Como cada 20 de enero, la pequeña localidad de San Lorenzo se vistió hoy de tradición y fervor para honrar a sus mártires, San Sebastián y San Fabián, así como para bendecir a los animales en la festividad de San Antón. Esta celebración anual no solo une a los habitantes de San Lorenzo, sino que también atrae a visitantes de Tábara y otras áreas cercanas que desean participar en esta tradición tan arraigada.

La jornada comenzó con la procesión de San Antonio y a continuación la Santa Misa en la iglesia local, donde los fieles se congregaron para rendir homenaje a los mártires San Sebastián y San Fabián.

Una vez finalizada la misa, la plaza de San Lorenzo se convirtió en el epicentro de la celebración. Bajo un espléndido sol y una temperatura agradable, los residentes y visitantes se reunieron para disfrutar de un pequeño ágape organizado por el Ayuntamiento. La gastronomía local fue la protagonista, con especialidades que deleitaron los paladares de todos los presentes.

La subasta en la plaza es una de las tradiciones más esperadas de la festividad. Este año, además de los productos de la tierra y los típicos rosarios de fruta, el momento más esperado llegó con la presencia de dos pollos de corral y un cordero, generosamente ofrecidos por los fieles para ser subastados. La participación activa de la comunidad en este evento ha convertido la subasta en un espectáculo colorido y animado, donde la generosidad de los presentes se hace realidad, este año se recaudaron algo más de 200 €.

Manolo fue nuevamente el encargado de poner voz y organizar la subasta, como lo ha hecho durante años. Su habilidad para animar a la multitud y su carisma le han ganado el reconocimiento de todos los participantes, convirtiéndolo en una parte esencial de la tradición anual.

La celebración de San Sebastián, San Fabián y San Antonio en San Lorenzo no es solo un acto religioso, sino una expresión viva de la identidad y la tradición de este encantador barrio. La subasta, con sus inesperados elementos y la participación activa de la comunidad, demuestra que, sin duda, las tradiciones son el alma de los pueblos y contribuyen a preservar su singularidad a lo largo del tiempo.

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