almeida – 4 de enero de 2015.

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Abejera, es una pequeña población alistana situada en las faldas de la Sierra de Sesnández, en las estribaciones de la Sierra de la Culebra, en la que el día primero de enero se celebran los

Cencerrones, una de las típicas mascaradas de invierno características de esta comarca alistana.

 

Esta población fundada en tiempos de mandato del emperador que dio origen a la dinastía de los Austrias, por el Señorío de Tábara, dependió del mismo hasta que fue suspendido y los pobladores a principios del siglo XX compraron el monte del Casal, adquiriendo pastos propios con lo que comenzaron a mantener una cierta independencia y el pueblo y los vecinos comenzaron a prosperar.

Las construcciones que conforman el pueblo, están basadas en la arquitectura típica alistana con casas levantadas sobre piedra y mampostería y en la parte trasera de las viviendas había un corral en el que se guardaban los aperos de la labranza y los animales que ayudaban en ella, así como los animales domésticos que les proveían de las proteínas necesarias para superar los largos meses de los crudos inviernos de la zona.

Junto a la  Iglesia, se erige un negrillo que actualmente, como muchos de estos árboles centenarios, se encuentra enfermo y está perdiendo su robustez, pero cuando estaba en plenitud, era frondoso y bajo sus ramas, se celebraban los concejos de la comunidad.

También en pleno auge expansivo, en la segunda mitad del siglo XX, contó con un apeadero ferroviario que era frecuentemente utilizado por los vecinos no solo de este pueblo sino por los que vivían en los pueblos cercanos para desplazarse a la capital o a las poblaciones más importantes de la provincia.

De las tres mascaradas que se celebran en la zona, quizá sea la que cuenta con menos recursos y en la que intervienen menos personajes, pero, también es la más organizada y en la que el publico asistente disfruta más contemplándola, porque todos los actos se celebran en la cercanía de la Iglesia y se hacen casi sin pausa y eso la hace mucho más amena que otras que se van alargando sin mucho sentido, hasta que quienes asisten a presenciarlas se cansan y lo que es peor, hay momentos en los que llegan a aburrir a quienes no participan directamente en ellas.

Seguramente sería bueno que tomaran ejemplo de esta representación porque en el fondo, en todas se viene a exponer lo mismo con ligeras matizaciones y lo que hay que buscar es atraer a gente que las presencie en lugar de hacerlas excesivamente densas.

La representación de los Cencerrones en Abejera, tiene las mismas raíces que las que se celebran en los pueblos cercanos, se trata de una representación donde la sátira y la acidez son la base de una expresión popular que en otros tiempos se encontraba condicionada y en estas representaciones conseguía ese objetivo de hacer publica la critica a través de las coplas, los gestos o las insinuaciones de los protagonistas que en esta actuación contaban con cierta  licencia para soltar la presión social que sentían por medio de estas coplas.

saf 150101 0292El primer acto nos presenta la llegada de un gitano sobre una vieja burra que se dirige hasta la fuente donde el animal bebe y mientras lo hace, el gitano a través de la recitación y las coplas va explicando a los asistentes las virtudes del escuálido asno que trata de vender y como buen gitano, obtener pingues beneficios en el trato.

Alguno de los asistentes se acerca hasta el gitano para pedir informes del animal y el gitano deja que sea su ingenio el que va respondiendo a todas las cuestiones que se van planteando y finalmente riega literalmente con la bota de vino al participante en esta escena.

El joven que interpreta al gitano ya lo ha hecho en más ocasiones y sin llegar a ser burdo en su actuación, resulta especialmente gracioso porque interpreta su papel de una forma muy natural a pesar que en algún momento se permita ciertas licencias.

A continuación hacen su aparición el Cencerrón que representa al diablo y porta unas pinzas de madera extensibles que agita y lanza al viento con el objetivo de asustar a los que están presenciando el acto. Su ropaje es estrafalario, porta cencerros a la espalda y va cubierto completamente con una máscara y pieles de animales. Le acompaña la Filandrona que vestida con una falda larga y entiznada va tirando ceniza a los asistentes que tratan de evitar verse embadurnados por lo que va arrojando.

Estos dos personajes hacen varias apariciones por los dos extremos de la iglesia mientras se van celebrando los diferentes actos que conforman la mascarada.

El Ciego y el Molacillo son otros personajes que aparecen en escena y se sientan sobre un montón de paja mientras van recitando unas coplas que llevan escritas en un calendario de pared. Estas coplas son ingeniosas y en algunos momentos resultan acidas, pero a través de ellas era como los mozos que representaban al pueblo podían expresar el malestar de las condiciones en las que estaban viviendo al no tener la libertad para hacerlo de otra manera.

Estas coplas se van cambiando cada año dependiendo de las situaciones que se vayan produciendo, aunque algunas se mantienen porque son validas en cualquier época y son esas que se van quedando en la memoria del pueblo que acaba por aprenderlas casi de memoria y las recita mientras presencia la actuación.

El Pobre, es el último personaje que aparece en escena, su indumentaria le delata enseguida y se apoya en un palo y en la mano lleva un saco de esparto y va pidiendo el aguinaldo, que es uno de los objetivos comunes de las mascaradas a todos los asistentes.

Los que colaboran en esta petición, ven cómo les va entiznando, marcándoles la cara con pintura o con un tizón extraído de la lumbre, de esa forma es fácil reconocer a los que han sido generosos con el fin de la mascarada contribuyendo a la petición que se les hace.

saf 150101 0279Son momentos en los que se van mezclando todos los papeles porque cada personaje va representando el suyo y mientras unos recitan los otros van dando miedo con apariciones esporádicas y fulgurantes o el gitano sigue mezclándose con el público hablando de las virtudes de su escuálido animal.

Puede parecer un tanto desordenado, pero cada uno representa su personaje y se va haciendo ameno para todos los que lo están presenciando que siguen cada una de las actuaciones con especial interés.

Como en todas las mascaradas el desenlace es una pelea final, en este caso es tumultuosa y todos se enzarzan en un objetivo final, que el bien prevalezca sobre el mal y el desenlace se produce cuando consiguen quitarle las bragas a la  Filandorra con lo que predomina como debe ser el bien.

Otra de las fortalezas de esta actuación es que se desarrolla hacia las cuatro de la tarde por lo que no coincide con ninguna de las otras dos que se prolongan  durante todo el día y quienes desean presenciarla pueden hacerla sin tener que elegir como ha ocurrido en varias ocasiones lo que puede hacer que se dividan las personas que desean presenciarlas.

No queda mas que felicitar a quien se ha encargado de mantener la esencia de esta representación, “Cadaito”, como se le conoce en el pueblo es uno de los que más pendiente está de que esta mascarada se desarrolle cada año manteniendo el interés de quienes se acercan cada uno de enero hasta Abejera para presenciar los Cencerrones.

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