almeida –06 de enero de 2017.

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             Fieles y puntuales a su cita de todos los años, sus majestades de Oriente, antes de pasar por todos los hogares que esperaban recibir los regalos que durante todo el año van preparando para repartir en su día, han querido acercarse por Tábara para que todos pudieran estar un poco más cerca de ellos.

             Con su comitiva se fueron acercando hasta la residencia municipal en la que los niños más mayores del pueblo les estaban esperando. Se percibía en los rostros de los más ancianos la emoción ante tan inesperado encuentro y sobre todo cuando sus majestades se acercaron a cada uno de ellos para interesarse por su estado y entregarles los regalos que habían preparado para ellos, sobre todo los niños del pueblo.

            No les faltó a ninguno de los residentes ese paquete de golosinas que alguno fue lo primero que se encargó de ir extrayendo de la bolsa, porque los caramelos les acercaban un poco más a esa niñez casi olvidada dentro de su memoria.

            Sus majestades no tuvieron prisa en este primer encuentro y disfrutaron hablando con cada uno de los residentes y en la cara de alguno se percibía la ilusión por estar ante tan ilustres personajes que permiten una vez cada año recuperar los sentimientos que ya se van quedando un poco lejanos.

            Después de este primer encuentro, la comitiva con las carrozas se fue acercado hasta el centro del pueblo. En la calle les esperaban cientos de niños que con sus padres se afanaban por recoger los cientos de caramelos que los pajes iban arrojando al paso de las carrozas y los más ávidos se habían provisto de sus correspondientes bolsas de plástico en las que iban depositando la mayoría de los caramelos que iban recogiendo.

            Hacía una tarde en la que la climatología no impidió que el recorrido se celebrara con normalidad, aunque por momentos la comitiva llevó un ritmo difícil de seguir para los más pequeños, daba por momentos la sensación de que el tiempo les apremiaba para llegar hasta otros rincones de la geografía en la que había otros niños esperándoles.

            Después de dar la vuelta a la plaza mayor del pueblo, por la cañada se dirigieron hasta el edificio del Cubo. La comitiva que se fue formando, llegó a agrupar a la mayor parte de las personas que se encontraban en el pueblo y sobre todo a los niños de Tábara y de otros pueblos de las cercanías y cada niño caminaba al lado de la carroza de su rey mago favorito.

            Durante todo el recorrido siguieron repartiendo cientos de caramelos que unas veces los más pequeños y en otras ocasiones los padres se iban agachando para recogerlos e ir llenando la bolsa que llevaban en sus manos.

            Una vez que dejaron aparcadas sus carrozas en el interior del edificio, se situaron en unos grandes sillones que se habían colocado sobre un escenario y se permitió que todos los niños que esperaban fuera accedieran al interior para ver si sus majestades se habían acordado de ellos y les habían traído ese regalo tan esperado.

            Cada una de sus majestades sabía a qué niño debía entregarles el regalo y los pajes fueron llamando a todos los niños y niñas que pacientemente esperaban escuchar su nombre para poder disfrutar de esos minutos ante su rey mago favorito, en los que la emoción impide que las palabras salgan con naturalidad porque la mente se queda en blanco y no sabes lo que decir.

            Los más pequeños, aunque les habían comentado que los Reyes Magos iban a venir y esperaban su llegada, al encontrarse delante de sus majestades sentían un miedo que les impedía recoger el regalo que habían traído para ellos y tenían que ser sus madres las que les tranquilizaran y pudieran disfrutar de ese encuentro.

            También hubo algún niño, en este caso fue una niña a la que se le había olvidado enviar la carta diciéndole lo buena que había sido todo el año y los regalos que quería que la trajeran y traía la carta en su mano, pero los reyes que para eso son mágicos ya lo sabían y le entregaron lo que había pedido en la carta, aunque Gaspar al leerla sonreía por la forma en la que la niña se lo pedía.

            Fue una tarde cargada de emoción en la que los más pequeños disfrutaron de ese día especial que todos los años acontece cuando dejan sus palacios en Oriente para acercarse a los niños de todo el mundo y compartir unas horas con ellos.

            Una vez finalizado el acto todos se fueron retirando a sus casas porque tenían por delante esa noche de emoción, la que para algunos es la más larga de todo el año, porque algo que no sabemos cómo explicar, nos impide coger el sueño y pasamos buena parte de la noche despiertos hasta que el cansancio consigue vencernos, ese momento que aprovechan los magos de oriente para entrar en cada una de las casas y dejar los regalos que no se han recogido durante la cabalgata.

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Distintos momentos del recorrido de la Cabalgata Real – Fotos: almeida    

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