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Que cunda el ejemplo

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Pienso, luego digo – 25 de febrero de 2019.

                Cuando creemos haberlo visto y oído todo, siempre hay algo nuevo que no solo llega a sorprendernos, en ocasiones, hasta consigue asombrarnos, porque más que una noticia sobre un hecho que haya ocurrido, nos parece una broma.

                Pero cuando a través de la radio se emite una noticia, salvo el día 28 de diciembre, en principio hay que darla por cierta y si más tarde la contrastamos en otro medio diferente, ya no queda ninguna duda.

                Comentaban en las noticias de la mañana, que un señor Diputado de un país del este, había presentado su dimisión, porque se había sabido, que se marchó de un establecimiento público sin haber satisfecho el importe de un bocadillo que había pedido.

                Por lo que se ve en la ampliación de la noticia, le sirvieron un bocadillo y el hombre tenía bastante prisa y solicitó al camarero que se lo cobrara, esperó y esperó y como no le pasaban la nota, optó por marcharse porque tenía compromisos a los que llegaba tarde.

                Por su comportamiento, se trata de una persona de conciencia, porque unos días después volvió y abonó lo que se había llevado, por lo que se puede considerar que aunque tarde, cumplió con su obligación de satisfacer lo que había pedido.

                Comentó unos días después con algunas personas próximas este suceso y la noticia se fue haciendo cada vez más pública y a pesar que ya no debía nada, porque había pagado lo que le sirvieron, ante todo, era una persona de principios y su conciencia no le permitía seguir representando a los demás por este comportamiento impropio que había tenido.

                He comentado esta noticia con algunas personas con las que habitualmente suelo estar y es curioso que en todos los casos he tenido la misma respuesta, sí, esa que tú que estás leyendo esto, también estás pensando y que no difiere nada de lo que yo llegué a pensar en el momento que lo escuché.

                Creo que ser decente en la vida es algo de lo que se puede presumir mientras que no tengamos nada de lo que avergonzarnos. También con la honestidad ocurre algo muy parecido, es un honor y un orgullo poder presumir de ella, pero el peligro surge ese día que lleguemos a perderla, entonces ya será más difícil hacer gala de algo que se ha perdido y no se va a recuperar nunca.

                Estos ejemplos nos demuestran que todavía quedan personas que anteponen los valores que han ido adquiriendo a lo largo de su vida antes que obtener algo, por muy pequeño que llegue a ser, de una forma deshonesta.

                Estamos demasiado acostumbrados a que en la sociedad en la que vivimos, lo que prime sea lo contrario, esas personas sin escrúpulos, que su único fin es medrar y beneficiarse a costa de los demás y también ellos están tan acostumbrados, que cuando se les pilla con las manos en la masa, ni tan siquiera llegan a inmutarse, siguen altaneros como si los demás no fuéramos nadie para poder juzgar su comportamiento.

                Sería no solo bueno sino también recomendable y hasta sano, que el ejemplo de este desconocido representante público fuera cundiendo en nuestra sociedad, aunque corramos el riesgo de quedarnos sin muchos de esos servidores que se dicen públicos, porque aunque durante un tiempo el sistema diera la impresión que se iba a desestabilizar por el elevado número de personas que puede llegar a perder, no importa, seguro que íbamos a funcionar mucho mejor que cuando estaban los que están dañando con su comportamiento la sociedad que hemos elegido para vivir.

                Pero creo que es uno de esos sueños que a veces suelo tener en voz alta, porque hay cosas que ya no las cambia nadie, solo una pequeña revolución podría arreglar el desaguisado al que no están llevando los que dicen que nos representan y a los que pediría que cuanto antes, dejen ya de representarme.