Rafael González Rodríguez – 04 de febrero de 2017


Parte 2 de 2

En 1900 se suprime la Escuela Superior de Diplomática y se agrega a la de la Facultad de Filosofía y Letras, llamada de San Isidro. Su colección numismática pasó al Museo Arqueológico Nacional, y su colección diplomática al Archivo Histórico Nacional.

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Sello de tinta de la Escuela Superior de Diplomática de Madrid. Beato de Tábara. AHN fol. 27v.

Otra de la personas que debió consultar el códice tabarense por estos años fue Máximo Fuertes Acebedo. En 1885 publica su obra “Bosquejo acerca del estado que alcanzó en todas épocas la literatura en Asturias, seguido de una extensa bibliografía de los escritores asturianos”. Fuertes Acebedo dedica una entrada a la obra de Beato, y entre los códices que cita se refiere al nuestro de la siguiente manera: “Otro códice también del siglo X, se conserva en la Escuela Superior de Diplomacia, escrito en vitela a dos columnas y con preciosas iluminaciones”. Hay que destacar que por primera vez se hace referencia al manuscrito de la Escuela Superior de Diplomática como un Beato, pero sorprende también que se destaque la calidad de sus miniaturas. En la actualidad, uno de los aspectos más llamativos del códice es la salvaje mutilación de sus folios y la perdida de la mayoría de sus ilustraciones.

Entre los años 1891 y 1898 Konrad Miller publica los seis fascículos de sus “Mappae Mundi”. El correspondiente al año 1895 se ocupa de los mapas de los beatos y en él registra el manuscrito de Tábara, que sitúa en la Escuela Superior de Diplomática. En lo esencial sigue a Muñoz y Rivero y Fuertes Acevedo, pero añade una relación muy completa de los Beatos entonces identificados.

H.L. Ramsay incluye el Beato de Tábara en su artículo “Manuscripts of the Commentary of Beatus of Liebana on the Apocalypse”, publicado en la “Revue des Bibliothèques” del año 1902. Nada nuevo aporta en este caso para el conocimiento del códice. Sigue las noticias proporcionadas por Muñoz y Rivero, y considera, como ya hizo Flórez, el códice como modelo del Beato de las Huelgas. Al reproducir los datos de Muñoz y Rivero sigue dando nuestro Beato como perteneciente a la biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática, a pesar de que en 1900 esta institución estaba ya extinguida.

3. El Códice en el Archivo Histórico Nacional

Un nuevo hito en el conocimiento de nuestro códice se produce en el año 1906 con el artículo de Blázquez “Los manuscritos de los Comentarios al Apocalipsis de S. Juan por San Beato de Liébana”. Hasta donde hemos podido averiguar es aquí donde por primera vez se hace alusión a la famosa miniatura de la torre. El autor sitúa inequívocamente el códice en el Archivo Histórico Nacional. Además, basándose en una lectura muy particular del colofón, se sugiere que el propio Beato habría sido enterrado en el claustro del monasterio zamorano, y no en Valcabado como algún otro autor había propuesto con anterioridad: “por lo cual puede llamarle verdaderamente Beato, aludiendo a que lo era dos veces, por ser éste su nombre y por sur virtudes: y, en este caso, de ser cierta esta interpretación, habrá que buscarlo en ese olvidado monasterio, en cuya torre bizantina doblaron las campanas al abandonar esta vida para siempre; torre que aparece dibujada con primor en el manuscrito mencionado”.

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Sello de tinta del Archivo Histórico Nacional. Beatode Tábara. AHN, fol. 1v.

La descripción de Blázquez revela un minucioso reconocimiento del códice en el estado en el que se encontraba entonces (1906) en Archivo Histórico Nacional. Varias son las informaciones de interés que se pueden extraer de este artículo. Por ejemplo, los dos folios con las genealogías se encontraban al final del volumen y no al principio como actualmente se exhiben. Esta disposición se corrobora con algunas fotografías antiguas de las que luego nos ocuparemos. Por tanto, el folio con la omega final y la miniatura de la torre no era el último del manuscrito, tal y como apuntó en su momento Carmen Crespo. También hay que aclarar un malentendido que se ha repetido con insistencia, en el sentido de que este folio estaba invertido. El testimonio de Blázquez deja claro que la omega con la suscripción era el recto del folio y la miniatura el vuelto.

