Crisol – 29 nov 2013.

He leído una noticia, que me ha dejado sin paz

sugiriéndome nostalgias, que os las voy a contar:

Cigüeñas, aves hermosas,

de mi infancia tan feliz,

compañeras de mis sueños,

de proyectos y de anhelos,

!cuánto me han hecho vivir!.

Pensé(con toda la ingenuidad)

que algún día me traerían

rayos de felicidad.

Las pensaba, despacito´

poniendo bajo las llares

de cocinas calentitas,

el paquete más bonito

que los padres deseasen.

En algún lugar de Europa, comenta la tradición,

que las cigüeñas dejaron besitos, con mucho amor,

en una parte del cuerpo que la ciencia angiomas los llamó.

Para mí marcaron tiempos: de invierno y de primavera,

cigoñinos esforzados que aprendían a volar,

machacamiento del ajo que se oía sin cesar,

limpieza de los gusanos que al labrador no le van,

bandadas comunitarias que nos hacían pensar

en el grupo, la comuna y la felicidad conyugal

ya que son familia unida hasta llegar al final.

¿Cómo es posible que acaben con esto tan especial?.

Los recortes han llegado hasta hacernos olvidar

el sabor de nuestro pueblo, la armonía y su volar?

De quien sean estas ideas se habrá de hacerlo mirar.

Porque todos en su casa saben que han de retocar:

tejados, techos, paredes, goteras y cosas más;

pero no se les ocurre cortar por no sanear.

Emulando a Adolfo Béquer se me ocurre reseñar:

Volverán las cigüeñas a otros pueblos

en sus torres sus nidos a posar,

pero aquellas que vieron hacernos hombres

esas ya no volverán.

¿Por qué?. Si queremos perpetuar nuestras raíces, conservar las tradiciones, transmitir la esencia de las cosas que nos humanizan ¿Por qué hacer esto? ¿Será para hacer un pueblo nuevo? ¿Hay que hacer con ellas desahucios para así modernizarnos?.

Me siento triste , vacía y me da por cavilar… si ya nacen pocos niños, sin «cigüeñas» ¿qué será?.

Los cuentos que nos narraban, con la carga que al volar

nos dejaban las cigüeñas se irán hacia otro lugar.

Quiero pensar que sea una falsa alarma y no pase de arreglar el tejado de la iglesia, y ellas pronto volverán.

¿Qué diría  S. Francisco de estas aves sin igual?