Manu Mediaoreja – 6 de agosto de 2014

Capítulo séptimo. Desentrañando el Cartel de las Fiestas Tábara 2014.

Tras el repaso por los personajes históricos en el Cartel de Fiestas de

este año, toca ahora hacer un sentido homenaje a sus tradiciones, objetivo éste y no otro y que me animara un año más a participar en el concurso de carteles, ya desde el momento de su concepción: homenajear, ensalzar y promocionar la Villa de Tábara; a su historia a través de sus personajes emblemáticos; así como a sus gentes a través de sus tradiciones.

 

Empezando por las más jóvenes y de nueva creación…

«Carrera de calzoncillos»

| declarada de interés público |

<y si no lo está aún, ya es hora de estarlo>

Organizada desde hace ya una década, la ya famosa Carrera de Calzoncillos de las fiestas es una actividad lúdico/deportiva al más puro estilo de un «pentatlon» en la que los corredores deben pasar pruebas y carreras ataviados únicamente con sus calzoncillos, donde cobra relevante importancia la creatividad y humor de los participantes en la elección de esta prenda reglamentaria.

Basta buscar un poco por internet para encontrar algún video de anteriores ediciones que muchos pagarán por borrar cualquier vestigio o huella de ellos, el día que sean fichados por un club de fútbol importante, o en la entrevista y prueba de selección para entrar en las filas de Google Inc. o el día que decidan hacer carrera en la política.

Una actividad, incluida en el programa de fiestas, que cada año gana en participación y cuyo objetivo es pasar un buen rato tanto participantes como el público congregado.

Una carrera en calzoncillos, iniciativa de la Peña Koma Etílico, que ha entrado ya en la lista de las tradiciones de un pueblo, acto festivo más que oficial y más que merecido.

Recuerdo bien aquel primer año, que se convocaría como algo fuera de programa a horas tan tempranas que la villa y vecinos ya dormían desde hacía rato, salvo aquellos más juerguistas que parecía quisieran estirar al máximo esos días de fiesta en el pueblo a sabiendas que habrían de pasar otros 365 días hasta volver a vivir las del año siguiente. Creo recordar, esa primera carrera, habérmela encontrado con los primeros albores del día, bien de camino ya de casa, bien dirección a alguna Peña abierta y oculta en el entramado de calles, laberinto cual camino jacobeo algo más mundano, y que va «de peña en peña y tiro porque me toca»; o bien rumbo al sempiterno Pub de la Riguerina.

Ya llovió desde esa primera convocatoria, llovió para todos, y al igual que la iniciativa de unos jóvenes con mucho humor, tomó cuerpo para convertirse en una actividad ya consolidada y madura, otros peinamos canas y dormimos ya mientras, con los primeros cantos del gallo y los primeros claros de la aurora, unos jóvenes fiesteros se plantan sus gayumbos de diseño, cual héroes de Marvel Worldwide, Inc., para mantener viva una tradición que no debiera ya perderse.