almeida – 25 de enero de 2016.

            El peregrino que atraviesa los Pirineos o el que comienza a caminar en las faldas de este límite geográfico, cuando llega al albergue, casi antes de sellar su credencial y sobre todo, antes de proporcionarle la litera, lo primero que debe hacer es abonar el importe que le supone dormir en el albergue.

            Las cantidades que tienen que abonar, ya están previamente asumidas por los peregrinos, no suelen ser importes grandes, oscilan entre los cinco y los doce euros dependiendo de los albergues y de quienes los regentan, pero esas cantidades ya estaban previstas en el presupuesto que tenían para su camino.

            Cuando ya llevan casi una semana caminando, llegan a albergues diferentes, no ven detrás de la mesa de recepción a funcionarios o trabajadores, comienzan a ver a peregrinos, se comportan como ellos y antes de sellar su credencial, suelen preguntarles por cosas que son cotidianas (la etapa, el cansancio, las lesiones, …). Tampoco les piden nada por alojarse allí, solo hay una hucha en la que pone “Donativo”.

            Algunos peregrinos no saben cómo reaccionar y se excusan diciendo que luego pasaran porque en ese momento no llevan suelto, aunque la mayoría suele dejar en la hucha lo mismo o una cantidad similar a la que le pidieron en los últimos albergues que estuvieron. Lógicamente, los que no llevaban suelto, no debieron cambiar en todo el día porque no vuelven a pasar por la recepción en la que se encuentra la hucha de los donativos.

            Estos peregrinos de ahora en adelante se dedicarán a buscar información sobre esos albergues que en lugar de cobrarles diez euros, les piden solo la voluntad. De esa manera alargarán más los recursos de que disponen para hacer el camino, dejaran cinco euros en el albergue y los otros cinco serán para tomar unas copas.

            Según van pasando las etapas, estos peregrinos cada vez van destinando un importe mayor para las copas, porque al fin y al cabo se pasan más tiempo en el bar que en el albergue y solo van dejando esas monedas que llevan sueltas en la hucha de los donativos, así las quitan de sus bolsillos y llevan menos peso en la etapa siguiente.

            El problema surge cuando se van dando cuenta, que en muchos pueblos, a primera hora de la mañana, los bares suelen estar cerrados y solo encuentran máquinas que les sirven todo tipo de productos, pero esas solo funcionan con monedas, entonces también las van guardando por si se encuentran una máquina de estas y tienen necesidad de coger algo. Su conciencia les dice que en el albergue hay mucha más gente y ya dejarán ellos, si uno no deja nada, tampoco se va a notar. Además, son los curas y los alcaldes los que mantienen esos lugares y es ahí donde tienen que destinar los dineros que manejan, que al fin y al cabo son de todos.

            Poco a poco, son aquellos albergues de donativo los que van recogiendo, o mejor dicho van siendo ocupados desde las primeras horas del día por estos peregrinos. Unas horas antes que el albergue abra sus puertas ya hay una larga fila de mochilas y cuando estamos en albergues que se encuentran después de Burgos, estos peregrinos casi esconden el donativo que van a dejar. No se dan cuenta que al hospitalero le da lo mismo lo que su conciencia le diga que tiene que hacer, porque él no está allí para ejercer de recaudador y procura no fijarse en lo que cada uno deposita, incluso si puede estar alejado de la caja de los donativos, lo prefiere.

            En estos lugares, donde se presencian situaciones incomprensibles para quien ama el camino y dedica parte de su tiempo libre para que los peregrinos se sientan cómodos y a gusto. Una de las situaciones más esperpénticas que me he encontrado, fue una ocasión cuando cinco peregrinos dejaron como donativo por los servicios recibidos (alojamiento, ducha, limpieza, cocina, desayuno,…….y cariño), uno con ochenta y cuatro euros, cada uno de ellos dejó de media treinta y seis céntimos. Ni tan siquiera para pagar la lejía que ese día se utilizó para la limpieza del albergue.

            Estas personas tendrían que saber que el albergue no se mantiene del aire y el día en que no cubra los gastos, tendrá que cerrarse y entonces ellos si quieren hacer el camino, deberán abonar lo que les pidan en los sitios que les acogen porque solo se trata de un negocio.

            A veces, pienso que estas actitudes son producto de la ignorancia, muchos asimilan la palabra donativo con limosna, las confunden y es necesario que aprendan el significado de cada palabra.

            De todas formas, qué me importa a mí que haya personas que actúen de esa manera, yo no estoy allí para eso, siempre intento ver la botella medio llena y cuando me encuentre allí ofreciendo mi servicio y mi tiempo libre, siempre pensaré en esos otros peregrinos, en esos que casi no he mencionado en esta historia. Son los que me hacen volver cada poco tiempo a estos albergues en los que al peregrino siempre se le verá por lo que es y no por lo que depositen.