almeida – 16 de junio de 2015.

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La sociedad en la que vivimos, se encuentra cada vez más dominada por las nuevas tecnologías de la información, cualquier cosa que deseemos conocer, únicamente debemos conectarnos a Internet para que toda la información que hay disponible sobre ese tema este de inmediato a nuestro alcance.

                Es frecuente ver en un albergue a la mayoría de los peregrinos centrados en sus tablets o en sus móviles estableciendo conexiones con personas o lugares que nos parecerían increíbles.

                Siempre he sido de la opinión que una de las aportaciones que nos hace el camino es poder desconectar de ese estrés diario que todos en algún momento llegamos a tener, por eso no concibo los albergues que se dotan de las últimas tecnologías, para que los peregrinos no echen en falta todo lo que les rodea en su vida diaria.

                Televisión, radio, internet, wi fi, chocan tanto con la filosofía con la que debe entenderse el camino que aquellos albergues que ofrecen estos servicios creo que están muy alejados de esa filosofía que en algún momento hizo diferente al camino, pero cada vez es más frecuente encontrarnos con este tipo de establecimientos donde los peregrinos finalizan cada jornada para encontrar ese descanso que les permita recuperarse de la jornada que acaban de realizar, aunque desconectar, creo que eso nunca van a conseguirlo.

                También a la hora de planificar el camino, solemos comportarnos de una manera parecida. Soy consciente que la mayoría que se enfrente por primera vez al camino, tienen tanto desconocimiento de lo que van a hacer que es bueno saber al menos dónde se van a meter y es aconsejable una pequeña información para tener una referencia de los lugares por los que van a pasar y las cosas y los servicios que se van a encontrar más adelante.

                Pero de ahí, a emborracharse de datos y saturarse de información, hay una diferencia ostensible. Estamos matando la magia que tiene el camino que consiste en la sorpresa permanente, dejarse emocionar por una iglesia o un monasterio espectacular que no esperábamos ver en aquel lugar o ese paisaje único que de vez en cuando el camino nos regala en alguno de los recodos o desniveles que superemos.

                Algunos peregrinos llevan tanta información, que permanentemente les van informando con todo lujo de detalles de lo que van a ver unos metros más adelante, se descargan aplicaciones que les mantienen constantemente informados de lo que cada minuto tienen que ver o se van a encontrar.

                “Nada más pasar el puente, a cinco metros a la derecha hay una fuente, a la izquierda se encuentra una iglesia de estilo románico del siglo XIV, pasas el roble seco de la derecha y ves un cruceiro que le falta una de las aspas de la cruz que la partió un rayo y entre las doce y la una, en la base del cruceiro un perro de color canela suele descansar y…..”.

                A veces ves a un peregrino en el cruceiro esperando al perro canela porque según le dice la información tiene que estar y ese día no ha aparecido y si no se presenta es capaz de ir a buscarlo para ver como es el perro que le dicen en la guía.

                Como suele decir un buen amigo, “manda huevos” lo que tenemos que ver. Se está rompiendo todo el encanto de la sorpresa y la emoción que nos suele ofrecer el camino, porque si vamos escuchando las emociones que sintió el narrador cuando las experimentó, nunca van a ser las nuestras y nos estaremos perdiendo esa magia de las cosas que se ven por vez primera, o cuando ya hemos pasado anteriormente por allí, seguro que las volvemos a contemplar de una manera distinta, pero es por cómo ese día sepamos contemplarlas, por el ánimo que llevemos o por la luz que la naturaleza le esté ofreciendo en esos momentos, que suele ser diferente cada vez que pasamos por el mismo lugar.

                En una ocasión me encontraba en una ciudad hablando sobre el camino ante un grupo de peregrinos y de futuros peregrinos y surgió una de esas preguntas que siempre salen a la palestra por quienes tienen un completo desconocimiento del camino, era una joven que estaba entre los asistentes y que me di cuenta que escuchaba con mucha atención lo que estaba contando y cuando terminé la intervención, en el turno de preguntas, levantó la mano y pregunto:

                -Soy novata en esto del camino, dentro de dos meses, pienso recorrerlo por primera vez y me gustaría saber qué cosas son las que tengo que llevar y qué lugares son los que no debo dejar de ver.

                Había sacado una libreta para ir apuntando todo lo que esperaba que yo le contara y le dije que no hacía falta apuntar nada, podía guardarse el bolígrafo y la libreta porque lo iba a memorizar todo.

                -No soy partidario de dar consejos, eso generalmente lo hacen las personas con mucho conocimiento de las cosas y yo todavía me encuentro en una fase muy larga de aprendizaje. Pero sobre la pregunta que haces, lo mejor, es que cada día en el camino sigas siendo una novata, que veas las cosas por ti misma y no por lo que te cuenten y sobre todo, que cuando presencies alguna cosa, te dejes sorprender por lo que estás contemplando. De esa forma seguro que vas a disfrutar más del camino que aquellos que vayan contigo y ya sepan lo que se van a encontrar.

                Imagino que si la joven siguió este raro consejo que suelo dar, disfrutaría como nadie de ese primer camino que iba a recorrer.