Manu Mediaoreja – 9 de agosto de 2014.

Capítulo octavo de los Entresijos del Cartel de Fiestas Tábara 2014

El Birria tabarés y los Ocho danzantes.

Vestigios de una medieval «fiesta de los locos» de origen incierto y que se

pierde en el devenir de los tiempos; mascaradas de invierno, arcanas ovisparras; tradición y chamanismo transformado en danza.

 El birria: un personaje que en otros lares y tierras del antiguo reino asturleonés tiene nombres tan similares como guirria, guirrio (en el norte zamorano y León) o irrio (en Ourense)… y cuyo significado se pierde en el devanando de una de las tres Parcas o tal vez, por herencia visigoda, de una las tres Nornas. Comparte los profanos altares del panteón animista norte peninsular con otros de igual naturaleza y devoción, festejados entre el solsticio de invierno y los albores del nuevo año, de nombres curiosos como zangarrones, cigarrones (Galicia), zamarrones, zamarracos y zorromuakos, tafarrones, cencerrones… y un sinfín de curiosos «_rrones».

En la provincia de León, sobre todo en la Maragatería, tenían fama los “guirrios” o “birrios», que acompañaban a unos «conductores del arado» en una arcaica celebración llamada, precisamente, la Fiesta del Arado. En ella, ciertos hombres, disfrazados unos de varones y otros de mujeres, tiraban de un arado, montados sobre zancos, vestidos de pieles y adornados con cencerros, llamados “zamarrones” los que se disfrazaban de hombres, y “xiejas” [sic] los que lo hacían de mujeres; todos ellos conducidos por una especie de director de ceremonias, el “birria” o “guirria”.

En Rabanal del Camino, la noche de Año Viejo salían los “zamarracos”, vestidos con pieles de oveja, portando grandes cencerros o “campanos” y tapándose la cara con máscaras de viejos desdentados; el 14 de septiembre, los “birrias” bailaban, en esa misma localidad, danzas de “palos y cintas”.

Tales mascaradas de invierno tienen, cuando menos, curioso parentesco con aquellas de Tracia, los “kalogheroi” (ghe=entre una che y una ye) que tanto me recuerdan fonéticamente a los Carochos alistanos o a aquel otro Colacho burgalés. Julio Caro Baroja ha apuntado hacia la posibilidad de que estas mascaradas procedíeran directamente de los ritos dionisíacos; por tanto, en último análisis, estarían relacionadas con los orígenes mismos del Teatro.

Volviendo al Birria tabarés, los informantes lo definen como un diablejo o diablo burlesco, que no encarna ni el bien ni el mal. De carácter antojadizo y espontáneo, de libre albedrío con tal de divertir y hacer reír a la gente. Con la función de maestro de danzas, es experto conocedor de todos los «lazos» por lo que era usual que, de repente, ocupara el lugar de uno de los danzantes, en otras ocasiones lo sustituye si es necesario; otras, los provoca y confunde durante la ejecución de la danza…

En lo sagrado, mantiene ciertos poderes de su antigua naturaleza chamánica que se mezclan con las posteriores creencias religiosas; como llenar su gran castañuela con agua bendita al entrar a la iglesia y la ofrecía a las autoridades y a sus compañeros danzantes. Recogiera también el antropólogo Rodríguez Pascual, el testimonio de cierta informante muy anciana, que hablaba de un rito singular, agregado a la primitiva fiesta del Birria, y que se celebraba a finalizar el año, tal vez el día de San Esteban. Durante ella se hacía la hoguera del solsticio de invierno, al estilo de la que existe todavía en Carbajales. Las madres llevaban a ella a los hijos enfermos, sobre todo a los herniados, que aquí llaman quebrados o potrosos. Existía la creencia generalizada de que se curaban si el Birria saltaba el fuego ante la presencia de sus progenitoras.

Coinciden muchos de estos personajes con el uso de la ceniza, que lanzan a los vecinos; a mi se me antoja, aun siendo ésta hipótesis peregrina, que tenga cierto paralelismo, y por tanto exista alguna relación, con la ceniza que hoy día administran los sacerdotes antes de la cuaresma.

No puedo, por más que parezca una locura, ver en estos personajes de las liturgias paganas de invierno cierto parecido con el chamán, especie de brujo, médico y sacerdote, de la lejana Mongolia, que porta gran pandero y ataviado con ropajes de andrajos y jirones de telas de colores.

Algo que une aún más a nuestro birria con su naturaleza de creencias protohistóricas es su indumentaria: máscara que lo fuera de media cara, según ciertos testimonios gráficos en blanco y negro, y cubriendo la cabeza, una piel completa de zorro. Escuchara alguna vez a mi padre decir que de lobo; y que llevaba un muñeco-bebé atado al culo, o sea, al rabo, pues diablo parece ser el birria, o mejor dicho, a tal categoría de demonio hicieranlo descender, tal vez, años de Inquisición y oscurantismo de un malentendido cristianismo, pasando de ser, tal vez, un dios de la naturaleza o brujo chamán, a ser un espíritu maligno de las más bajas esferas infernales. Completa su atuendo con calzones de dos colores como aquellos de época barroca, dejando ver los volantes o puntillas de las bragas o ropa interior. Vestía camisa al uso engalanada con algún que otro lazo ancho como los que adornaban ligas y el traje femenino tradicional.

Prácticamente estos personajes de vestimenta colorista y estrafalaria debían confeccionar sus hábitos con lo primero que encontraban en arcones y baúles antiguos, es decir, no existía un diseño particular para ello sino que constaba de una amalgama de esto y lo otro y lo de más allá.

Actualmente, todo el traje es bicolor, cual Polichinela de La «Commedia dell’Arte», «blasonado» en cuarteles rojos y verdes con camisa amplia y manteniendo los pantalones bombachos con puntillas en ambas bocaperneras, valona blanca -que lo acerca nuevamente a dicho personaje del teatro napolitano-, máscara de diablo, tocado con una piel de lobo, cinturón blanco y una muñeca atada a la cintura cayendo por detrás. En las manos porta una gran castañuela y una pelota atada a un palo con cascabel a modo de arma de martirio, de la que hace buen uso, ora para abrir corro donde los danzantes poder mostrar su bien hacer, ora para penalizar cualquier fallo de uno de ellos, ora para dar un buen rapapolvos al despistao del público congregado que rompe el corro y entorpece la buena marcha de la danza…

Sobre mascaradas de Zamora:

Francisco Rodríguez Pascual, Calendario 1988. Caja Zamora.

Extensa documentación sobre el birria y la danza de paloteo:

Carlos Fresno Gago

http://villadetabara.blogspot.com.

Termino a modo de resumen con una definición que diré simplemente «encontré por ahí por el web», que no es cuestión hacer aquí un ensayo cuajado de citas y referencias bibliográficas:

«BIRRIA: m. Personaje ataviado de modo grotesco encargado de dirigir la danza y sancionar a los danzantes que se equivocan en su ejecución, propinándoles un pelotazo de trapo con su látigo. Igualmente, está encargado de recoger los presentes y donativos que los asistentes ofrecen a los integrantes de esta comparsa como premio a su intervención, además de despejar de público el lugar donde se va a efectuar la danza. Este término también se emplea para designar a los guirrios o zamarrones que componen las comparsas del ‘antruido’ o carnaval.»