe, Tabarés de nacimiento, ha sido el personaje ilustre motivo de este programa.

Aunque el propio León Felipe dijera: «Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino», podemos intentar hacer un breve resumen de su interesante vida.

Nace en 1884 en Tábara, (Zamora), hijo de un notario. Su verdadero nombre era Felipe Camino Galicia de la Rosa. Pertenecía a una burguesía acomodada. Estudió farmacia (llegó a tener una botica propia) pero renunció muy pronto a esa vida que él consideraba monótona y en cierto sentido privilegiada, para ejercer su libertad embarcándose en aventuras que le acercaran a sus semejantes.

En su juventud viaja por España como actor de una compañía ambulante, más tarde pasa tres años en la cárcel, acusado de haber realizado un desfalco. Con su primer amor, una chica peruana llamada Irene Lambarri que conoció en Valmaseda (Vizcaya), sienta un poco la cabeza y se radica con ella en Barcelona, pero al poco tiempo se separan y León Felipe decide ir a la capital de España, probablemente ya con la idea de dedicarse a la poesía. En Madrid vive una vida bohemia, prostibularia y miserable que le lleva incluso a pasar algunas noches en las antiguas pensiones donde se permite dormir a los menesterosos sentados en un banco y apoyando la cabeza en una soga que sueltan a primera hora de la mañana:

He dormido en el estiércol de las cuadras, en los bancos municipales, he recostado mi cabeza en la soga de los mendigos y me ha dado limosna -Dios se lo pague- una prostituta callejera…

Entre sus primeras obras, allá por el año 1920, escribe “Versos y oraciones del Caminante” que anuncia su voz personal, totalmente alejada de las tendencias poéticas del momento; a continuación, y siguiendo su espíritu caminante, se trasladará a Guinea Ecuatorial, donde trabajaría como administrador de hospitales. Al poco tiempo regresaría a España de nuevo y por poco tiempo ya que enseguida se embarcaría rumbo a América.

Hacia el año 1922 viajaría a México y gracias a una carta de recomendación de Alfonso Reyes, se introduciría en el ambiente intelectual mexicano, trabajando en distintos oficios, bibliotecario en Veracruz o profesor de literatura española en distintas universidades latinoamericanas.

Volvió a casarse con la profesora Berta Gamboa y se irían a vivir a Estados Unidos donde seguiría estudiando en la universidad de Columbia para más tarde seguir dando clase en distintas universidades. Aquí publicaría hacia el año 1929, su segundo libro de “Versos y Oraciones del Caminante” y entre otras cosas, traduciría a Waldo Frank y W. Whitman, quien le influenciaría en sus obras literarias posteriores, como “El payaso de las bofetadas” (1938), “Pescador de caña” (1938), “El hacha” (1939), “Español del éxodo y del llanto” (1939), “Ganarás la luz” (1943), “España e Hispanidad” (1947), “Llamadme publicano” (1950), “El ciervo” (1954), “¡Oh este viejo y solo violín!” (1968).

Cuando en 1936 estalla la Guerra Civil en España, él se encontraba en Panamá y al regresar ese mismo año a España, escribiría  su “Good By Panamá”, y ya aquí en su patria, escribiría varias obras, entre ellas “La Insignia” este mismo año,  que leería en varios recitales, un canto a la lucha y a la unidad de los grupos republicanos. Esto, entre otras cosas le lleva al exilio a México donde ejercería de agregado cultural de la embajada de la república española en el exilio, que por entonces era la única reconocida por el gobierno mexicano.

La obra de León Felipe es un fiel reflejo de agitada vida y su propio estado de ánimo, sus convicciones más arraigadas y su compromiso social. Deja muy claro su rechazo a la dictadura y su repudio de la pobreza y a la marginación.

Su estilo que refleja una gran austeridad, deja fiel testimonio de su denuncia, de su rebeldía, de su amargura y a veces no encuentra otra forma de expresión que no sea la blasfemia y se define a sí mismo como “poeta prometeico”

León Felipe murió el 18 de septiembre de 1968, en México, país que lo recibió con los brazos abiertos.

A ciento treinta años de su nacimiento y cuarenta y cinco de su muerte, hora es de que la España a la que tanto amó y por la que tanto sufrió; la España a la que dedicó su voz parda, rota, agria, irritante, ofrezca un homenaje de reconocimiento al poeta León Felipe y promueva su obra entre una generación que, al igual que el poeta, “grita, llora, blasfema…, machacada por nuevas formas de opresión, pero que no es capaz ni de cantar ni de orar porque le faltan argumentos para hacerlo…”