Cuando hace ya casi cuatro años el mundo se detuvo como consecuencia del Covid-19, también el Camino se vio inmerso en una paralización que, a lo largo de su historia de casi 1200 años, nunca había conocido.

Ese lapso de dos años, en los que estuvimos inmersos en un confinamiento que nadie deseábamos, seguramente nos hizo replantearnos muchos valores que antes pasaban desapercibidos, pero desde ese momento comenzamos a tener otra visión de las cosas.

Durante todo el año 2020, desde que se declaró el estado de emergencia por la pandemia, la ruta jacobea se vio radicalmente cercenada, nadie transitaba por ella, y el año siguiente, con ligeras aperturas de albergues, aunque muy restringidas, tampoco representó un flujo de peregrinos significativo.

Después de este este lapso, en el que nuestra vida cambió, difícilmente podíamos llegar a imaginar que en poco tiempo volvería la normalidad; había sido una situación muy complicada y pensábamos que tardaríamos años en conseguir que todo se normalizara.

Cuando, por fin, en el año 2022, parecía que todo volvía al estado pre pandemia, y a pesar de que por intereses se había prolongado el Año Santo de forma excepcional, ya que después de 11 años el tan esperado año 2021, año jacobeo que sucedía al celebrado en el 2010, la afluencia de peregrinos, comparándola con el año anterior a la pandemia, resultó como era de esperar: un año aciago para la peregrinación, ya que el descenso de peregrinos fue generalizado en todos los caminos.

Además, en los que discurren por Zamora contamos entonces con una serie de agravantes añadidos, como fue la prolongada ola de calor que sufrimos a mediados de año, lo que provocó que muchos peregrinos dieran por finalizado su camino ante las altas temperaturas que estaban soportando, a lo que añadir los graves incendios que sufrimos en la provincia, que motivó que muchos de ellos desistieran caminar por rutas que habían perdido todo su encanto natural.

Ese descenso de un 18% en el número de peregrinos que hubo en el año 2022 respecto a los datos que se tenían de antes de la pandemia, esto es, del 2019, resultaban obvios y comprensibles dadas todas las circunstancias con que arrancaba de nuevo la peregrinación. Era, por tanto, fundamental analizar el comportamiento del año 2023, para ver si la tendencia de la peregrinación continuaba siendo negativa, por el contrario, volvíamos a estadísticas pre pandemia.

Afortunadamente, por los datos que tenemos al cerrar el ejercicio de 2023, como aspecto más significativo podemos asegurar que sigue la tendencia de otros años; el número de peregrinos se ha estabilizado respecto al 2019, manteniendo unas cifras similares en todos los caminos que pasan por nuestra provincia.

Con respecto a las características y origen de los peregrinos, el 72,32% de los peregrinos son hombres y el restante 27,58% son mujeres. En cuanto a la forma de recorrer el Camino, el 88,70% lo hace a pie y el 11,19% en bicicleta. Es también significativa la tendencia al alza de peregrinos de avanzada edad, ya que el 50,51% son mayores de 60 años.

En cuanto a la procedencia, el 33,73% son españoles, siendo la comunidad de Andalucía la que mayor número aporta, con un 6,84% y, en segundo lugar, Castilla y León, con un 3,73%. Este dato sorprende, por cuanto no es muy habitual que peregrinos recorran caminos de su propia comunidad.

Sobre los extranjeros, decir que representan el 66,27% del total, siendo Alemania, con un 11,86%, el país que mayor número de peregrinos aporta, seguida de Francia, con un 11,07%, e Italia, con un 10,96%.

Analizando nuestros caminos, decir que por ellos transitan peregrinos de todo el mundo: en el 2023 han recorrido la Vía de la Plata y el Camino Sanabrés peregrinos de 55 países, algunos tan significativos y curiosos como Vietnam, Ucrania, Malasia, Bielorrusia, China o Perú. Son peregrinos de “largo recorrido”, ya que el 46,44% comenzaron en Sevilla, siguiéndole en segundo lugar Zamora, con un 12,77%, y Granja de Moreruela se posiciona en tercer lugar con un 10,95%.

Estos buenos datos de la peregrinación en el pasado año, no pueden hacernos ocultar la situación endémica que atraviesan nuestros caminos, especialmente estos dos citados, la Vía de la Plata y el camino Sanabrés, que son los más concurridos, porque de tener una afluencia de más del 5% con respecto al total de peregrinos que llegaban a Santiago, en los últimos 20 años hemos descendido a poco más de un 2%, pasando del tercer lugar en preferencia a la hora de elegir una de las rutas jacobeas, al séptimo que ocupamos en la actualidad.

Lógicamente, esto ocurre como consecuencia de una mala planificación y una mala gestión de nuestros Caminos de Santiago, y aquí todos somos responsables, desde las asociaciones hasta las administraciones públicas, que son las que deberían velar por el aprovechamiento y puesta en valor de este rico patrimonio, heredado a lo largo de 12 siglos de historia.

Sirvan como ejemplo algunas actuaciones que se han realizado últimamente, que no se corresponden con el compromiso que en las diferentes ferias y certámenes turísticos nuestros dirigentes promocionan: se han señalizado algunos caminos colocando los mojones de orientación para el peregrino donde no son necesarios; recientemente, se han instalado unos bancos para descanso del peregrino en aquellos lugares en los que no se necesitan, porque en los pueblos donde se han puesto hay ya suficientes bancos y no así en tramos largos del camino, donde el peregrino no tiene ningún sitio en el que poder sentarse. Seguimos tratando de atraer peregrinos a nuestros caminos y luego, cuando por obras les cortamos el tránsito por el itinerario jacobeo –como es el caso del puente de piedra de Zamora, que lleva cuatro meses en obras– los responsables no hayan sido capaces de eliminar las señales instaladas y colocar las correspondientes al trazado provisional mientras duren aquéllas para reconducir a los peregrinos, evitándoles tener que deambular por calles y recorrido que es desconocido para ellos o, finalmente, no confiar en los zamoranos para la gestión del albergue de Zamora, que podía dinamizar a todos los de la provincia, cuando los albergues  “Castrotorafe”, en Fontanillas de Castro y “Los Beatos” en Tábara, en la Vía de la Plata y en el Camino Sanabrés, respectivamente, son los más valorados de esas rutas jacobeas por los peregrinos, ambos gestionados por la Asociación Zamorana de los Caminos de Santiago.

Podríamos seguir con más ejemplos que justifican, en buena medida, por qué nuestros caminos, en lugar de ir creciendo como hacen los demás, son los únicos que no experimentan una evolución positiva. Confiemos que antes del próximo Xacobeo, para el que disponemos de tres años, podamos revertir esta penosa situación.

José Almeida

Presidente de AZACS)

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