almeida – 15 de septiembre de 2014.

Para Pepe, la convivencia con su mujer había llegado a ese punto en el que la magia que antes hacia de pegamento se había ido perdiendo y ya

tenia que pensar durante bastante tiempo las cosas que los mantenían juntos.

 

Pero eran muchos años y no deseaba romper con lo que consideraba que había sido toda su vida, por eso, trató por todos los medios que el desenlace que parecía inevitable no se llegara a producir.

En su afán de buscar soluciones, lo comentó con algunas personas, solo con las más allegadas, con aquellos que no se iban a sorprender en exceso de las confesiones que Pepe les hacia ya que eran conscientes del cambio que en la pareja se había producido porque les conocían desde hacia mucho tiempo.

Uno de los amigos con los que había hablado, le dijo que conocía un caso muy parecido, de alguien que Pepe conocía, aunque no le dijo su nombre por lo que Pepe llego a pensar que estaba hablándole de un caso personal, aunque por prudencia no se lo llego a preguntar.

El caso es que esta pareja había pasado por las mismas fases que Pepe en su relación y cuando ya parecía que todo era inevitable, alguien también les aconsejo que recorrieran juntos el Camino, era la mejor terapia y ningún consultor matrimonial o el mejor psicólogo podían superar el tratamiento que representaba el camino ya que la relación no solo no se rompió sino que al regresar de Compostela, estaba más fortalecida que nunca, la magia había reaparecido con tanta intensidad como estuvo en el momento más álgido de la relación.

Pepe le dio vueltas a lo que su amigo le había comentado y fue interesándose por ese camino que para él era un completo desconocido. Fue leyendo todo lo que caía en sus manos y ciertamente había algunos testimonios que ratificaban cuanto su amigo le había comentado.

Solo veía un problema que le parecía casi insalvable, él estaba dispuesto a hacer el esfuerzo que representaba la peregrinación, lo que cuestionaba era que su mujer estuviera dispuesta a dejar la comodidad de su casa y meterse a dormir en lugares extraños y que además parecían muy poco confortables.

Pero en la situación que se encontraba, no podía perder nada por intentarlo, era consciente que prefería tener una negativa a la duda de que hubiera ocurrido si no lo hubiera ni tan siquiera intentado.

Cuando le expuso a su mujer su proyecto, ésta se dio cuenta que todavía le importaba a Pepe y aunque no le dio una respuesta concreta, fue cambiando su comportamiento y de nuevo parecía que lo que estaba a punto de romperse, volvía a la estabilidad de años atrás y la relación fue mejorando día a día hasta que a Pepe le dio la impresión que se había restablecido por completo.

Después de las cosas que había leído sobre el Camino, esta mejoría la atribuyo a una intercesión que para el resultaba inexplicable, pero para muchos otros también había situaciones incomprensibles, pero les habían ocurrido y Pepe creyó ser uno más de estos afortunados.

Un poco por superstición y otro por agradecimiento, Pepe creyó que no debía descartar el proyecto que se había ido formando en su cabeza y creyó conveniente seguir adelante con sus planes, haría él solo esa peregrinación para agradecer, si es que había que agradecer a alguien la intercesión para que su problema se hubiera solucionado de aquella manera.

Decidió hacer únicamente los cien últimos kilómetros, si con ellos conseguía la compostela que certificaba su peregrinación, también tenia el derecho a postrarse ante los restos del santo y agradecer lo que éste hubiera podido mediar como tantas veces lo pidió en los momentos de más desesperación.

Había reservado una semana, seria suficiente para el viaje, recorrer ese tramo del camino y cuando llegara a Santiago pasar un día perdido por sus calles disfrutando lo que había realizado.

Los primeros días, fueron muy duros, no estaba acostumbrado a aquellas largas caminatas por terrenos  irregulares y cargado de peso, por lo que esos días pensó en dejarlo todo y abandonar, no tenía sentido lo que estaba haciendo y cuanto más lo pensaba, mas convencido estaba que había sido una estupidez, pero Pepe no era de los que abandonan las cosas que comienza y sufriría dos o tres días más hasta llegar y olvidarse para siempre de aquella locura sin sentido que estaba haciendo.

Cuando llego a santiago no sintió la misma sensación de alegría que experimentaban los que caminaban con él por lo que se convenció más de que él no tenia nada que ver con el resto de los peregrinos, ellos recorrían el camino con otras motivaciones más especiales y sobre todo más firmes que las suyas.

Después de los rituales típicos de la mayoría de los peregrinos y sobre todo cuando regresaba a su casa, algo fue cambiando en los sentimientos de Pepe, ahora comenzaba a darse cuenta de lo que había hecho, sentía unas sensaciones de todo lo que le había aportado el camino y sobre todo, valoraba cada uno de los instantes que había pasado en el mismo, incluso esos momentos en los que estuvo a punto de abandonarlo todo y regresar.

Cuando se encontraba ya en su casa, fue compartiendo con su mujer las sensaciones que había tenido y sobre todo fue viviendo de nuevo su camino cuando leía cosas de los sitios por los que había pasado y esas historias que ya no eran las que otros contaban, era lo que le había ocurrido a él y no supo apreciarlo en toda su intensidad cuando lo estaba viviendo.

Ahora la magia del camino se había introducido en él, sentía esa energía que desprende el camino en todo lo que leía en todo lo que comentaba y sobre todo en cada una de las cosas que hacía, por lo que fue planificando sus siguientes vacaciones para, en lugar de estar una semana en el camino, recorrerlo durante quince días, iría hasta Roncesvalles y llegaría hasta donde sus pies le llevaran.

A esa primer experiencia que ahora comenzó a sentir de una forma muy intensa en la que llegó a un pueblo entre Burgos y León, siguió otra retomando el camino desde donde lo había dejado y cuando llegó por segunda vez a Santiago, su mente ya estaba en la siguiente ocasión en la que recorriera el camino completo, desde Roncesvalles hasta Santiago, para lo cual tenia que emplear todas sus vacaciones, pero no le importaba, era consciente que de esa forma disfrutaría plenamente de cada uno de los días que pasara sobre el camino.

La magia del camino había germinado en su interior y ahora cada vez que tenia algunos días libres, eran para dedicarlos al camino por lo que a pesar de las quejas de su mujer, se fue distanciando cada vez mas de Pepe hasta que ocurrió lo inevitable, aquello por lo que Pepe había comenzado el camino, para mantener a su lado a su mujer, había sido el instrumento que finalmente había conseguido separarles de forma definitiva.

Cuando Pepe me comentaba esta historia, se percibía en su rostro algo de tristeza que enseguida era ocultada por la satisfacción con la que hablaba del camino y se quedó meditando un rato en silencio y lo rompió diciéndome:

-Tenía que ser así.