Siempre nos hemos topado con esas personas que creen estar por encima del bien y del mal, son y han sido los más listos de la clase y van siempre a su bola, tratan de que su verborrea sea asumida por los demás, aunque ellos van siempre por libre, porque las normas no les afectan y si les afectan como están en desacuerdo con ellas las incumplen porque si.

            El virus que nos esta atacando, tiene una propagación muy rápida, una persona puede infectar a tres antes que se de cuenta que lo lleva encima y cada uno de esos tres a otros tres, con lo que si no se toman medidas drásticas, en muy pocos días su propagación se llega a hacer imposible de controlar.

            Entre esas medidas drásticas, una de ellas ha sido una reclusión forzosa en nuestras casas, sin salir de ellas más que lo imprescindible, algo que parece y es muy duro para una sociedad que la mayor parte del tiempo de su vida está en relacionarse con los demás.

            Pero queramos o no, es la única forma de poder atajar el problema, evitar un contagio masivo que saturara los servicios médicos que son los que pueden hacer frente a su desarrollo en el cuerpo humano.

            A pesar de la dureza de esta medida, por ese interés general, ha sido cumplido por la mayoría que estoicamente ha asumido el problema y ha seguido las recomendaciones que se estaban haciendo.

            Pero los de siempre, esos que cualquier cosa que se diga o se haga no va con ellos y hacen de su capa un sayo comportándose como quieren y haciendo lo que les da la gana.

            En algunos lugares, por lo que se va escuchando a través de los diferentes medios de comunicación, es frecuente encontrarse a individuos, no se les puede calificar de personas, que se niegan a cambiar sus costumbres y ese paseíto diario de una hora, no hay nadie que le pueda privar de él.

            O los que cuando llega el fin de semana, como hacen cada viernes, montan en el coche a toda la trupe y a pasar el fin de semana en esa segunda vivienda, que para eso la han comprado.

            Y como las vacaciones de semana santa han sido siempre sagradas, pues a pasarlas en la costa, a respirar el aire del mar o todavía peor, a disfrutar del aire sano del pueblo, ese en el que apenas quedan almas y las pocas que hay son ya muy mayores y están todo el día en casa, sin preocuparles lo que lleven encima sin saberlo.

            Algunos alcaldes están dando la voz de alarma sobre el problema que estos desaprensivos están llevando a sus tranquilos pueblos, la mayoría de los cuales no cuentan ni tan siquiera con un servicio médico que sea aceptable para parar ese primer golpe que se puede avecinar.

            Resultan tan egoístas, que les da igual todo y se pasan por el forro de sus caprichos las consecuencias de los problemas que pueden llegar a generar, solo piensan en ellos mismos y no puede ser, están jugando con la salud y el bienestar de los demás y es necesario pararles los pies.

No soy de los que están esperando el fallo del otro para denunciarlo y sacarle los colores, nunca lo he hecho y nunca lo hare, pero hay situaciones como ésta que claman al cielo, y no podemos consentirla y si las toleramos, nos hacemos cómplices, por lo que en estos casos no debemos dejar pasar por alto esta falta de solidaridad de los de siempre que no se puede tolerar, porque llegan a ofender.