Cuando llega el mes de agosto, el pueblo de Tábara parece que late con otro pulso, porque sus calles, se van llenando de aquellos que un día se vieron obligados a marchar lejos de sus orígenes, en busca de las oportunidades que en el pueblo no tenían, pero las raíces siempre les ligarán a la tierra que les vio nacer y cuando llegan las vacaciones, la primera opción, es disfrutar de su pueblo y de sus fiestas.

El bullicio y la animación que las diferentes cuadrillas y peñas, ponían siempre un colorido muy especial, a unas fiestas que para todos resultaban entrañables, por segundo año se han visto suprimidas a causa de la pandemia que estamos padeciendo.

Con buen criterio, los responsables municipales, han suprimido todos los actos festivos que, durante estos días, se programaban para el disfrute de los vecinos y de todos los visitantes, porque lo primero siempre es la salud y el bienestar de todos los que se encuentran en el pueblo.

Únicamente se ha mantenido con las lógicas restricciones que recomienda el momento actual, el acto de entrega del premio de poesía León Felipe, el poeta peregrino natural de este pueblo, al que se le recuerda en el momento álgido de las fiestas y el lunes día 16 de agosto, en el auditorio Leticia Rosino, se realizará el acto de la presentación del libro ganador de la pasada edición, así como conoceremos al ganador de esta edición.

Sin duda, resultarán unas fiestas un tanto descafeinadas, pero lo importante en estos momentos, es evitar las aglomeraciones que se producen en cada uno de los eventos que conforman las fiestas, para que todos los vecinos disfruten de forma más selectiva de los encuentros con los seres queridos a los que no se les ve desde hace mucho tiempo.

Llegarán tiempos mejores, en los que todo vuelva a la normalidad y recordaremos estos dos años de lapsus forzoso festivo, como esa anécdota que alteró una parte de nuestras vidas y también trastocó el disfrute que representaba regresar a nuestro pueblo, para disfrutar plenamente de los actos que las diferentes peñas e instituciones programaban para todos, donde la alegría y a veces la desinhibición nos permitía participar de esas fiestas, que por segundo año consecutivo no se van a poder celebrar.

Lo más importante y prioritario, es que cuando finalicen estos días en los que se celebraban las fiestas patronales, todos los vecinos que se quedan en Tábara puedan seguir disfrutando de una normalidad que tanto ha costado conseguir y también que aquellos que periódicamente regresan a su pueblo, cuando vuelvan a sus lugares de procedencia, no tengan que lamentar situaciones que ninguno deseamos.

Disfrutemos de estos días de fiesta, con la limitación drástica a la que nos tenemos que amoldar, confiando que en sucesivas ediciones de nuevo podamos disfrutar plenamente de lo que representan las fiestas de nuestro pueblo, que para muchos son únicas, porque llevan parte de ese sentimiento que las convierte en tan especiales.

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