Aseguran, que en el momento que dejamos este mundo, con nuestra marcha se queda un vacío, que el transcurrir del tiempo finalmente acaba diluyéndolo. Pero siempre hay algunas personas, que consiguen dejar un vacío, que difícilmente el tiempo es capaz de rellenarlo y hacerlo olvidar.

La maldita pandemia se llevó por delante a muchos seres queridos y entre ellos, en el 2020, cuando estaba finalizando aquel fatídico año, también se llevó a Eugenio Rosado, una persona querida y apreciada en este pueblo.

Como el inmortal poeta Tabarés, Eugenio se convirtió en un permanente peregrino desde que vio sus primeras luces en la ciudad de Ávila. Fueron numerosos los sitios en los que ejerció como agente forestal (La Santa Espina, Almazán, Tábara, Sepúlveda, Teruel), en los que seguramente también dejó un buen recuerdo en aquellos que le conocieron.

Era amante de la naturaleza y su vida la dedicó a este medio, donde se formó como perito agrícola y sus estudios y su formación le trajeron en el año 1968 a Tábara para ejercer como agente comarcal de extensión agraria.

Era un enamorado del mundo rural en el que se desenvolvía y mientras estuvo ejerciendo su profesión, siempre se mostraba dispuesto para ayudar a quienes lo necesitaban, aunque los asuntos para los que era requerido, no tuvieran nada que ver con el trabajo que desempeñaba.

Tábara le marcó de una manera muy especial, porque aquí conoció a la que sería con el tiempo la madre de sus hijos y eso es algo que liga a las personas de un modo muy especial a la tierra que te ha dado tanto.

Cuando Eugenio se jubiló, estaba convencido de que los días que le quedaban de vida, los pasaría en el lugar que tanto le había proporcionado y se trasladó a Tábara, porque los recuerdos y el medio en el que se encontraba, le harían disfrutar plenamente de los años que todavía le quedaban de vida.

Era frecuente ver paseando a Eugenio por las calles de Tábara aunque donde más disfrutaba, era en el contacto con la naturaleza y daba grandes paseos descubriendo aquellos lugares por los que no había pasado anteriormente y recordando los sitios que tan buen recuerdo habían dejado en su memoria.

Marcha eugenio 10

Todos los parajes que se iba encontrando en el medio rural, le gustaba reflejarlos en la libreta que siempre llevaba y poco a poco, fue confeccionando una serie de rutas, que, con el transcurrir del tiempo, se han convertido en algunos de los senderos que muchos continúan recorriendo en la actualidad, porque además de reflejarlos en los planos que fue haciendo, detallaba con mucho interés, cada uno de los lugares que los caminantes no debían pasar por alto.

Esa afición por el mundo natural y por las costumbres del pueblo en el que se encontraba, dieron lugar a una serie de escritos que se conservarán con el paso del tiempo y también impartió numerosas charlas, que periódicamente fue ofreciendo a las gentes de este pueblo.

Eugenio siempre se mostraba dispuesto a colaborar en todo lo que se le pedía y además de su afición por descubrir nuevos rincones y parajes de esta comarca, colaboraba en todo lo que se le demandaba, especialmente cuando llegaban las ansiadas fiestas patronales de la localidad.

Esta implicación Eugenio con el pueblo que también le había acogido y donde se sentía especialmente feliz, hizo que, en el año 2016, el ayuntamiento de Tábara, pensara en él para ser el pregonero de las fiestas y también fue reconocido como Tabarés del año.

No han transcurrido dos años, desde que nos dejó y el recuerdo de Eugenio para muchos, se ha convertido en uno de esos vacíos que van quedando con el paso del tiempo, pero este inquieto peregrino, porque peregrino se considera el que siempre se está haciendo preguntas y busca horizontes nuevos, estará eternamente con nosotros a través de todo el legado que fue dejando por medio de sus charlas y escritos.

El Covid-19 cercenó muchos de los proyectos que Eugenio tenía en mente y su familia, ha recopilado algunos de los escritos en los que estaba trabajando y que no llegaron a ver la luz, y en todos ellos, siempre recogía algunos de los rincones por los que tanto disfrutaba caminando.

Seguro que en ese inmenso firmamento en el que ahora se debe encontrar el bueno de Eugenio, habrá algunos parajes muy parecidos a los que recorría mientras estuvo con nosotros y una persona tan inquieta como él, seguirá investigando y descubriendo esas rutas con las que tanto disfrutaba.

Al final, la vida representa un mero tránsito para ser humano y acabamos abandonándola cuando el destino así lo determina, aunque el recuerdo de algunas personas, quedará permanentemente ligado a nosotros por ese importante legado que supieron transmitirnos.

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