Esther Cid Romero – 27 de diciembre de 2017.

Acudo temprano al trabajo, como cada mañana. La acidez del zumo de naranja que me espera al llegar,  me despertará algo  más que el café requemado que apenas pruebo. El tiempo está revuelto. Dicen que un frente cruzará la península entre hoy y mañana.

                Esta semana me toca montaje. Y como era de esperar uno de los temas a tratar en el programa es la previsión. Avisos, alertas, temporal en la costa…

                Comienza  a amanecer. El tibio sol apenas rompe las nubes que cubren el cielo en estas primeras horas. Durante la noche llovió, pero no sé cuánto.

                Selecciono los envíos de Galicia.  La flota amarrada a puerto. Los barcos parecen saltimbanquis descontrolados en una danza loca, paraguas destrozados, personas avanzando a duras penas mientras se agarran a todo lo que encuentran… Desde la  tranquila redacción, la fuerza de la naturaleza no parece tan peligrosa. Incluso resulta hermosa.

                La Playa de la Concha y su paseo, cerrados. Los deportistas, paseantes y curiosos tienen que tomar la foto desde lejos. Llegan noticias de toda la Cornisa Cantábrica. Ya está en alerta roja.

                Las siguientes imágenes con las que tengo que trabajar son las de Bilbao. Un golpe seco me sobresalta. La persiana a medio bajar de la ventana que tengo a la izquierda choca con fuerza contra el cristal.  Levanto un segundo la vista.  Hay un viento del demonio. Las ramas de los árboles desnudos se agitan furiosas de un lado a otro, casi tocan el suelo en cada vaivén. Dan la impresión de querer llamar mi atención. Si no estuvieran anclados al suelo, creo que hubieran venido corriendo hasta mi sitio y contarme algún secreto.

                Continúo trabajando. Las fuertes rachas se cuelan por los resquicios invisibles del edificio generando silbidos intermitentes y cada vez más profundos. Me asomo de nuevo. Los árboles siguen llamándome, ahora incluso me hablan.

                “Tonterías” pienso.  “Cualquier mosca que pasa te distrae”

                Ajena a todo, reanudo mi tarea. La mano en el ratón y los ojos en la pantalla. Una horita del tirón sin menearme. Repaso los encargos. ¡Todo terminado!

                Parece que el viento ha cesado un poco. Me reclino sobre la silla y estiro los brazos. Haciendo los ejercicios recomendados para descansar la vista, intento enfocar al frente.

          ¿Qué es aquello? –Pregunto a mis compañeros señalando la pared

          ¿Qué?

          Ese reflejo tan extraño.

          Pues no sé, contesta Ana

          Apenas hay sol. La figura es ondulante como de agua o gas… ¿Qué lo estará produciendo?

                Me acerco para verlo mejor. Sobre el gotelé algo amarillento tintinea una forma alargada que palpita siguiendo algún ritmo desconocido. Estoy frente a ella. Doy un paso más. Entonces noto un calor reconfortante, parte del reflejo descansa ahora sobre mi cara. Sonrío.

                Me ha gustado tanto que decido grabarla, y claro, inmediatamente la cuelgo en las redes sociales

                Al rato recibo una noticia tristísima, desgarradora. Acudo a casa corriendo a contársela a Mery. Cuando estoy abriendo la puerta, la campanita de aviso de instagram hace vibrar mi móvil. Tu nieta Marta ha dado “me gusta” a la peculiar silueta.

                 En ese momento todo queda claro. Todas las horas coinciden. No era el temporal el que azotaba el mar, sino tu espíritu embravecido, que libre ya del cuerpo mortal, se agita inquieto por no tener muy claro a dónde debe ir. No era lluvia lo que caía del cielo, sino tus lágrimas, derramadas por aquellos a los que dejas aquí. No era el viento el que movía los árboles y hacia silbar las ventanas, sino tu último suspiro despidiéndote de nosotros. No era un extraño reflejo, sino la luz blanquísima de tu alma, que venía a darme el achuchón prometido por teléfono, hace apenas dos días.  No señores, no es Bruno el que hoy ha cruzado España, sino Manolo diciéndonos hasta siempre.

                                                                              Y siempre seremos tus amigas.

                                                                              DEP

                                                                              Un beso enorme todos. Os queremos.

                                                                              Mery, Isamari y Esther

                                                                              Miércoles 27 de diciembre de 2017