almeida – 1 de mayo de 2014.

De vez en cuando, se agradece encontrarte con este tipo de peregrinos que desconocen lo que son las prisas y hacen su Camino de una forma tan pausada que a algunos puede llegar a resultarles hasta exasperante.

Son esas personas que como en una ocasión me decía el Maestro, saben disfrutar del Camino y para él, son y serán siempre los peregrinos añejos. Aquellos a los que siempre la puesta del sol les pillará caminando y los que no se estresan en ningún momento si llegan al albergue y todas las literas se encuentran ocupadas, son los que aplican esa bienaventuranza como solía afirmar uno de los hospitaleros por excelencia: “Bienaventurado el peregrino que cuando llega al albergue se encuentra sin litera, porque él, ha sabido disfrutar plenamente de la jornada”

Este peregrino, cuando llegó hasta Tábara, llevaba casi mil kilómetros recorridos, venía caminando desde las tierras del levante, lo que se conoce como el Camino del Suroeste y a lo largo de esos casi mil kilómetros, se había encontrado únicamente con cuatro peregrinos, por lo que ahora en el albergue, se sentía un tanto agobiado al ver que era el último en todo, pero daba la sensación de no importarle lo más mínimo.

Había sido el último en llegar al albergue, fue el último en sentarse a la mesa, el último en terminar la cena que se compartía con los demás peregrinos y como no podía ser de otra forma, fue también el último en abandonar a la mañana siguiente las instalaciones.

Cuando le observaba como se alejaba, sentí un poco de envidia de este peregrino, me imaginé alguna vez recorriendo el camino como lo hacía él, porque estaba convencido que nadie como él conocía el Camino.

Cada piedra, cada recodo y cada persona, las había disfrutado con tanta calma que no tenían ningún secreto para el peregrino porque de cada cosa, sabía extraer todo lo que estaba predestinado para que el pudiera disfrutarlo.

Desde que se fue, en varias ocasiones he pensado en este peregrino y no me lo imagino recorriendo el Camino que siguen la mayoría de los peregrinos, se encontraría desplazado, aunque por otro lado, también pensaba que no estaría de mas que unos cuentos como él siguieran esta ruta masificada para ver si contagiaban a los que siempre van con prisas y han convertido el Camino en una competición.