almeida – 08 de agosto de 2016.

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Pocos vecinos de Tábara, podían imaginarse que don José Manuel, el cura que habían conocido durante toda la vida, un día tuviera que dejar el pueblo en el que había ejercido su apostolado.

Pero con el paso de los años, ha sido requerido para ejercer otras responsabilidades que únicamente los que se encuentran más preparados pueden desarrollar y veintiséis años después de llegar a Tábara, ha sido reemplazado por don Carlos, una nueva generación sacerdotal que como su antecesor viene con una mochila cargada de buenas intenciones y mejores deseos.

El obispo de Astorga, don Juan Antonio Menéndez ofició esta transición el domingo 7 de agosto, en una iglesia que se encontraba abarrotada de fieles que no querían perderse este acontecimiento tan especial.

Don José Manuel Ramos Gordón, se hizo cargo de la parroquia de Tábara a principios de los años 90, después de haber pasado por el seminario de La Bañeza y más tarde por el de Astorga donde se formó en Teología y fue ordenado sacerdote en el año 1978.

Su primer destino fue en el Colegio Diocesano de Puebla de Sanabria en el que impartió formación y más tarde siguió con su formación docente en el seminario de La Bañeza hasta que por fin tuvo ese destino soñado en el que todo nuevo sacerdote desea ejercer la labor pastoral para la que ha sido educado.

Durante este tiempo fue complementando su formación a través de la UNED y se licenció en otra de las pasiones que siempre le habían atraído, estudio Geografía e Historia para comprender mejor la historia y el arte que tenía constantemente a su alrededor.

Cuando llegó a hacerse cargo de la parroquia de Tábara, lo hizo además de la de San Martín y la de Escober, comenzaba esa falta de sacerdotes que con el paso del tiempo se iría incrementando y las parroquias a las que debía llevar la palabra de Dios se fueron alternando y en el año 96 dejo San Martín incorporando la de Moreruela y en el 2002, ya llevaba la responsabilidad de ejercer su labor pastoral incluía las parroquias de Riofrío, Sesnandez, Ferreruela y San Martín, ajustes que son necesarios porque en la actualidad, es inconcebible que un sacerdote se haga cargo de un solo pueblo.

La llegada de don José Manuel a Tábara, era uno de esos acontecimientos que con el paso del tiempo comprendes que tenían que haberse producido porque al final el destino del uno va ligado al destino del otro.

En varias ocasiones he comparado esta situación con la que se produjo unas décadas antes cuando don Elías Valiña, llegó al Cebreiro y desde su llegada, revoluciono de nuevo el Camino de Santiago poniéndolo en ese lugar en el que había alcanzado gran esplendor siglos atrás.

En este caso ocurrió algo parecido porque las cosas no suelen ocurrir por casualidad y estaba destinado que debería ser don José Manuel, con su formación en Historia el que se diera cuenta del tesoro que encerraban las paredes de la Iglesia de la Asunción donde mil años antes, Magius, Emeterius y Senior crearon algunas de las más hermosas páginas del arte medieval que desde el Cenobium Tabariense, iluminaron y asombraron al mundo.

Don José Manuel, conocía por su formación académica los Beatos, pero ahora estaba en el lugar en el que Magius encontró la inspiración y como el artista Medieval, se fue adentrando en todo lo que se había conservado con el paso de los siglos, pero para una persona sola, hurgar en todo lo que aún tenía que descubrirse representaba un ingente trabajo y contactó con la Fundación Ledo del Pozo donde encontró la colaboración que buscaba en Fernando Regueras y José Ignacio Benito que le ayudaron a hilvanar todos los cabos sueltos que se iban encontrando y en la revista de la fundación fueron publicando los hallazgos que estaban haciendo hasta que llegó ese primer punto de inflexión que representó la aparición del primer libro y la exposición que se hizo sobre los Beatos.

El contar con la base científica que la fundación Ledo del Pozo ha ido aportando y la colaboración del Ayuntamiento de Tábara y la Parroquia, ha sido fundamental para establecer lo que hoy en día conocemos sobre los Beatos que se crearon en Tábara.

Ha sido una pequeña gran aventura de la que don José Manuel, se siente especialmente satisfecho de haber contribuido a formar parte de la reciente historia que ahora podemos contemplar en el Centro de interpretación de los Beatos de Tábara, así como las personas que durante este tiempo ha tenido la ocasión de conocer como al profesor Williams con quien le unió una sincera amistad porque a los dos les apasionaba lo que estaban legando a la posteridad.

