• Ni el viento ni la lluvia pudieron apagar el fervor de los tabareses, que anoche vivieron con profundo recogimiento y emoción la Santa Vigilia Pascual, la más importante de las celebraciones litúrgicas del año, símbolo de la resurrección de Cristo y del renacer de la fe.

Aunque el cielo amenazaba con agua y el frío se dejaba notar, los feligreses no dudaron en reunirse bajo el soportal de la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Asunción, donde con esfuerzo y cuidado se pudo encender la lumbre sagrada que da inicio al rito. Allí, protegido del viento, el Cirio Pascual fue prendido y comenzó a irradiar su luz simbólica —luz de vida, de esperanza y de victoria sobre las tinieblas—.

Este año, por las inclemencias del tiempo, no se pudo realizar la tradicional procesión del fuego por la Plaza Mayor, pero el acto central del encendido del Cirio Pascual no perdió ni un ápice de solemnidad. Tras el emotivo canto del “Lumen Christi”, la luz del cirio fue pasando de mano en mano, encendiendo una a una las velas de los asistentes, hasta que el interior del templo se fue llenando de una luz cálida y creciente que acompañaba los corazones encendidos de fe.

La ceremonia continuó con la bendición del agua y la renovación de las promesas bautismales, una oportunidad para que los fieles renovaran su compromiso con Cristo y su mensaje de amor y salvación. A continuación, se celebró la Santa Misa de Gloria, en la que se elevó el júbilo pascual con el canto del Aleluya, tras los días de silencio y espera vividos durante la Semana Santa.

Al concluir la liturgia, numerosos feligreses se acercaron con respeto y devoción a recoger su porción de agua bendita, que llevarán a sus hogares como manda la tradición, para protegerlos y santificarlos en esta nueva Pascua.

Y como broche final a esta noche santa, el párroco D. Samuel, con su habitual cercanía, invitó a todos los asistentes a un pequeño ágape pascual en el Edificio del Reloj, donde la comunidad compartió dulces, conversación y alegría, celebrando juntos la Resurrección del Señor.

Una vez más, Tábara volvió a demostrar que la fe compartida, aun en medio de las dificultades, enciende corazones y sostiene tradiciones, manteniendo viva la llama de una comunidad que camina unida bajo la luz del Cirio Pascual.

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