Hay situaciones que en ocasiones se producen, que nos hacen ver claramente cuales son nuestras vergüenzas, esas carencias que nos guardamos para nosotros y que difícilmente podemos hacer públicas.

Desde hace años, se viene denunciando la incomunicación que sufren algunas comarcas, de esas zonas que tradicionalmente se han venido abandonando hasta dejarlas en un olvido insultante.

Primero fueron esas vías tan necesarias para comunicar los pueblos, una comunicación necesaria para poder desplazarse de un lugar a otro. Contamos con el proyecto de alta velocidad en tren, pero muchas veces nos encontramos pueblos, que entre ellos en algunas épocas del año, se encuentran incomunicados y cuando hay alguna carretera, presenta tantas deficiencias, que aventurarse por ellas representa un peligro constante, por los socavones que cada vez se van haciendo más ostensibles y peligrosos. Pero siempre tendremos esa foto en la que se muestra al dirigente de turno, cortando la cinta de una vía por la que nos podemos desplazar a casi trescientos kilómetros por hora, aunque algunos no comprendan cómo ellos no pueden hacerlo a más de treinta o cuarenta, eso si, cuando pueden hacerlo.

La reclusión forzosa a la que nos hemos visto obligados por culpa de un virus en el que nadie pensaba, ha reestructurado nuestras vidas, llegando a colapsarlo todo, porque resultaba inviable e imposible poder desplazarnos de un lado a otro, para evitar su propagación.

Pero acudiendo al refranero que es siempre tan sabio, “Nunca falta un roto para un descosido” y el problema se ha parcheado con hacer las cosas desde casa a través de las nuevas tecnologías.

El teletrabajo se ha escuchado más que nunca y era una opción para seguir desarrollando la actividad que cada uno veníamos haciendo, en lugar de desplazarnos hasta nuestro puesto de trabajo, podíamos hacerlo desde casa y de esa forma se paliaba el problema.

También algunos problemas sanitarios se podían hacer a través de la teleasistencia, porque a los sanitarios se les estaba preparando para ello y cualquier consulta se podía hacer desde esta nueva formula de comunicación.

También los niños, seguirían aprendiendo con esas clases no presenciales, en las que el maestro les seguiría dando clase a través de las lecciones que se impartían por el procedimiento que se estableciera a través de las nuevas tecnologías.

Y así los trámites bancarios, la relación con la administración y hasta lo que nos planteáramos que necesitábamos en esos momentos.

Para eso, como ocurría con la alta velocidad, estábamos ya con proyectos de desarrollo del 5G que eran la panacea, con un solo clic, habríamos reducido el mundo al salón de nuestra casa.

Hay un pequeño detalle que no se ha tenido en cuenta y es que una gran parte de nuestro territorio se encuentra dentro de eso que llaman sombra tecnológica, vamos que no reciben una señal que sea decente para poder acceder a las nuevas tecnologías.

De esa forma el teletrabajo se cae por su peso, cuando una casa rural no puede formalizar reservas de sus clientes o el pueblo no cuenta con cobertura y los ancianos que lo habitan no saben ni cómo utilizarla y los niños que tienen la desgracia de vivir en estos pueblos y no se encuentran entre esa elite informatizada, se quedan sin asistir a clase.

Vemos que los de siempre, se encuentran en inferioridad de condiciones y se rompe uno de los principios de nuestra constitución, esa que dice que todos contamos con los mismos derechos.

Como he escuchado en más de una ocasión, unos circulan en alta velocidad mientras que otros, todavía siguen yendo en burro.