Cuando llegamos a este mundo, lo hacemos sin nada que nos pertenezca, por no tener, ni contamos con esa facultad de poder movernos por nosotros mismos como hacen otros mamíferos, somos dependientes totales y sin los cuidados de nuestros progenitores, nadie podría desarrollarse por sí mismo en esos primeros años de nuestra vida.

            Pero van transcurriendo los años y esa dependencia, sigue resultando tan necesaria e imprescindible como cuando éramos más pequeños y según vamos creciendo y comenzamos a dejar de ser dependientes, siempre necesitamos ese referente en el que nos vamos fijando, para poder ir adquiriendo los conocimientos necesarios para ser, con el paso del tiempo, lo que cada uno de nosotros llegamos a ser.

            La figura de los padres es durante una buena parte de nuestra vida ese espejo en el que nos vamos fijando y cuando surge algún problema, son ellos, los que siempre están ahí, para que los tropiezos que sufrimos resulten lo más livianos posibles.

            Van pasando los años y necesitamos esa independencia que nos permite vivir nuestra vida, desarrollar cada uno de los sueños, las ilusiones y los proyectos que nos hemos ido formando, es el momento de echar el vuelo, pero al contrario de otros seres vivos, lo hacemos cuando ya se ha cumplido una buena parte de nuestra vida.

            Y aquellos que siempre estuvieron pendientes de nosotros, comienzan a sentir esos achaques que con el paso de los años, consiguen ir degradándoles poco a poco, no solo sus cuerpos, también se van deteriorando mentalmente y es en ese momento, cuando nos vemos en la obligación de devolver una parte de lo que hemos recibido.

            Cuando les llega a ellos ese momento de comenzar a ser dependientes, solo tienen a los que lo recibieron todo, cuando ellos pudieron dárnoslo y nuestra obligación es hacer lo mismo que ellos hicieron con una entrega y una abnegación absoluta.

            Somos ahora los que tenemos que preocuparnos por su bienestar, y tratar de paliar esa dependencia mayor o menor, que en un momento de su vida pueden necesitar y les acogemos y les cuidamos, como ellos tan bien supieron hacerlo con nosotros.

            Y cuando su dependencia es mayor, les buscamos ese lugar que cuente con los medios necesarios para poder hacerlo y como ellos también hicieron, no escatimamos los medios que se necesiten y les buscamos lo mejor que puedan tener para que los años que les queden de vida, los disfruten lo mejor que sea posible.

            Resulta del todo inconcebible, que esas residencias en las que muchos hemos decidido que disfruten los últimos años de sus vidas, se hayan convertido en esas trampas que han conseguido que uno a uno se vayan contagiando y sean el sector de la población que menos esperanza tiene de salir con bien de esta catástrofe que estamos padeciendo.

            Cuando todo esto haya pasado, tendremos que hacer un profundo examen de conciencia para ver si hemos actuado bien, si contábamos con los medios necesarios para dar los servicios que estábamos comprometidos a ofrecer y sobre todo, conocer si quienes podían en un momento determinado, haber puesto los medios para salvarles y no lo han hecho, ha sido porque era imposible o porque así estaba determinado por esos protocolos que se hacen fríamente en un despacho.

            Se lo debemos, porque estábamos obligados a cuidar de ellos en ese momento de sus vidas, en el que ellos no podían hacerlo.