almeida – 23 de septiembre de 2014.

Un mes tras otro la edad de algunos peregrinos iba menguando de forma considerable hasta que llegó al albergue Marc, que se convirtió en el

más joven peregrino de cuantos se alojaron durante el primer semestre en el albergue.

 

Marc caminaba acompañado de su padre y era muy dicharachero y preguntaba por cada una de las cosas nuevas que veía en ese afán de conocimiento que se puede tener a los nueve años.

Pero Marc era un novel en ese primer camino que estaba recorriendo, no se lo había planteado nunca porque una de las cosas que menos le gustaba era caminar, quizá, el no dejar solo a su padre por caminos desconocidos o una apuesta de veinte euros que se cruzó por medio cuando su padre estaba planificando este camino, fue lo que le dio ese empujón tan necesario para atreverse a dar el primer paso.

Tuvo que enfrentarse a otro contratiempo esos primeros días de camino, su mente acostumbrada a estar en constante movimiento le obligaba a sacar de su interior todo lo que en ella se iba acumulando y en la soledad del Camino había tantos momentos para pensar que llegó a odiar esa soledad a la que estaba siendo sometido, pero estoy convencido que con el paso del tiempo, recordaría con añoranza esos instantes que sin darse cuenta le estaban permitiendo conocerse un poco mejor a si mismo.

Cuando pasaban cerca de un río o un embalse que había junto al Camino, su padre hacía una parada simulando un merecido descanso porque sabía que Marc disfrutaba contemplando los peces y eso le daba nuevos ánimos para seguir adelante.

También disfrutaba mucho contemplando las ruinas de los numerosos templos que se encontraban en el Camino mientras escuchaba de labios las historias que su padre le iba contando, unas veces extraídas de la guía que llevaba consigo y las más, fruto de la imaginación de lo que debió acontecer en aquel lugar.

Ya habían pasado la mitad de la prueba, solo le quedaban una docena de etapas por delante y el joven peregrino estaba convencido de que aquella apuesta que se cruzó en un lejano día se encontraba más que nunca al alcance de su mano y muchas veces imaginaba lo que iba a hacer con aquella fortuna que se estaba ganando merecidamente a pesar del dolor que debía soportar en sus pies cuando llevaba caminando varias horas.

Por lo que pude ver, se estaba forjando en aquel joven un futuro peregrino, aunque no fuera consciente de ello porque ahora estaba en esa fase de la peregrinación en la que vas absorbiendo todo y apenas cuentas con el reposo suficiente para poder digerirlo.

Pero en el momento que llegara a Santiago y regresara a su casa, comenzaría la verdadera peregrinación de Marc, esa en la que vas recordando con calma todo lo que te ha ido aportando el Camino, hasta esos momentos de sufrimiento en los que la superación hace que el dolor sea secundario y cuando los has conseguido vencer te das cuenta de lo fuerte que puedes llegar a ser y que la palabra imposible solo existe en la imaginación.

Estoy convencido que llegará ese momento en el que vuelva a acoger a Marc en el albergue y disfrutare escuchando esas historias que solo una mente infantil sabe como transmitir a los demás.