almeida – 19 de septiembre de 2014.

Puntualmente, fiel a su cita, vamos a poder contemplar uno de esos fenómenos de la naturaleza que se producen en muy contadas ocasiones.

 

El sol, siempre ha estado considerado como una fuente de vida y hasta se le ha llegado a divinizar, como antiguamente ocurría en el Egipto de la época gloriosa del imperio medio donde fue motivo de un culto especial por parte del rey Amenofis IV (Akenatón) que relegó a todas las deidades egipcias para entregarse por completo al culto a Atón que creó una gran inestabilidad en el imperio y llegó incluso a costarle el trono.

Tres dinastías posteriores, el gran Ramsés II también vio en el sol esa deidad a la que dio gran importancia como nos legó en su colosal obra de Abu Simbel, en la que los rayos penetran hasta el ara sagrado en el que se encuentran las imágenes del rey y las tres divinidades más importantes en ese momento en el imperio iluminándolas con sus rayos.

Estas técnicas de construcción tan antiguas de los arquitectos astrónomos fueron a lo largo de la historia reproducidas y son numerosos los ejemplos que nos podemos encontrar en diferentes lugares del mundo en donde al sol se le ha dado una especial relevancia (Stonhenge, templos precolombinos, etc.)

Las construcciones que se fueron erigiendo en el Camino de Santiago bebieron en estas fuentes para inspirarse en la construcción de numerosos templos que se levantaron a lo largo de los Caminos que conducían a los peregrinos a Compostela.

Una de las vías de peregrinación más importantes fue el Camino Sanabrés al que también se le llegó a llamar el Camino o la ruta de los Monasterios, en donde los peregrinos encontraban esa hospitalidad que buscaban al finalizar cada jornada.

Desde que comenzaban en el Monasterio de Moreruela, una de las construcciones mas relevantes del Cister, pasando por el Monasterio de San Salvador de Tábara, cuna de los beatos en donde se crearon algunos de los códices mas relevantes de su época, el Monasterio ya desaparecido dedicado a Santa Marta de Tera, San Miguel de Camarzana de Tera o San Martín de Castañeda, fueron esos hitos que los antiguos peregrinos buscaban con fervor durante su peregrinación.

De todas las construcciones que los maestros canteros levantaron en los diferentes Caminos en los que emplearon estas técnicas de construcción, únicamente se conservan en la actualidad dos templos en los que el “milagro de la luz” puede contemplarse en la actualidad, uno se encuentra en el Camino Francés, en San Juan de Ortega y el otro está en la Iglesia de Santa Marta de Tera en el Camino Sanabrés.

La iglesia de Santa Marta de Tera, tiene sus orígenes en un Monasterio del siglo X en donde se veneraban las reliquias de esta Santa mártir astorgana.

La iglesia fue comenzada a construirse ya avanzado el siglo XI y es uno de los más importantes exponentes del románico que podemos contemplar en la actualidad porque conserva como pocas, la traza original en la que fue levantada.

Se emplearon en su construcción bloques de pizarra grisácea y los capiteles están labrados en piedra de caliza arenisca y se cree que los maestros que trabajaron en su construcción son de la misma escuela que los que erigieron San Isidoro de León por algunas coincidencias que hay en su construcción y detalles.

La iglesia es de planta de cruz latina, con ábside y cabecera de planta y se encuentra orientada de Este a Oeste con un ligero desvío.

Durante muchos años, uno de los atractivos de este templo pasó inadvertido para quienes lo visitaban, hasta que casualmente don Julián Acedo, párroco de la iglesia lo descubrió en el año 1.996. Fue observando como determinados días la luz que penetraba por el óculo situado en el altar mayor orientado al Este hacia la salida del sol, en los equinoccios iba iluminando parcialmente uno de los capiteles hasta que coincidiendo con el equinoccio de primavera y el de otoño lo iluminaba completamente.

Este fenómeno fue observado con detenimiento hasta que se comprobó que no era fruto de la casualidad sino del conocimiento de los maestros constructores que con un gran conocimiento astrológicos orientaron la construcción del templo para que ocurriera dos veces al año; el 21 de Marzo y el 22 de Septiembre.

El capitel iluminado se encuentra en el testero del templo a una altura de 3,30  metros sobre la base y a una distancia del óculo por el que penetra la luz de 6,70  metros.

La figura representada en el capitel es una imagen desnuda y asexuada que se encuentra en el interior de una mandorla y a ambos lados hay dos ángeles. Se cree que representa el alma de la titular al templo en el momento que ésta sube a los cielos.

También se pueden ver dos pies llagados que algunos identifican con la resurrección de Cristo.

Los peregrinos que se encuentran recorriendo el Camino Sanabrés y aquellos que sientan curiosidad por ver este fenómeno, podrán contemplarlo entre los días 20 y 24 de Septiembre y será el día 22, si la climatología lo permite cuando se podrá ver en su plenitud.

Para que aquellos que visiten estos días esta hermosa iglesia bien como peregrinos o porque se encuentren cerca de Santa Marta de Tera, entre los días 20 y 24, Celestina Panizo, encargada de compartir a diario su amplio conocimiento sobre este lugar tan emblemático, abrirá la iglesia a las 9,30 de la mañana para que los visitantes vayan cogiendo su sitio en el interior del templo para contemplar este fenómeno que se producirá unos minutos antes de las diez de la mañana.

Invitamos a los peregrinos que están haciendo su camino para que hagan un alto en Santa Marta de Tera y contemplen lo que los maestros canteros crearon con gran maestría para que generaciones posteriores podamos deleitarnos con este fenómeno.