almeida – 24 de abril de 2014

Una de las sensaciones que convierten a este Camino en único, es el hecho que los peregrinos difícilmente cada jornada se pueden acostumbrar a todas las sorpresas que la ruta les depara.

Resulta a veces complicado en la era de las nuevas tecnologías, no sentirse atraído por la sobre información que disponemos solo con hacer una pequeña búsqueda a través de Internet, sobre todo si vamos a afrontar un largo y desconocido camino en el que la información parece ofrecernos una seguridad que al final nos damos cuenta que no es tal.

Frecuentemente, vemos a los peregrinos cargados de información (guías específicas del Camino que están recorriendo, notas que han ido tomando mientras lo planificaban y en ocasiones hasta su propia guía confeccionada con la información de todo lo que han obtenido a través de Internet)

Toda esta información, resta al Camino esa sensación de sorpresa de quien observa algo por primera vez, antes de verlo ya ha leído mucho sobre ello y se va imaginando lo que otros han visto. Generalmente es la visión de quien tuvo la primera sensación cuando lo vio y luego lo cuenta, por lo que el peregrino va mezclando sus sensaciones con las de quien le ha informado de lo que la jornada le va a deparar y de esa forma se mata la sorpresa.

El Camino, va poniendo a nuestra disposición cada jornada la información que necesitamos, que a veces, también resulta excesiva y lo único que consiga es desvirtuar lo que va a deparar a cada peregrino.

Creo que lo mejor es dejar en casa toda esta información y caminar siempre con la mente abierta, dejar que cada cosa nueva, la observemos como el Camino nos la va mostrando y seguro, que de esa forma las recordaremos siempre como esas sensaciones especiales que estaban predestinadas para nosotros.

El colmo de la sobre información es la de aquellos peregrinos que llevan encima las nuevas tecnologías y se dejan guiar por ellas. Los sofisticados teléfonos móviles de última generación, disponen de aplicaciones en las que en todo momento, no solo te van diciendo donde te encuentras, también programas la etapa que vas a recorrer y antes de dar un nuevo paso, el teléfono te va indicando si el paso que tienes que dar es a la derecha o a la izquierda.

Esta sofisticación, llega a producir situaciones que en ocasiones pueden resultar hasta cómicas y dependiendo quien te las cuenta, hasta disparatadas.

Llegaron al albergue de Tábara dos peregrinos que venían recorriendo juntos parte del Camino. Uno era uno de esos peregrinos añejos, que le gusta caminar despacio y saboreando todo lo que el Camino va poniendo a su paso y el otro era más moderno, no solo por la indumentaria que llevaba, también por los accesorios que fue sacando de los bolsillos y de la riñonera y fue poniendo sobre la mesa para pacientemente ir cargando las baterías de cada uno. Porque si uno de ellos le fallaba, alteraría sustancialmente el Camino que estaba recorriendo.

Cuando me quedé a solas con el peregrino tradicional, me confesó que su compañero de Camino, era una persona estupenda, pero las nuevas tecnologías le estaban superando y a veces hasta desvirtuaban el camino que estaba recorriendo.

Me comentó un suceso que les había ocurrido esa jornada. Él iba caminando por delante y unas docenas de metros por detrás lo hacía el peregrino de las nuevas tecnologías que iba gritando al primero por donde debía seguir cuando se encontraban con algún cruce (derecha, izquierda o de frente).

Con motivo de las obras de la nueva línea de alta velocidad, el Camino de repente se veía cercenado por las obras y un talud de tres metros le impedía seguir avanzando por lo que se detuvo, mientras escuchaba a quine venia por detrás que le gritaba:

-Sigue adelante que el GPS no falla nunca y dice que debemos avanzar de frente.

El peregrino añejo esperó la llegada de su compañero que no comprendía como el GPS le había fallado y por donde le indicaba, no se podía avanzar, por lo que debieron echar mano del sentido común que es lo que nunca falla en el camino.