Cinco lustros es un corto espacio de tiempo que muchas veces se pasa en un suspiro, pero hay ocasiones en las que se viven de una forma muy intensa y cuesta dejarlos atrás, porque son ese espacio de tiempo en el que llegas a formar parte de una gran familia como ha sido la parroquia de la que ha sido responsable durante este tiempo.

Atrás van quedando cientos de buenos recuerdos en los que ya vas formando parte de ellos y de las personas que están dentro de los mismos, aunque también en este tiempo han existido esos que te dejan una amargura especial y son difíciles de olvidar, pero en la imaginaria balanza de una parte de la vida, siempre van a quedar esos que de alguna manera te sientes especialmente satisfecho de haber formado parte de ellos.

Es ese poso que vamos dejando en la vida y que llega a quienes han compartido con nosotros muchos momentos, porque siempre nos quedará ese buen recuerdo que dejan las personas en nuestra vida.

Mientras esperábamos la llegada del Sr. Obispo, tuve ocasión de hablar con algunos vecinos y todos coincidían en lo mismo, don José Manuel era, ha sido y es, un hombre bueno y de esa forma es como le van a recordar siempre.

El alcalde de la localidad, destacaba sobre todo la disponibilidad que siempre tenía el párroco cuando alguno de los vecinos necesitaba de sus servicios y para Tábara fue crucial que hubiera desempeñado su labor pastoral en esta localidad porque era la persona que se  necesitaba para sacar a la luz todo lo que con el paso de los años se ha ido conociendo de la importancia de esta población en la historia del arte medieval.

También Rafaela recordaba con mucho cariño a la persona que durante tanto tiempo había sido su párroco, un hombre que siempre había estado preocupado por su rebaño tratando que sus feligreses conocieran esa historia que a él tanto le apasionaba y cada año, organizaba viajes a diferentes lugares para que los vecinos ampliaran más su mundo sin dejar de asistir cada año a las exposiciones que se hacían sobre las edades del hombre en diferentes lugares de Castilla y León.

Ahora don José Manuel tiene por delante nuevos retos, nuevas responsabilidades en las que como en Tábara irá dejando una parte de él y que le ocuparán una buena parte de su tiempo aunque en su mente siempre habrá un espacio para ese lugar en el que dedicó media parte de su vida.

Y el relevo generacional de don José Manuel es don Carlos, un sacerdote que llega muy joven a la parroquia y donde espera ejercer su apostolado con la ilusión y la fuerza que proporciona la bisoñez de los que quieren dejar huella en las cosas que hacen.

Don Carlos Hernández Prieto, nació en La Bañeza y comenzó sus estudios en un colegio de monjas Carmelitas de su localidad y cuando terminó los estudios primarios, pasó al instituto donde hizo el bachillerato. Más tarde comenzó los estudios de ingeniería industrial en la especialidad de electrónica y cuando se encontraba en el segundo ciclo de su formación, descubrió su vocación, él estaba destinado para dar a conocer la palabra de Dios, pero eran momentos confusos porque también pensaba que podía hacerlo formando una familia y se fue librando en su interior ese conflicto que nos permite ver claro cuál es el camino que debemos seguir.

Don Carlos siguió sus estudios sabiendo que al final sería su destino el que le ayudara a ver la luz y la voluntad de Dios acabaría por imponerse y terminó su formación con una beca de Erasmus en Italia donde fue viendo que su destino estaba ligado a la iglesia y cuando regresó, con tan solo 23 años, ingresó en el seminario y aunque siempre perteneció a la diócesis de Astorga, el obispo anterior, don Camilo, quiso que se formara en el seminario de Getafe que contaba con medio centenar de seminaristas y el futuro sacerdote se encontraría más arropado por quienes como él, habían elegido que su destino estaba en servir a los demás mostrándoles la palabra de Dios.

Don Camilo, debió ver algo especial en el futuro sacerdote y decidió que su licenciatura teológica la completara en Roma donde fue ordenado diácono y al completar su formación ya fue ordenado sacerdote.

Desde su ordenación sacerdotal, no ha querido plantearse cuál sería su destino donde ejercer el apostolado, porque prefería dejar que fuera la providencia y sus superiores quienes escogieran el lugar en el que mejor podía desempeñar su labor

Y cuando por fin le confirmaron su primer destino, lo recibió con una mezcla de responsabilidad y emoción, responsabilidad porque se va a hacer cargo de siete parroquias que requieren un esfuerzo importante para poder atender las necesidades de todos los que la requieran.

