Ha sido necesario tan solo la caída de un rayo, en un caluroso día de verano, para que toda una importante parte de Zamora, se haya sentido convulsionada una vez más y por primera vez en muchos años, haya sido necesario evacuar a una buena parte de la población, con el fin de evitar males mayores.

El domingo día 17, hacia las 6:00 de la tarde, el cielo amenazaba con una de esas temidas tormentas de verano, en las que el aparato eléctrico se manifiesta de una forma preocupante, porque las escasas nubes que se divisaban en el cielo, ofrecían un aspecto blanco y transparente sin una gota de humedad en su interior.

La caída de un rayo cayó en el término de Losacio, un pequeño pueblo de las estribaciones de la Sierra de la Culebra, de inmediato prendió en las ramas resecadas por el excesivo calor que durante los últimos días ha estado haciendo. Enseguida, una fina cortina de humo fue ascendiendo hasta el cielo y alertó a los vecinos, los cuales se personaron inmediatamente en el lugar en el que el rayo había caído y comprobaron que se había producido un pequeño incendio, por lo que alertaron a las autoridades competentes en la materia, para extinguirlo lo más rápidamente posible.

En una época como la que estamos padeciendo, con unas temperaturas que exceden la media de los últimos años, incomprensiblemente no había disponible ninguna unidad que acudiera a sofocar lo que en principio parecía un pequeño incendio. Las pocas dotaciones que existen en la provincia, se habían desplazado a otros puntos en los que resultaban necesarias, sin prever que en esta zona, ya devastada por un incendio ocurrido un mes antes, pudiera de nuevo reproducirse un nuevo incendio.

Resulta algo inadmisible, no haber previsto lo que todos estaban vaticinando y aquellos que tienen la obligación de nuestra protección, debían estar en esos momentos a otras cosas, porque fueron pasando las horas y cuando se quiso actuar, ya era demasiado tarde.

El pequeño fuego encontró en la superficie de la tierra arbustos, cosechas aptas para la recolección y otra serie de ingredientes, que actuaron como la gasolina y fueron extendiendo de inmediato aquel pequeño fuego, que favorecido por el aire que se desató sobre las 7:00 de la tarde, fue como si se estuviera prendiendo un inmenso barril de pólvora, porque las estribaciones de la Sierra de la Culebra, con abundante vegetación, prendieron inmediatamente y el fuego, se fue extendiendo por las localidades vecinas (Ferreruela, Riofrío, San Martín de Tábara) y como era previsible, la falda oeste de las estribaciones de la Sierra de la Culebra, comenzaron a arder con una virulencia que la mayoría nunca había presenciado en su larga vida.

Iban transcurriendo las horas sin que ningún medio contra incendios hubiera actuado de forma eficaz y la visión del Alto de Carmona desde Tábara, resultaba angustiosamente preocupante, porque el frente de fuego había ido extendiéndose por toda la cresta de este alto.

Los vecinos de Tábara, fueron observando desde el exterior del pueblo a la altura del silo, como toda la cresta del Alto de Carmona era una inmensa columna de fuego y de humo de varios metros de altura y la preocupación, comenzaba a hacerse presente en los rostros de quienes ibas encontrándote contemplando aquel infierno.

Se creyó conveniente, con el fin de evitar males mayores, la evacuación de los pueblos en los que el fuego había actuado de una forma incontrolable y hacia las 12:00 de la noche, también los vecinos de Tábara recibieron la orden de ser evacuados y abandonar el pueblo.

Algunos, con sus vehículos, fueron abandonando el pueblo buscando cobijo en casas de amigos y familiares y la mayor parte de la población, fueron abandonando Tábara en autobuses, dispuestos para este fin con destino a Zamora.

Al final han sido más de una treintena de pueblos los que han tenido que ser evacuados de las comarcas de Aliste, Tábara y los Valles, porque el viento fue llevando el fuego a la vecina Ferreras de Abajo, quemando todo lo que se había salvado en el incendio anterior y a través de Litos, tomó la dirección hacia Pueblica de Valverde, arrasando todo cuando se encontraba a su paso y los vecinos de estos pueblos, debieron también ser evacuados.

Inicialmente, los vecinos de Tábara, fueron destinados al polideportivo de Ángel Nieto Zamora, aunque finalmente fueron reubicados en el recinto ferial de IFEZA, que reunía las condiciones para las necesidades de toda la gente que se esperaba tener que acoger.

Comparar el incendio que sufrimos hace un mes, que se consideró el más importante que había ocurrido en el último siglo, con el que estamos padeciendo en estos momentos, resulta imposible, porque todavía desconocemos el alcance que este pueda llegar a tener, pero los daños personales que ha provocado, son irremediablemente más significativos, ya que este segundo incendio, se ha llevado por delante la vida de dos personas, un agente contra incendios que se vio rodeado con todo su equipo por el fuego y un pastor que trató de poner a buen recaudo su rebaño. Un desaparecido. También las imágenes que este incendio nos ha ido dejando, van a ser muy difíciles de poder olvidar, como la de ese vecino de Tábara que, tratando de hacer con su excavadora una zanja, se vio envuelto por el fuego que absorbió la excavadora que conducía en un instante y salió como pudo ella con graves quemaduras en un 80% de su cuerpo.

Se ha comprobado una vez más, la inoperancia de aquellos que tienen que velar por nuestra seguridad al no haber dispuesto lo necesario para que esta tragedia no se volviera a producir y muchos vecinos de estos pueblos que saben que su porvenir depende de su trabajo, han arriesgado su integridad física para salvar lo que con tanto esfuerzo les ha costado mantener y con lo que tenían a mano (tractores, vehículos pesados o simplemente sus manos), han tratado de salvar lo que estaban convencidos de que otros no iban a hacer.

Ahora, sólo podemos hacer una valoración de la tragedia y tratar por todos los medios de que las desgracias no sigan aumentando. Tiempo habrá de exigir responsabilidades, que van a ser muchas y resultará muy difícil poder justificarlas, porque lo que parecía imposible, que después de una tragedia como la que padecemos hace tan solo un mes, no hemos aprendido nada y seguimos cayendo en los mismos errores y cuando estas situaciones se repiten, ya no sirve poner paños calientes, cada uno tiene que asumir su responsabilidad y la incompetencia de su comportamiento.

Hay que tratar de solucionar cuanto antes el problema que está padeciendo esta degradada parte de Zamora y procurar que todas las lágrimas que hemos podido observar en muchos rostros de los vecinos, podamos convertirlas en ese pequeño hilo de esperanza de ese futuro con el que siempre nuestros mayores habían soñado y consigamos entre todos no privarles de que puedan verlo en los últimos días que les quedan de vida.

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