Por último, menciona la primera exposición en la que compareció nuestro manuscrito, concretamente en la Exposición Cartográfica de Amberes, si bien se exhibió solamente una copia de alguno de los folios:

“Ejemplar del Monasterio de Tabarés, hoy en el archivo histórico. Año 970: VI kalendas augustas hora VIIII. Al final tiene las siguientes indicaciones relativas a la fecha y personas que le escribieron […] Al dorso de este folio hay una lámina en colores, representando la torre del Monasterio, la habitación destinada a escritorio y a Emeterio copiando el pergamino, y en hoja posterior un mapamundi de pequeñas dimensiones, de forma circular […] En la exposición cartográfica de Amberes se presentó una copia, haciéndose la afirmación de que los ejemplares de Gerona, Turín y París eran reproducciones de este mapa; pero tal afirmación es completamente inexacta, pues sólo coinciden con él en ser mapas mundi”.

Llegamos al año 1908 y a la monografía de Juan Menéndez Pidal sobre los restos y memorias del monasterio de San Pedro de Cardeña. El texto está extraído del tomo XIX de la “Revue Hispanique”. En relación con la antigua torre prerrománica del monasterio burgalés, dedica este autor un amplio comentario a la miniatura de la torre de Tábara, con la que encuentra importantes analogías. Incluye, además, una lámina con una reproducción de la miniatura que resulta ser un dibujo interpretativo y en parte reconstructivo de sus elementos principales. Es un dibujo distinto, aunque en la misma línea al que incluirá más tarde Gómez Moreno en sus “Iglesias Mozárabes”.  Esta lámina corresponde en este momento al folio 163v., y no al 167v como ocurre en la actualidad, pues todavía no se había producido la reencuadernación que dejó este folio como folio final.

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Torre del monasterio de San Salvador de Tábara – Calco según Gómez Moreno «Iglesias mozárabes», 1919.

 

Torre de Tábara según Juan Menéndez Pidal, «San Pedro de Cardeña. Restos y memorias del antiguo monasterio», 1908.

Manuel Gómez Moreno tuvo un conocimiento tardío de la existencia del Beato de Tábara, y por ello no fue citado en su «Catálogo Monumental de la Provincia  de Zamora». El texto del catálogo fue publicado en el año 1927, pero los estudios y viajes del arqueólogo granadino por la provincia corresponden a los años 1903 a 1905. En el texto hay un apartado dedicado a la iglesia románica de Santa María de Tábara, donde incluyó la lectura de sus epígrafes y noticias sobre la fundación del primitivo monasterio por San Froilán, pero ninguna información sobre el Beato ni sus miniaturas.

Será en el año 1913 cuando aparezca en el “Boletín de la Sociedad Española de Excursiones” su artículo “De Arqueología mozárabe”, donde describe brevemente la miniatura de la torre: “Los monasterios de San Froila es verosímil que fuesen arruinados por las tropas de Almanzor en 981, entre el centenar de iglesias y pueblos de los contornos zamoranos que entonces cayó; pero del de Távara nos queda el interesante dibujo, hecho por Emeterio en 970, de su torre, alta et lapídea, con arcos de herradura en varios pisos a que se subía por escaleras de mano; un andén de madera vuela en lo alto, y hay campanas dispuestas sobre el tejado en soportes ligeros”.

Es en su obra «Iglesias mozárabes» donde se suministra la información, como ya dijimos, de que el manuscrito «fue comprado para la extinguida Escuela diplomática a D. Ramón Álvarez de la Braña». No incluyó fotografías del manuscrito, pero sí un calco de la miniatura de la torre.

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Torre del monasterio de San Salvador de Tábara – Calco según Gómez Moreno «Iglesias mozárabes», 1919.

 

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Nota con el número de registro de la restauración del Beato de Tábara en 1974 por el Servicio Nacional de Restauración de Libros y Documentos. AHN, tapa de la nueva encuadernación.

 

 

Publicado por

Rafael González Rodríguez

(Fue Presidente del Centro de estudios Benaventanos Ledo del Pozo)