            Para este relevo, se contó con la presencia y estuvo arropado por el Obispo de la Diócesis de Astorga don Juan Antonio Menéndez quien puntualmente llegó a Tábara siendo recibido a la puerta de la parroquia por don José Ramos San Primitivo alcalde de la localidad y dos concejalas del ayuntamiento de Tábara, Marisa y Bego.

            Los feligreses fueron llenado el templo hasta que se ocuparon todos los asientos de la iglesia y cuando no había sitio, los laterales y el fondo se fueron llenando de vecinos que no querían perderse este momento especial en la vida de un pueblo como es la llegada y toma de posesión de un nuevo sacerdote.

            La misa que se celebró para este acto fue concelebrada por seis sacerdotes que acompañados de los cánticos del coro crearon en la iglesia algunos momentos muy especiales.

            En los primeros bancos las autoridades locales y de los pueblos en los que se encuentran parroquias asignadas al nuevo sacerdote y familiares del nuevo cura que con emoción vieron como su hijo y hermano se encontraba en uno de los momentos más importantes de su vida. Fueron especialmente emotivas las palabras que desde el púlpito le dedicó su hermana en las que se detectaba un especial cariño a quien había sido una parte importante de su vida y ahora le veía feliz haciendo lo que le gustaba.

            José Ramos, alcalde de Tábara fue quien intervino en primer lugar dando la bienvenida a todos los que se encontraban en el templo y agradeciendo la celeridad que se había tenido para este nombramiento y sobre todo, manifestando que fuera el propio obispo responsable de la diócesis el que hubiera venido a hacer el relevo.

            El Sr. Obispo presentó al nuevo párroco diciendo los lugares en los que iba a ejercer su labor evangelizadora (Escober, Ferreruela, Moreruela, Pozuelo, San Martín, Sesnández y Tábara) y fue poniendo en práctica el ritual establecido para estos casos en los que el nuevo sacerdote tiene la misión de ejercer y enseñar el evangelio y lo que se decrete en la diócesis a la que pertenece haciendo una profesión de fe y de obediencia al Obispo y a la Iglesia que representan.

            Tomó al nuevo sacerdote, nombrado el uno de Agosto, su promesa en las creencias de los evangelios y en profesar la fe a lo que el sacerdote asintió y prometió obediencia y fidelidad haciéndose custodio de las iglesias y de los bienes que contenían.

            Seguidamente el sr. Obispo llevó al sacerdote a los lugares en los que ejercería la labor que le había sido encomendada; la pila bautismal donde impartiría el sacramento del bautizo, el confesionario donde perdonaría las faltas de los fieles y finalmente le hizo entrega de la llave que custodia el cáliz y las sagradas formas para que ahora fuera el custodio de los mismos y de esa forma quedaba jurídica y litúrgicamente nombrado para el cargo que debía ejercer en adelante.

            Don Carlos tomó la palabra con el lógico nerviosismo que provoca la responsabilidad de dirigirse por primera vez a los fieles que va a tener en adelante y supo vencer dignamente ese momento, aunque seguro que se quedaron en el tintero cosas que quería haber dicho, pero ya tendrá tiempo para hacerlo.

            Expuso algunos detalles de su trayectoria y los deseos que tenía para llevar su apostolado con dignidad y sobre todo llegando a cada uno de los que le necesitaran.

            Un abrazo del Sr. Obispo al nuevo párroco cerró este emotivo acto tras el cual el sacerdote y el Obispo fueron a la puerta del templo para agradecer la asistencia de los fieles y despedirles.

            Antes de marcharse, el Sr. Obispo dedicó unos minutos a bendecir las cruces y los colgantes que en el albergue de la localidad se entregan a todos los peregrinos que pernoctan en el albergue de Tábara, de esa forma quienes hacen su camino por unas motivaciones religiosas, sienten que lo que llevan en su cuello, al estar bendecido por la máxima autoridad de la diócesis, adquiere un valor todavía un poco más especial.

            De esta forma trascurrió uno de esos actos emotivos en la vida de los pueblos que se producen una vez cada mucho tiempo y seguro que con el paso de los años, algunos vecinos comentarán que ese día, estuvieron presentes en la toma de posesión de don Carlos, lo cual será señal de que ha dejado el poso que todos esperan de él.

   

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Distintos momentos de la ceremonia – Fotos: José Almeida