Pienso, luego digo – 24 de febrero de 2019.

Hace tan solo una semana, que cuando algunos leíamos la noticia que se ofrecía a través de los medios de comunicación, no dábamos crédito a lo que nos estaban diciendo.

                En las Cortes de la Comunidad el Santa Sanctórum que va marcando cada uno de nuestros destinos, uno de nuestros representantes políticos, actuando en representación de su grupo parlamentario, presentaba una propuesta, para que Zamora fuera incluida en el selecto grupo de ser declarada como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

                Además de los valores con los que cuenta esta hermosa ciudad, su patrimonio Románico, la convierte en una ciudad única en toda España con ese arte tan admirable.

                Tras una serie de debates y justificaciones difícilmente comprensibles para el vulgo y que solo sus señorías son capaces de comprender, por parte del resto de los grupos representados en la Cámara, mayoritariamente la propuesta fue desestimada, se rechazó que la ciudad bañada por el Duero estuviera en el lugar que le corresponde.

                Puedo entender a ese político de cualquier otra provincia, que solo busca el beneficio para la provincia que representa. Y que a la hora de apretar el botón de su voto le diera igual uno que otro. Pero un zamorano, alguien de esta tierra, el que ha vivido siempre en esta provincia, me cuesta mucho pensar que puede ser capaz de votar en contra, de no apoyar una iniciativa que nos sitúe en ese Olimpo de los lugares que ofrecen un plus por lo que han sabido conservar, ese legado que se ha ido protegiendo de una generación a otra.

                Aquella decisión, no fue entendida por casi nadie, pero sobre todo, no fue comprendida por los zamoranos que se sintieron traicionados al ver que aquellos que decían representarles, quebraban la confianza que alguna vez depositaron en ellos.

                Por todos los lados, se han ido levantando esas voces que clamaban ante la injusticia que se había cometido y tanto ha sido el eco que han debido tener esas voces, que ni los que siempre son capaces de justificar cada cosa que hacen y pueden convencernos de una cosa y de la contraria, porque dominan como nadie el arte de la manipulación dialéctica, han sido capaces de razonar los motivos de aquella injustificable decisión.

                Algunos llegamos a pensar que más incompetencia, resultaba muy difícil poder imaginar y después del iluminado, que tuvo la osadía de denunciar la instalación de la iluminación que tantos beneficios ha reportado a la tierra sanabresa, ya podíamos esperar cualquier cosa, porque todo era posible.

                Imagino que todas las reacciones que se han mostrado radicalmente opuestas a esta decisión y que han ido surgiendo por todas partes, han ido calando en aquellos que de forma irresponsable adoptaron aquella propuesta incomprensible.

                Ha trascurrido poco menos de una semana y de nuevo la propuesta se ha presentado en el mismo lugar y en esta ocasión, sus señorías, debían encontrarse bien aleccionadas, porque han sabido el botón que debían pulsar y lo han pulsado y de nuevo la propuesta para que Zamora sea una candidata para ingresar en el selecto Club de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, ahora es una realidad.

                Solo queda felicitar a los representantes políticos por haber dado muestras de ese sentido común que hace una semana, por algún motivo impensable debieron perder. No vamos a pedir más explicaciones porque desgraciadamente, se encuentran tan entrenados, que van a ser capaces de convencernos porque un día votaron una cosa y una semana después votaron lo contrario.