Hasta hace unas décadas, la matanza era una necesidad vital para muchas familias en Tábara, un acto que les proporcionaba las proteínas esenciales para sobrevivir durante todo el año. Sin embargo, con el tiempo, esta práctica ha evolucionado de una necesidad a una tradición, manteniéndose en pocos lugares, ya que las prioridades alimenticias han cambiado y las provisiones necesarias ahora están fácilmente cubiertas.

La matanza no solo era un medio de abastecimiento en los crudos meses de invierno, sino también un acto lúdico y social. Junto a la vendimia, se convertía en un momento de reunión familiar y amistosa alrededor de una tarea común, un recuerdo que algunos desean preservar.

En la pequeña plaza El Prado, frente al restaurante El Roble, este ritual se lleva a cabo desde hace 14 años. La plaza se acordonó para permitir que todos presenciaran un acto que algunos aún guardan en la memoria y que los más jóvenes ansían experimentar por primera vez.

Este año, una cerda de unos 130 kilos fue el centro de atención. Alimentada con productos de la huerta, su carne adquirió una consistencia y sabor especiales. Manolo, como maestro de ceremonia, lideró al grupo de Tabareses que, como cada año, se congregan para revivir esta tradición.

El sacrificio se llevó a cabo en un lugar reservado y, como es costumbre y de la manera más tradicional, la piel se chamuscó con paja para eliminar las cerdas. Luego, con agua caliente, se raspó para eliminar impurezas. El animal se abrió en canal para extraer las vísceras, permitiendo que el frío aire de Tábara diera a la carne la textura ideal para el despiece.

En una sorprendente y única exhibición durante la matanza de este año, el veterinario local, Juanma, decidió compartir su experiencia y conocimiento sobre la seguridad alimentaria con los asistentes e hizo una demostración sobre el análisis de la carne in situ y garantizando que cada bocado que llega a nuestros platos esté en perfecto estado de consumición.

En un puesto improvisado, Juanma llevó a cabo una demostración práctica sobre cómo se analiza la carne para asegurarse de que cumple con los estándares más altos de calidad, dando una explicación detallada y mostrando a los asistentes cada paso del proceso, desde la inspección inicial hasta la evaluación final.

Todos los participantes, incluso aquellos que solo observaban, fueron agasajados con las delicias que El Roble ofrecía alrededor de las vallas. La matanza no solo representaba una tradición arraigada en la tierra, sino también una oportunidad para compartir y disfrutar juntos.

En un evento que ya de por sí destaca por la celebración de la matanza, este año los asistentes fueron sorprendidos con una novedad que añadió un toque de tradición y alegría a la festividad. La plaza se llenó de ritmo y color gracias a la participación especial de Carlos Fresno, quien decidió compartir la Danza Tradicional de Paloteo con los presentes.

Carlos Fresno, conocido por su dedicación a la preservación de las danzas tradicionales, compartió con los más pequeños algunos lazos de su repertorio. La plaza se transformó en un escenario donde la historia y la cultura se entrelazaron con la alegría de la matanza, creando un ambiente único y festivo.

En un mundo en constante cambio, donde las tradiciones a veces pueden perderse en la vorágine de la vida moderna, eventos como este demuestran la importancia de mantener viva la herencia cultural. La Danza Tradicional de Paloteo, gracias a la iniciativa de Carlos Fresno, se erige como un recordatorio de que las tradiciones tienen un lugar especial en el corazón de la comunidad y merecen ser compartidas y celebradas.

Después de la matanza, el restaurante El Roble ofreció un menú tradicional con productos del cerdo, devolviendo a los asistentes a esos recuerdos de tiempos pasados. Esta iniciativa, que el Roble lleva ofreciéndonos 14 años consecutivos, no solo resalta la importancia de mantener las tradiciones, sino también la conexión de la comunidad con su historia y sus raíces. La matanza en Tábara no es solo un evento anual; es un legado que se preserva, recordando a todos la importancia de la tradición en nuestras vidas.

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