Ester Cid Romero –29 de junio de 2016.

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Había una gran expectación. Todo el mundo le esperaba. Nos habían comentado que era mucho más joven que el anterior. Joven, de edad y de espíritu.

Los mentideros oficiales y extraoficiales del pueblo, hervían con datos, ciertos e imaginados. Era complicado, y aun así, apareció en mi vida de forma discreta.

Como os sucede a la mayoría, yo también tengo un momento, un primer recuerdo. Fue en una fiesta. Familia, amigos íntimos y otros cuantos invitados. Como aquel que dice, era un recién llegado y no tenía demasiada confianza con los vecinos, pero fue capaz de expresar, con escasas palabras e incluso con gestos, lo que los demás necesitábamos oír y sentir. Su actitud era la del que acostumbra a escuchar, sembrando en todos la pequeña semilla de la confianza. Con tonos distintos, a cada uno, el acertado. Con suavidad cuando era preciso, con firmeza, si se requería, incluso con humor, siempre con amabilidad. Capaz de mantener diálogos de los temas más dispares. Labranza, dureza del matrimonio, bebidas espirituosas, corte del jamón, problemas escolares… y… arte. Entonces descubrí que era un hombre tocado por ese algo especial que ahora nos resulta tan suyo.

Celebrábamos las Bodas de Plata de mis padres y el misterioso caballero, era nuestro nuevo párroco.

Vino después el duro trabajo del cura rural. De ir de pueblo en pueblo, atravesando valle y sierra, con frío, lluvia o niebla. Se topó después con las “intocables” tradiciones. Las mantuvo siempre, por entenderlas como nuestra seña de identidad. Mientras, con inmenso respeto, nos hizo ver que algunas de ellas podían mejorar. Llegaron momentos tristes en los que muchos tuvimos que decir adiós a seres queridos y le encontramos a nuestro lado, dando esperanza al alma que se rompía de dolor. Y nacieron nuevos tabareses que nos hicieron más dichosos que nunca, y una agradable residencia en la que poder descansar del largo camino. Obras, y santos, y mantos nuevos, y excursiones, y paseos, y tardes de charla mientras se da cuenta de buen chocolate con churros y la cripta y el amigo Williams…

Por eso ahora, tras más de 26 años, cuando me cuentan que se marcha, no siento pena, no puedo por menos que alegrarme… por él, y por las maravillas entre las que trabajará. No me cabe ninguna duda que las cuidará con el mismo cariño y dedicación, con el que nos ha tratado a nosotros.

Como los tiempos han cambiado, supongo que las filtraciones sobre el “nuevo”, comiencen a circular rápidamente por whatsapp o internet…
¡Que no se asuste, le recibiremos con los brazos abiertos! .Lo que está claro es que tiene el listón muy, muy alto.

Nos veremos pronto… sería pecado no seguir aprovechando tu sabiduría. 
Gracias por todo José Manuel.

Mery, Isamai y Esther.