almeida – 10 de agosto de 2014.

Los ojos de muchos peregrinos pasan inadvertidos ante numerosos “hospitaleros” que desde que entran por la puerta de los albergues solo se preocupan de mirar su cartera y lo que ésta puede adelgazar mientras se encuentran en aquel lugar.

Algunos, no han aprendido nada de la esencia del Camino, solo emplean esas técnicas de marketing que los más aventajados de los parques de Disney, supieron aplicar con tanto éxito para los fines que perseguían.

Un café, un refresco, un menú, una gorrita de recuerdo, un pin,…..todo tiene su precio y se encuentra en los lugares estratégicos para que nadie se marche sin haberle exprimido bien. Para los usuarios es una satisfacción, porque cuantas más cosas lleven de recuerdo de “su camino”, más peregrinos se sentirán.

Algunos de los que tanto hicieron porque este camino resurgiera con la vitalidad que lo ha hecho en los últimos años, ya ni lo reconocen y muchos se avergüenzan al ver en lo que se ha convertido.

Pero, quienes llevan el verdadero control de este montaje, se frotan las manos. Los resultados están siendo como esperaban y los objetivos que se marcan cada año, se ven con creces superados y eso es lo que cuenta, que los números salgan y la cuenta de resultados vaya engordando más y más.

También la hospitalidad se ha perdido en gran parte. Esa esencia que caracterizó a esta ruta de peregrinación, ahora se encuentra solo en un puñado de lugares mantenida por esos románticos que como quijotes aguantan, hasta que se den cuenta que tampoco merece la pena su esfuerzo, porque es como una gota en el océano que no va a hacer que se calme la tempestad.

Todas las cosas que se van poniendo de moda y atraen a numerosas personas, es necesario que sean reguladas para poner un poco de orden y marcar unas pautas mínimas de comportamiento. Pero es el tiempo el que va ratificando su viabilidad y si es necesario modificar alguna de ellas para que haya un buen uso, se cambia y de esa manera se mejora lo que se pretende controlar. Pero cuando entre estas normas, falta incluir el sentido común, que debe aplicarse cuando se compruebe que todo lo escrito es papel mojado, sin esta norma fundamental, todo acaba desmoronándose.

Cuando algunas mentes pensantes quisieron establecer unas normas para ordenar la llegada de peregrinos y entregarles la ansiada Compostela, establecieron unas reglas con las que se calificaba a los peregrinos. Los que iban caminando debían hacer 100 km y los que recorrían el camino en bici 200 km.

El tiempo ha demostrado que este criterio es lamentable, aunque quien seguramente en la sombra movió los resortes para que se impusiera, tenía una visión de futuro y era consciente de lo que estaba haciendo, así Galicia se llevaba toda la parte de ese enorme pastel que se estaba cocinando.

Se producen casos que son significativos, un peregrino que venga caminando desde su casa a mil, dos mil o tres mil kilómetros, si el último día se lesiona y no pone el sello correspondiente, no se le considera peregrino y no se le entrega la Compostela. En cambio, otro “peregrino” que se va hasta Sarria,que allí coge un taxi para comenzar en el Km 100 y la mayor parte del trayecto va utilizando los servicios de transporte publico, es merecedor de este papel que le acredita como peregrino, aunque no lleve consigo ninguna sensación que le haya aportado el Camino.

Por eso, cada vez son más los peregrinos que rechazan recoger la Compostela porque su camino, lo llevan consigo y no necesitan decirles a nadie lo que han hecho.

En este circo que se ha montado hay muchos responsables que funcione como funciona y nadie debe evadir su responsabilidad y mucho menos ponerse esas medallas de hospitalero, peregrino o cualquier otro atributo que ante los demás nos lleve a demostrar lo que amamos al Camino.

Hay una norma no escrita que dice que tienen prioridad sobre todos los demás, los que hacen la peregrinación caminando y la Credencial que se ha convertido en otro importante negocio, da unas pautas que luego no se cumplen casi nunca, pero para poder acceder a la Compostela, es preciso llevar la oficial y que ésta tenga los sellos correspondientes.

También la Credencial, se ha visto superada por los nuevos hábitos y está desfasada. Sería conveniente hacer un nuevo análisis, que se reúna una comisión para estudiar lo mejor para que los números sigan saliendo y se establezca una  modalidad cada vez en más uso que es la peregrinación en autobús y por que no, mirando al futuro se podrían contemplar otras formas que irán saliendo como puede ser la peregrinación en charter. Se puede justificar aludiendo al progreso y lugares emblemáticos del camino (Eunate, Castrogeriz, Frómista, Puente Orbigo, Manjarin, O Cebrero,…. ), dispondrían de pequeñas pistas de aterrizaje para acogerlos.

