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EL TOCADISCOS – MÁS QUE UNA RELIQUIA

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Inventos Alemanes II

Tras el impacto de mi primera crónica, titulada Jose Mateos, verdadero protagonista de la pesadilla alemana de ‘Perdiendo el norte’, y de su segunda narración, Cae el mito del “¡Vente a Alemania, Pepe!”, yo como emigrante español comparto, de nuevo, para mis lectores, una nueva reflexión acerca de la vida de los españoles que en la última crisis económica, decidimos venir a vivir y trabajar a tierras germanas, movidos por una falsa promesa de prosperidad.

En esta ocasión, yo como padre de familia emigrado a Alemania para huir de los desahucios y la falta de trabajo os traigo un nuevo invento alemán.

EL TOCADISCOS – MÁS QUE UNA RELIQUIA

La juventud de hoy difícilmente los conoce: los cincuentones los extraña. Con la invención del tocadiscos en 1887, Emil Berliner llevó la música a las salas de estar durante más de 100 años.
Aunque Berliner no sea tan conocido como Thomas Edison, sus invenciones tales como el micrófono son igual de significativas.

Un modelo de gramófono; trabajó intensamente, con sus propios fondos, para difundir medidas de higiene para prevenir la mortalidad infantil; escribió y publicó libros sobre este tema y colaboró en comités políticos. Incluso tenía el aspecto –atractivo pero sobre todo respetable- propio del actor que podría protagonizar su vida.

Pero Berliner fue, antes que todo, un hombre de su tiempo. Nacido en Alemania en 1851 emigró a los Estados Unidos en 1870 y como millones de hombres y mujeres trabajó para sobrevivir, completar su educación y acceder a una vida mejor. Fue parte de la época de las invenciones en la Norteamérica de principios del Siglo XX, fue contratado por la compañía de Alexander Graham Bell, como parte de la adquisición de la patente del transmisor recién inventado por Berliner. Su vida también incluyó los sufrimientos del momento: su hija murió a edad temprana, víctima de la contaminación en la leche, lo que convirtió a Berliner en un activista de la higiene y la educación para madres y niños.

Una de sus decisiones controversiales, pero lógicas dentro de ese margen de tiempo, fue su activa participación en comités sionistas para “establecer un hogar judío dentro de Palestina”.

La invención que le dio fama a Berliner –el gramófono y los discos para reproducción de sonidos- fue un proceso largo de prueba y error. Primero decidió trabajar con el método de grabar las vibraciones de la voz desarrollado por Leon Scott en 1850 para terapia del lenguaje. Se hacía una gráfica de la voz a través de la vibración de un diafragma conectado a una pequeña brocha. Hasta ese momento, más de 50 años después a nadie se le había ocurrido hacer lo opuesto: reproducir la voz o los sonidos usando estas “gráficas”. Berliner trabajó con varias substancias en donde se pudiera dibujar o hacer relieves diminutos con estas gráficas, después de años de pruebas logró buenos resultados con un disco de zinc, barnizado después de la grabación. Este disco podía insertarse en una mesa giratoria y el sonido se reproducía usando una pluma metálica. Los discos se hicieron de varios materiales incluyendo hule y cerámica.