Cada vez que escucho a través de los medios de comunicación, alguna noticia que no me resulta lógico comprender, tiendo a imaginar una frase que defina lo que la noticia significa para mí y en esta ocasión, el título, responde correctamente a la primera impresión que tuve cuando escuché esta información.

Recurriendo a la definición del adjetivo empleado, me doy cuenta que se ajusta perfectamente a lo que yo pensaba, porque la desvergüenza, es la carencia de vergüenza, la insolencia o la ostentación de faltas y vicios y no me cabe duda, que la mayoría de nuestros representantes públicos, cuando adoptan algunas decisiones, se ajustan perfectamente a lo que la mayoría pensamos de ellos.

En mi bisoñez, siempre había considerado que el arte de la política, consistía en que personas sensatas, coherentes, y porque no decirlo, decentes, con diferentes puntos de vista sobre un problema concreto, se sentaran para exponer cada uno su punto de vista y cediendo en aquellas cuestiones que no se apartaran de sus principios y llegaran a un acuerdo satisfactorio para la mayoría.

Pero me estoy dando cuenta, que el arte de la política, la que ahora padecemos casi a diario, únicamente consiste en denigrar las posturas del adversario y no ceder ni un ápice en las propias, porque no llevar adelante los planteamientos de partida, se consideraría una humillante derrota.

Todos los representantes políticos, sin excepción, se han sumado al carro de la despoblación, más bien yo diría que al abandono al que han sometido a determinadas partes del territorio y cada vez que tienen la oportunidad, hacen gala de su implicación en revertir este problema, aunque no nos engañemos, todo es pura fachada, son unos artistas para decir lo que el auditorio al que se dirigen quiere escuchar, dependiendo del lugar al que establezcan sus promesas.

Hasta el Congreso de los Diputados, después de un año en el que se había suprimido un servicio básico para la ciudad de Zamora, como era el tren madrugador que permitía a muchos zamoranos desplazarse hasta la capital para realizar cualquier gestión y ante la demanda cada vez más reiterada de la necesidad de reimplantar este servicio, sus señorías han estimado instar a Renfe para que restablezca ese servicio tan vital, para evitar el aislamiento cada vez más progresivo al que nos están sometiendo.

No se ha conseguido nada de momento, porque no hay nada más que una recomendación a quienes tienen la facultad de hacerlo, pero al menos se ha conseguido que se hable del problema, pero desgraciadamente hemos visto el interés que sus señorías han demostrado ante algo que resulta tan vital para una zona cada vez más aislada.

Es vergonzoso que uno de los intervinientes haya alegado falta de información para definirse sobre el problema que se planteaba. Que carezca de información cuando el vicepresidente de la comunidad, recientemente aseguraba que el problema de la despoblación de Zamora estaba ligado directamente con la mala comunicación con la capital o cuando el presidente de la Diputación ha convertido este problema en una de sus banderas de batalla resulta, cuanto menos chocante, siendo colegas del mismo grupo político y no son tantos, para que exista una coordinación más fluida.

También es sangrante que hace menos de dos años, los que ahora se abstuvieron ante esta propuesta, recorrían con un gran despliegue de todos sus dirigentes, las calles de Zamora solicitando el apoyo de los ciudadanos con promesas como las que ahora, le resultan cuanto menos incómodas, porque tienen la facultad de cumplir cuanto prometieron y ya vemos donde va cada una de las promesas que nos hacen.

Sus señorías aseguraban que era deficitario este servicio y seguramente se quedaron tan anchas ante tal manifestación, sin pensar que el bienestar del que nos hemos dotado, cuenta con unos servicios que a veces resultan deficitarios, pero para eso nos dotamos de ellos, para conseguir un estado de bienestar que nos permita, entre todos, cubrir ese déficit tan necesario para los más necesitados.

Aconsejaría a quienes justificaron su voto en base al déficit que el servicio podía tener, que cada mañana cuando se enfrenten al espejo, analicen el déficit que ellos suponen para los que dicen representar, seguramente los que conserven todavía un poco de dignidad, abandonarían el lugar en el que se encuentran, porque para los ciudadanos representan una rémora cada vez más difícil de poder sobrellevar.