almeida – 9 de enero de 2015.

amorIsaac había vivido muchas experiencias. Algunas de ellas eran tristes y desagradables, aunque él siempre buscaba la parte positiva de

cada una de las historias. Desde que inició su camino, extraía siempre de cada situación aquello positivo que podía servirle para enriquecerle personalmente.

 

Había una historia que por encima de todas las demás le había emocionado ya que era de esas que sintetizan la esencia de este camino, que cuando se termina, cambia por completo la vida de quienes lo han recorrido.

Coincidió en una ocasión en una ciudad italiana con una pareja que le contó una historia que consiguió conmoverle y para él se convirtió en uno de los recuerdos más bonitos que había experimentado en el camino.

El caprichoso destino quiso una vez más interponerse en la vida de dos personas para cambiarlo y darle un nuevo sentido.

Nicola era un químico que trabajaba en una ciudad del norte de Italia. En ocasiones había escuchado a sus amigos hablar del Camino de Santiago. Fue tanto lo que le hablaron de él, que también le entró ese gusanillo y se dispuso a recorrerlo. Ese año no tenía previsto hacer nada concreto en sus vacaciones y pensó que era el momento de hacerlo. Saldría en autobús desde su ciudad y comenzaría a caminar en Somport. Inicialmente había pensado hacerlo desde Donibane Garazi, pero un relato que leyó en Internet le hizo cambiar de opinión.

Isabel era médico, había terminado sus estudios con brillantes notas en la capital italiana y pronto encontró trabajo en una clínica privada. A Isabel le unía una gran amistad con su hermana Ana, esta era algo más pequeña y siempre había sido considerada la cabeza loca de la familia por su espíritu aventurero, pero Isabel le tenía mucho respeto ya que siempre disfrutaba con lo que le contaba cada vez que regresaba de algún sitio.

Los dos últimos años, Ana había recorrido el Camino de Santiago y le hablaba de él con tanto entusiasmo, que su hermana comenzó a identificarse con este sendero y hasta que no consiguió que Isabel le prometiera que las próximas vacaciones irían las dos juntas a recorrer este Camino, Ana no cesó de hablar de él.

Fueron planificando cómo lo harían, decidieron llegar hasta el sur de Francia y desde allí cruzarían los Pirineos, por una senda que había marcada llegarían a Roncesvalles y desde allí con muchos más peregrinos se dirigirían a Santiago. Sería maravilloso hacer juntas este Camino ya que aunque estaban muy unidas, esa aventura reforzaría los lazos de amistad que tenían.

Un mes antes de comenzar su aventura llamaron a Ana para un trabajo. Inicialmente pensó en rechazarlo, no quería romper los planes que había hecho con su hermana, pero necesitaba aquel trabajo, era una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo y no se atrevía a decir que no.

Se reunió con Isabel y la contó lo que ocurría, ésta le dijo que aceptara el trabajo, que ya dispondrían de otra oportunidad para hacer juntas ese Camino, pero eran tantas las ilusiones que se habían hecho, sobre todo Ana, que deseaba que Isabel sintiera lo que ella había experimentado cuando lo recorrió.

Ana le dijo que aceptaría el trabajo con la condición que ella no rompiera los planes que habían hecho, pero Isabel no era tan decidida como su hermana y no se atrevía a afrontar sola aquel Camino desconocido.

Fue tanta la insistencia de Ana, que fue desmontando todos los recelos que Isabel tenía, consiguió que su hermana se comprometiera a recorrerlo sola y cuando se encontrara perdida, pensara en su hermana para que ella la sacara del apuro en el que se encontrara.

Nicola llegó un día antes que Isabel y comenzó su camino, también ella inició el suyo al día siguiente, se encontraban separados por más de cien kilómetros de distancia y ninguno de los dos conocía la existencia del otro, pero generalmente, los caprichos del destino suelen ser desconocidos hasta que llegan a manifestarse. Entonces uno comprende que son así y que tarde o temprano tenía que ocurrir porque estaba escrito, aunque fuera con una tinta invisible que necesita ese reactivo que la haga legible y se pueda seguir el hilo de la historia.

La primera sensación que ellos tuvieron,  durante esa primera semana que llevaban caminando, fue para los dos muy agradable, se estaban encontrando con lugares y personas maravillosas, no se arrepentían de la decisión que habían tomado ya que el Camino para ellos estaba resultando como se habían imaginado.

