almeida – 8 de agosto de 2014.

Una de las cosas que más llamaba la atención de Santuario era la armonía que allí se percibía. No había más de dos elementos iguales, incluso las sillas, las puertas y hasta el raseo de las paredes, era diferente dependiendo el lugar en el que te encontraras, sin embargo, la armonía de aquel lugar resultaba casi perfecta, era algo asombroso.

El Maestro me explicó porque todo resultaba tan diferente y sin embargo daba la sensación de formar un solo conjunto en el que nada destacaba y si se quitaba alguna cosa de algún sitio, entonces, ya se percibía que le faltaba algo.

Cuando se vio la necesidad de crear Santuario para acoger a los peregrinos que cada vez eran más numerosos, se solicitó algún local a las parroquias de los pueblos que había en aquella zona.

Disponían de una casa que antiguamente sirvió como residencia del párroco local que llevaba muchos años sin utilizarse, tantos que ya estaba a punto de derrumbarse, era una ruina completa y la Iglesia la cedió para que sirviera de lugar de acogida para los peregrinos que pasaban por aquel lugar.

Pero no había nada más,  quienes tuvieron la idea de levantar aquel sitio, apenas disponían de recursos económicos para comprar los materiales con los que mantenerla en pie, tampoco había ningún recurso para contratar a personal especializado que pudiera reconstruirla, solo disponían de las manos de unos cuantos peregrinos y hospitaleros que apenas tenían conocimientos necesarios para hacer cualquier tipo de reforma.

Los primeros voluntarios que hubo en Santuario, durante varias semanas, se encargaron de desescombrar todo lo que había en el interior y fueron fijando los puntos más delicados y peligrosos que amenazaban con derrumbarse.

Cuando dejaron limpio el interior, era necesario ir poniendo el suelo, fijando las vigas que estaban deterioradas y reemplazándolas por otras nuevas, raseando las paredes, poniendo los sistemas de canalización del agua y las cañerías, pero para eso se necesitaba dinero y no disponían del suficiente para adquirir los materiales.

Algunos peregrinos que pasaban y disponían de tiempo y algún conocimiento de albañilería, al conocer el proyecto que se estaba ejecutando, decidieron quedarse uno, dos, cinco días y hasta una semana. Contribuirían con su trabajo a la reconstrucción de aquella casa y con las aportaciones que iban haciendo se adquiriría material para seguir avanzando.

Otros peregrinos, que no les importaba dormir sobre el suelo, pasaban la noche allí y con sus donativos contribuían a la adquisición de más material que era necesario.

Pero como no había continuidad en los trabajos, igual daba la circunstancia que un peregrino raseaba una de las paredes del pasillo, luego seguía su camino y la otra pared era raseada por otro peregrino diferente; por eso no era homogéneo el resultado que se obtenía.

Lo mismo pasaba con las baldosas del suelo o de las paredes, la instalación de los baños, de las duchas, de los grifos, cada cosa se veía que había sido construida por una persona diferente, sin embargo la armonía, cuando se observaba en su conjunto, resultaba casi perfecta.

También todas las puertas eran diferentes, no se podían adquirir puertas nuevas y se fueron sacando de donde se podían, de un vertedero donde alguien las había abandonado cuando las cambió en su casa, de un vecino que tenía una puerta que no le servía; todas valían para Santuario.

Cuando se terminó de levantar lo más básico y comenzaba a verse como un lugar acogedor, solo faltaba el remate final, que era amueblar el interior. También en esta ocasión se recurrió a los vecinos del pueblo. Uno traía unas sillas que no utilizaba, otro una sartén, otro un banco, unas cazuelas, unos platos… Pero como cada cosa procedía de un lugar y de personas diferentes, también lo que aportaban era distinto, pero el objetivo final se estaba consiguiendo, ya se podía dar una acogida digna a los peregrinos.

Con el paso de los años y con los donativos que van dejando los peregrinos que se han alojado allí, poco a poco se están modificando algunas de las cosas originarias que en su día se pusieron, pero siguen siendo diferentes, aunque quien llega allí no ve nada que desentone ya que todo mantiene un equilibrio perfecto manteniendo esa armonía que resulta tan característica en este lugar.

Santuario es un lugar que fue concebido para los peregrinos y transeúntes que necesitaran acogida y además fue levantado por ellos, por eso desde que se construyó ha sido uno de los lugares más emblemáticos del Camino, porque los peregrinos que llegan hasta allí se encuentran como en su casa, pues realmente es eso, es la casa de los peregrinos y como suele decir siempre el Maestro, en este lugar, lo único importante es el peregrino, es lo más sagrado que puede haber allí y para los que sienten el Camino, saben que es uno de los lugares en los que al hacer su peregrinación deben quedarse al menos un día ya que la energía que cargan en aquel lugar les va a hacer que su camino sea muy diferente al de los que pasan de largo.