Estamos consiguiendo que cada vez el mundo se vaya haciendo un poco más pequeño y lo que se llegó a denominar globalización, nos ha conducido a una dependencia que en ocasiones puede llegar a resultar un tanto preocupante.

            Solo buscamos ese consumo desenfrenado y en cada momento, deseamos tener los productos que antes únicamente se podían adquirir y consumir cuando llegaba la temporada y ahora en cambio, es posible encontrar cerezas en febrero o disponer de cualquier otro producto cuando lo deseamos y ese afán de consumo está consiguiendo hasta que cambien los procesos de producción.

            Si los espárragos de Navarra destacaban por su calidad, no importaba, se producían en Chile o en China, se transformaban y conservaban en cualquier parte del mundo y en una pequeña oficina que había en Navarra, para obtener el sello final antes de que el producto se comercializara se le ponía y listos.

            No había nada irregular, porque en la etiqueta si disponías de una lupa con las suficientes ampliaciones, podías leer en letra minúscula, que se habían producido en cualquier parte del mundo y en letras grandes ponía Navarra, pero mientras tanto, el labrador que cultivaba los espárragos en esos fértiles terrenos, dejaba de ser competitivo y acababa por dejar la producción, porque debía superar demasiadas trabas y normativas que no le dejaban ser competitivo.

            Y así ha ido pasando con todos los productos de primera necesidad, que nos van llegando de cualquier parte de la tierra y hemos ido perdiendo la producción propia porque resultaba más barata esa miel que vete a saber de dónde venía y los productos químicos que llevaba, en lugar de la de nuestros apicultores que siguen unas normas sanitarias que no les permiten ser competitivos.

            Ese afán consumista que todos sentimos, nos hace ir buscando la cantidad, obviando casi siempre la calidad y sin darnos cuenta, los productores y fabricantes han ido desapareciendo de nuestro tejido laboral y empresarial, pero no importa que para eso contamos con una producción y distribución globalizada, en la que siempre vamos a contar con lo que vayamos a necesitar en cualquier momento.

            Debe ser algo general, que hemos podido ver recientemente cuando varios países de nuestro entorno, necesitaban todos los elementos necesarios para la protección en la defensa del virus que ha inundado nuestra vida y cuando nos dimos cuenta de la precariedad que teníamos en estos productos que son básicos, todos hemos mirado hacia China, que es quien tiene el control de la mayor parte de la producción del mundo.

            Y ese oligopolio que hemos regalado al país asiático, no solo ha permitido que se frote las manos, también ha puesto sus condiciones, porque ya sabemos lo que ocurre cuando la demanda se desata, la oferta se pone en términos que llegan a ser escandalosos, algunos dirían que indecentes.

            Y todos a pasar por el aro, porque hemos ido desmantelando la producción que antes había a favor de un comercio de conveniencia, que cuando llegan las vacas flacas, deja de ser un aliado para convertirse en enemigo.

            Es de esperar que los que tengan que tomar nota, aprendan la lección y hagan un examen de conciencia, reestructurando el libre mercado ciñéndolo un poco más, a las necesidades imprescindibles, que podemos llegar a tener para no sufrir una crisis, que nos haga ser cada día un poco más dependientes de aquellos, que al final acaben asfixiándonos.