almeida – 1 de Julio de 2015.

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No esperaba que llegara nadie al albergue, habían pasado dos horas desde que los peregrinos solían hacerlo y me imaginé que estaría un día más sólo, por lo que, para evitar lo largas que se llegan a hacer las horas cuando no tienes nadie con quien conversar, decidí acercarme hasta el centro del pueblo en la biblioteca, siempre encontraba algún motivo de distracción.

            Cuando estaba a punto de entrar en la biblioteca, vi que por el camino llegaban dos rezagados peregrinos, eran mayores y su andar se hacía lento, además recorrían el camino sin prisa, disfrutando de cada uno de los momentos que este les roporciona.

            Les espere en la esquina por donde debían pasar y cuando me vieron celebraron encontrarse con otro peregrino, llevaban varios días caminando solos y siempre se agradece nueva compañía.

            Era confuso escucharles hablar, no lo hacían en la misma lengua lo que llegó a desconcertarme un poco hasta que me fui situando, unas veces hablaban en alemán, otras en italiano y la mayor parte en francés lo que resultaba bastante curioso.

            Cuando llegamos al albergue y tomé sus datos, pude ver que uno era italiano y el otro alemán, pero entre ellos no se entendían, por lo que habían recurrido al francés y de esa forma al menos hilvanaban algunas palabras para poder comprenderse.

            Durante la cena, la conversación era de lo más surrealista ya que el alemán no comprendía el castellano y el italiano por afinidad y semejanza comprendía algunas palabras, pero me fui dando cuenta que con buena voluntad, no hay barreras para las personas si queremos llegar a entendernos.

            Cuando me quería dirigir al peregrino alemán para comentarle alguna cosa, se lo decía al italiano y éste a su vez en francés iba traduciendo lo que yo quería saber y cuando el peregrino me respondía, repetíamos a la inversa el mismo procedimiento.

            He de confesar que en pocas ocasiones en un albergue me he llegado a comprender tanto con dos peregrinos extranjeros, tanto es así que prolongamos la tertulia después de la cena durante bastante tiempo y me di cuenta que los tres nos encontrábamos muy a gusto con aquel intercambio que estábamos haciendo.