almeida –3 de febrero de 2015.

2014 08 28. tabara

Uno de los mayores inconvenientes que tenemos los peregrinos cuando hacemos el camino, es que llevamos excesivo peso a nuestras espaldas y según se van acumulando los kilómetros va haciendo que nuestro paso sea más lento y el cansancio se incremente de una forma considerable.

Reconozco que soy el primero que lo hace, a pesar de aconsejar a los demás lo contrario, soy el primero que no hace mucho caso de los consejos que da, aunque el tiempo nos va dotando de ese conocimiento que nos hace ver las cosas de una manera diferente y sobre todo nos va haciendo aprender de nuestros errores.

Siempre pongo como ejemplo la lección que en una ocasión me dio un buen amigo, él tenia un sistema infalible para hacer la mochila que siempre le había dado muy buenos resultados.

Ponía encima de una mesa todo lo que había previsto llevar en su camino, aquellas cosas que se le habían ido ocurriendo y había ido apuntando en una libreta que llevaba siempre en su bolsillo.

Cuando ya tenía todo a la vista iba haciendo tres montones. En el primero ponía aquellas cosas que sabía que eran imprescindibles para que un peregrino pudiera hacer su camino. En el segundo montón iba dando las cosas que consideraba necesarias y en el tercer montón, iba acumulando esas cosas que había puesto por si acaso, ya que en algún momento del camino podía necesitarlas.

Cuando ya tenia hechos los tres montones y los había analizado una o dos veces, cogía el contenido del primer montón y lo iba metiendo en la mochila y los otros dos montones los dejaba siempre en su casa.

La verdad es que es una forma cuanto menos muy original de hacer la mochila, pero sobre todo, es muy efectiva, ya que quienes la hacen de esa forma seguro que a lo largo del camino van a sufrir menos contratiempos que los que han ido guardándolo todo.

Esa reflexión sobre la forma de hacer la mochila he tratado de trasladarla a la vida y me doy cuenta que al final cualquier cosa que hay en el camino, es un fiel reflejo de nuestra vida diaria y lo podemos aplicar perfectamente a las cosas que habitualmente hacemos.

En la vida también vamos acumulando demasiadas cosas que podemos necesitar para más adelante o tenemos especial apego a muchas cosas, recuerdos o bienes sin los cuales no concebimos poder vivir.

Pero al final nos vamos dando cuenta que llevamos un lastre que nos impide seguir avanzando y mientras no nos desprendamos de él, no podremos continuar porque como si se tratara de fuertes y profundas raíces hacen que nos aferremos al suelo y no podamos dar un paso mas.

Afortunadamente, algunos tenemos la suerte de poder ver que para vivir y ser feliz en esta vida, son muy pocas las cosas que realmente necesitamos, somos nosotros los que nos vamos imponiendo poseer más y mas cosas sin darnos cuenta que cada una de esas posesiones es un contrapeso que nos fija cada vez más al lugar en el que nos encontramos.

En estos casos, podemos aplicar perfectamente ese dicho popular que no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita.

Creo que una lección que nos enseña el camino, es a saber hacer la mochila que vamos a llevar durante el tiempo que estemos recorriéndolo y esa es una de las mejores lecciones que podemos aplicar a nuestra vida, ya que si sabemos hacer también muy bien la mochila que debemos llevar en la vida, gran parte de la felicidad la tenemos asegurada.