Cuando llevaban diez días caminando, en un albergue del Camino se cruzaron sus miradas y aunque ellos aún lo ignoraban, también se acababan de cruzar para siempre sus vidas.

Espontáneamente a la puerta del albergue comenzaron a hablar y luego fueron juntos a dar una vuelta por el pueblo, los dos habían sentido algo especial por el otro y se encontraban muy a gusto.

Quedaron en caminar juntos al día siguiente, ahora comenzaron a comprobar que el Camino era diferente a lo que habían experimentado los días anteriores, observaban las cosas con otros ojos y todo cuanto veían había cambiado o quizá eran ellos los que habían cambiado. Se encontraban ante un nuevo camino que todavía no sabían lo que iba a depararles.

Cada jornada estaba resultando mejor que la anterior porque ellos se encontraban mejor cada día, ahora iban disfrutando de cada uno de los minutos que pasaban juntos y los recuerdos de cada uno de los rincones del Camino se estaban guardando en lo más profundo de su archivo de los sentimientos.

Algunas veces sus manos se comenzaron a tropezar, hasta que, ya sin ningún disimulo, comenzaron a caminar de la mano y fueron alejándose de los peregrinos que iban andando junto a ellos para disfrutar de esos minutos de intimidad que las parejas suelen buscar con bastante frecuencia.

Antes de llegar a tierras gallegas, ya se habían declarado su amor y todos los que caminaban con ellos observaban con algo de envidia la felicidad que desprendía esta pareja. Era una de esas historias de amor que surgen en el Camino, porque es allí donde las almas gemelas que van por caminos diferentes acaban un día por ir por el único camino que tienen por delante y terminan reencontrándose.

Los últimos días de camino en tierras gallegas fueron haciendo planes de futuro, no querían pasar ni un solo día más separados, ya lo habían estado toda su vida, ahora disponían de una nueva vida por delante, la vivirían intensamente y sobre todo lo harían juntos.

Como el trabajo de Nicola tenía más flexibilidad para cambiar de ciudad ya que la empresa en la que trabajaba contaba con delegaciones en la mayoría de ciudades italianas, sería él quien se desplazara hasta donde Isabel vivía.

Cuando llegaron delante de la fachada de la catedral, se abrazaron y se besaron, pocas veces las viejas piedras centenarias observaron tantas muestras de amor como las que se daban aquellos peregrinos.

No solo mostraron sus respetos al apóstol, también le agradecieron que hubiera hecho posible aquel reencuentro. Siempre le tendrían presente porque él había tenido mucho que ver con la felicidad que el destino les tenía reservado.

Un mes después, acompañados de sus familiares, amigos y algunos peregrinos que fueron testigos de su amor en su camino, se casaron en la capital italiana, ahora sus almas se habían enlazado también ante el apóstol que les había bendecido cuando permitió que se conocieran en el Camino.

Pronto vino el fruto de aquel amor, Lucía, una hermosa niña que colmó la felicidad de los dos peregrinos, era su alegría y solo deseaban que la niña fuera creciendo para que cuando ya se pudiera desenvolver por ella misma, llevarla a aquel camino mágico en el que fue concebida. Debía conocer la historia que unió a sus padres, querían que Lucía también sintiera esa magia que desprendía el Camino.

Fue otro mes inolvidable, porque ahora comenzaron a disfrutar desde el primer momento que pusieron sus pies en el Camino. También la pequeña hizo que fuera diferente, ya que ellos la iban contando historias que habían vivido años atrás en cada uno de los sitios por los que pasaban y la pequeña estaba siendo la atracción y el capricho de la mayoría de los que caminaban con ellos, pues disfrutaban con su compañía y sobre todo con sus ocurrencias tan infantiles y siempre tan sinceras.

Le debían tanto al Camino, que buscaron la forma de devolvérselo. Una idea se fue gestando en la cabeza de Isabel, como no podían estar siempre que lo deseaban en el Camino, harían que el Camino y los peregrinos fueran a ellos y trabajaron para ver cumplido su sueño.

Los peregrinos de su país que querían hacer el camino saliendo desde otro de los centros importantes de peregrinación, el primer lugar del camino que pisarían sería su casa, establecieron en ella el primer albergue de peregrinos de la ciudad.

Allí fue donde les conoció Isaac y mientras jugaba con la pequeña Lucía, que estaba sentada en sus piernas, fue escuchando de boca de sus padres la historia que solían contar a algunos peregrinos que estaban preparados para comprenderla.