• El tiempo pasa, pero hay lazos que ni los años ni la distancia logran desgastar. Ayer, la quinta de Tábara nacida en 1965 se reunió para celebrar, como se merece, su 60 cumpleaños. Una cita marcada por las risas, las anécdotas y la emoción de volver a verse, de reencontrar miradas que guardan trozos de infancia.

La jornada comenzó a las 14:30 horas en el Restaurante Las Cumbres, donde la mesa se vistió de fiesta con entremeses, pulpo, foie de pato y, como plato principal, la difícil elección entre chuleta, entrecot o bacalao. El dulce lo puso una tarta de Bercianos, que endulzó no solo el paladar, sino también los recuerdos.

Después, la piscina fue testigo de una cena más distendida y el Bar Mani se convirtió en el epicentro de la noche, con copas y música para seguir alimentando la complicidad de décadas. Como colofón, la fiesta se trasladó a San Lorenzo, lugar donde se cerró un día que parecía sacado de otra época, de aquellas verbenas y tardes de juegos que todos recordaban con cariño.

Aunque la vida los haya llevado por diferentes rincones de España, ayer Tábara volvió a ser el centro del mapa. Allí estaban los amigos de siempre, las bromas que no caducan y las historias que, contadas una y otra vez, siguen sonando a nuevas. Antes de despedirse, se hicieron una promesa: dentro de cinco años, cuando cumplan 65, volverán a repetirlo. Porque hay días que no solo se viven, se guardan para siempre.

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