Este año, se representará el Belén viviente de Tábara los días 1, 2 y 6 de enero entre las 6:30 y 8:30 de la tarde. El día 6 de enero, además se contará con la presencia de los Reyes Magos que después de repartir durante toda la noche sus regalos a los niños y niñas de Tábara, pasarán por el lugar en el que el recién nacido ha llegado a este mundo para llevarle también sus buenos deseos.

Escuché en una ocasión a uno de esos mayores que parecen saberlo todo por la experiencia acumulada a lo largo de su vida, que muchos de nuestros mejores recuerdos, se han parido al calor de la lumbre. También en estos largos y gélidos días de invierno, algunas de las mejores ideas van brotando mientras contemplamos las llamas que se desprenden de la chimenea.

Algo de esto, fue lo que ocurrió cuando un pequeño grupo de personas se plantearon participar en la segunda edición de Navidades con Ilusión, el concurso de fachadas que se iban a organizar en Tábara, pero querían realizar algo diferente y entre ellos, comenzó a brotar un proyecto, que según iba creciendo, les entusiasmaba un poco más, cada vez que alguien sugería una nueva idea.

La mayoría de nosotros cuando nos imaginamos la navidad, si cerramos los ojos, lo primero que nos viene a nuestra mente está representado por la imagen de ese pesebre que se conformó hace dos milenios en una pequeña aldea de Israel y antes de terminar aquella primera lluvia de ideas, en la mente de los cuatro que estaban reunidos se había conformado ese Belén viviente, que realizarían en la calle, con el objetivo de que la navidad se convirtiera en otro motivo más, para situar a su pueblo en el mapa de la navidad.

Fueron comentándolo a través de un grupo de WhatsApp y la respuesta inicial siempre era la misma; ¡estáis locos!

Pero la idea era muy buena y según la iban madurando cada uno de los que compartían esta iniciativa, le fueron dando vueltas y cada uno fue aportando lo que se le ocurría, para que el resultado fuera el que todos esperaban.

Partían de cero y lo primero era establecer todo lo que se iba a necesitar para ese incipiente proyecto; unas alpacas, animales vivos, decorado, vestimenta, utensilios con los que trabajar y así un largo etc. que muy pronto se fue incrementando de una forma exponencial.

Según avanzaban los días, nadie era consciente del embrollo en el que se estaban metiendo, sin embargo, la ilusión con la que iban asumiendo aquel proyecto, consiguieron implicar a 18 personas, que fueron encargándose de proporcionar y a veces elaborar todo lo que era preciso para que fuera una realidad.

Consiguieron establecer ocho espacios diferenciados, en los que se podía ver a un carpintero, a una lavandera, a un ceramista, a un panadero a un tabernero, de tal forma que se confeccionó un Belén viviente, en el que estaban representadas muchas de esas tradiciones que el paso del tiempo ha ido relegando al olvido.

Representó un esfuerzo importante, teniendo en cuenta cómo se muestra de cruda la temperatura en esta época del año, pero el resultado no pudo ser más gratificante, ya que todas las personas que se acercaban para ver el trabajo que se había realizado, mostraban a los organizadores su felicitación por la iniciativa que habían tenido.

Ahora con el ánimo renovado por la repercusión que había tenido su iniciativa, van a realizar la segunda edición de este Belén viviente en el que esperan incrementar el número de personas que de todos los pueblos de la comarca se acerquen hasta Tábara para contemplarlo.

Esta vez la convocatoria no ha tenido la incredulidad que algunos manifestaron en la primera edición y además de los participantes el año pasado, cuentan con unas 35 a 40 personas que desean colaborar y participar en esta original iniciativa.

Los buenos proyectos, enseguida cuentan con apoyo y para esta segunda edición, los más implicados en el proyecto están recibiendo numerosas muestras de colaboración, siendo creciente el número de personas las que acuden para comprobar qué es lo que se necesita, no solamente en medios materiales, sino también humanos.

Algunos se han implicado directamente en el proyecto, estableciendo un espacio que el año pasado no había sido contemplado y de esa forma vamos a poder ver a un escriba, que no podía faltar en el pueblo de los beatos, también habrá cesteros artesanos que confeccionan cestas de las que siempre se han utilizado para las necesidades de cada casa, una matanza tan tradicional en esta tierra, el castañero y hasta un castillo donde estará representado el rey Herodes.

Si el primer año contaron con ocho espacios diferenciados que recogían las diferentes oficios y tradiciones de esta tierra, en esta edición serán 17 los puestos que se mostrarán a los visitantes.

Los niños contarán con un espacio para desarrollas su ingenio a través de la pintura y las manualidades y aquellos que todavía no hayan escrito su carta a los magos de oriente, dispondrán de un espacio en el que poder plasmar todos sus deseos para esa noche mágica del día cinco cuando sus majestades pasen por la casa de cada uno.

Algunos han querido colaborar aportando su trabajo y su ayuda y otros proporcionando lo que se vaya a necesitar para que todo resulte perfecto, licores, animales vivos, castañas y un largo etc. de productos que en muchos casos casi teníamos olvidados.

Para los organizadores, la mayor satisfacción que tienen con esta actividad, es ver como un grupo de personas consiguen crear una idea y llevarla a la práctica y que esa idea, proporcione unas horas de alegría y de ilusión a los niños que visitan este Belén viviente y sobre todo, a esos mayores que en los fríos días de invierno se clausuraban en sus casas y no salían hasta que el tiempo amainara, porque ver llegar a personas mayores con sus sillas de ruedas o apoyados en sus muletas, representaba la suficiente gratificación para el esfuerzo que se había realizado.

Los organizadores ya sueñan con esta actividad que ha conseguido trasladarnos en el tiempo y desean que perviva durante muchos años y quien sabe si dentro de una década se conseguirá habilitar toda la calle, incrementando cada año el número de puestos que se muestran a los visitantes.

Para todos los zamoranos representa una ocasión única de poder contemplar la Navidad como todos nos la imaginamos, con ese regreso en el tiempo a nuestras tradiciones que poco a poco hemos ido olvidando.

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