Es una ironía por supuesto, pero es tristemente una realidad en la que el peregrino no cuenta para nada, cada vez cuenta menos y al final se convierte en una mera estadística, los sentimientos y las vivencias que ha podido experimentar durante su camino se quedan relegadas a la simple anécdota.

Cada vez más, los peregrinos van huyendo de esos caminos en los que las carreras, los madrugones, los enfados han devorado la magia que antes contaba este sendero. Ya no se comparten las cosas, se busca ser el primero y eso va a hacer que este Camino, como muchos lo quieren, tenga los días contados y acabará desapareciendo. Cíclicamente es algo que viene ocurriendo a lo largo de la historia, pero nunca ha llegado a pervertirse con tanta rapidez como lo está haciendo ahora.

Es muy frecuente ver como según vas caminando, te adelanta un autobús lleno de animosos peregrinos a los que se les suelta uno o dos kilómetros antes de llegar a los finales marcados en las guías como conclusión de la jornada y como borregos van cogiendo sus pequeñas mochilas (todas iguales), en la que introducen una bebida isotónica, unas barritas energéticas y toman sus bastones teleféricos para afrontar ese o esos kilómetros que les van a convertir en peregrinos auténticos lo que podrán demostrar cuando vuelvan a su vida cotidiana, por los cientos de fotos que se van sacando en el cuarto de hora que van caminando.

En si, eso solo sería una anécdota para los que llevan en sus piernas treinta kilómetros si cuando llegan al albergue no tienen que enfrentarse con la cruda realidad diaria que es comprobar como todas las literas se encuentran ocupadas por esos esforzados peregrinos que ya tenían su sitio reservado con antelación, para eso hacen el Camino con una agencia que tiene todo previsto.

Ingenuamente, había pensado que esto era únicamente cosas del Camino Francés, por eso cuando hablaba con los peregrinos que vienen recorriendo el Camino Sanabrés, buscando esos caminos alternativos en los que todavía se puede encontrar esa soledad que muchos desean en el Camino y me daba cuenta que independientemente de la procedencia de los peregrinos que llegaban al albergue, todos hablábamos el mismo idioma.

Pero la vorágine que está teniendo el Camino, llega a todos los rincones y ninguno se salva de esta depravación que esperabas no llegar a ver en algunos sitios.

Hace unos días, pasaron por el Albergue de Tábara unos peregrinos que sentían como en este Camino podían respirar. No era preciso sentir las prisas porque los pocos peregrinos que lo estaban recorriendo, deseaban disfrutar de cada uno de los instantes que pasaban sobre el mismo.

Con alguno de ellos, una vez que abandonaron el albergue, continué manteniendo un contacto telefónico y a través de él, me iban detallando las vivencias que cada día les aportaba el camino, pero todo se vio alterado cuando llegaron al Concello de Dozón.

Incrédulos, la docena de peregrinos que estaban haciendo juntos cada etapa, vieron que el albergue se encontraba completo, había llegado un autobús con peregrinos. Yo les calificaría de sinvergüenzas que no tenían ningún rubor en privar a los peregrinos de su merecido descanso.

La indignación de los peregrinos llegó a tal extremo que fue necesaria la intervención de las fuerzas de orden público que se limitaron a levantar un acta que se traspapelará en cualquier cajón, pero no se aplicó ese sentido común del que antes hablábamos y los peregrinos tuvieron que ir a un polideportivo y recuperar sus fuerzas mientras los peregrinos sinvergüenzas se reponían de su esfuerzo en las literas y seguro que hasta estas se sentían mancilladas por acoger a aquellos personajes.

No vale echar culpas a los demás y pasarse de la mejor manera la pelota como hizo la persona encargada del albergue en esos momentos. La responsabilidad es de todos, de la administración por no tener soluciones para este problema cada vez más frecuente, de los hospitaleros que tienen que aplicar el sentido común en lugar de cubrir los objetivos marcados y por supuesto y sobre todo, de esos que usurparon el descanso de los peregrinos y cuando regresen a sus casas, no tendrán ningún remordimiento de lo que han hecho, porque para eso han pagado un viaje organizado, su conciencia no permitirá pensar en nada más.

Cuando el huevo eclosionó, milagrosamente, uno de los polluelos que nació, se convirtió en una gallina que diariamente daba unos huevos dorados que fueron enriqueciendo al dueño del gallinero, pero, un día éste quiso tener el placer de deleitarse con el sabor de aquel animal que le proporcionaba tanto bienestar y asó la gallina para ser el único que disfrutaría de aquella exquisitez, aunque para ello tuviera que matarla y verse privado para siempre de aquellos huevos que le proporcionaban todo cuanto necesitaba.