SAF – 27 de marzo de 2017.

Una de las imágenes más hermosas que se conservan del arte medieval, se encuentra representada por la torre  “alta et lapidea-alta y de piedra”

que el monje Emeterius plasmó en el Beato de Tábara y que nos ha permitido conocer como era uno de los centros en los que la cultura fue creándose entre las piedras de los viejos monasterios.

            Se trata de la lámina más antigua que se conserva de lo que fue un Scriptorium medieval. A través de ella hemos podido imaginarnos como los escribas trabajaban confeccionando el arte que nos han legado a través de los siglos y en ella se muestra la torre original del Monasterio de San Salvador y lo que debía ser el Scriptorium, aunque algunos estudiosos aseguran que esta parte del monasterio se encontraba en una edificación adyacente a la torre.

            En la miniatura se muestra una torre de cinco alturas en la que hay representados siete monjes, cuatro se encuentran en las plantas que dan acceso al campanario y tres en lo que se supone que era el scriptorium del monasterio que se encuentran en su tarea diaria de la confección de los manuscritos.

            Estos tres monjes  se han identificado como Emeterius, el discípulo de Magius que fue quien concluyó el Beato que el maestro no pudo finalizar y frente a él se encuentra Senior, el escriba que trabajó en el Beato de Tábara, así lo recoge la inscripción que el miniaturista puso en una de las esquinas de la lámina. También se puede ver un tercer monje en esta estancia que provisto de unas tijeras era el que cortaba los pergaminos que más tarde los artistas irían iluminando con su genio.

            Fue una producción importante la que se realizó en el Scriptorium de Tábara, pero principalmente el trabajo que los monjes realizaron fue importante porque se comenzó una mutación del estilo mozárabe a una creación más moderna y esto fue gracias al genio y talento del monje Magius que a través del color fue creando un estilo en el arte que posteriormente sería imitado por el resto de los artistas que le precedieron, creando una escuela propia que representó un cambio importante en la comprensión del arte que se realizaba.

            Lo que se concibió en el Monasterio de San Salvador de Tábara, representó la contribución más valiosa de España al arte medieval que en siglos posteriores se fue aplicando a la creación de códices y manuscritos.

            El monasterio no tuvo una supervivencia longeva, pero en el corto espacio de tiempo que se mantuvo en funcionamiento, en su scriptorium se fueron confeccionando muchos de los libros que eran utilizados para la liturgia y cada vez eran más demandados por los nuevos centros eclesiásticos que se fueron construyendo.

            Por eso el legado más importante que ha llegado hasta nosotros de los restos del tabarense cenobium, ha sido a través de lo que los escribas fueron creando en el siglo en el que permaneció en pie.