almeida – 27 de abril de 2014.

Quien no ha escuchado en alguna ocasión este popular dicho de adivinar quien fue antes, si el huevo del que salen luego las gallinas o las gallinas que son las que ponen los huevos.

Reconozco que nunca me había detenido a pensar en ello, porque tampoco le daba importancia como para dedicarle el tiempo que podía emplear en otras cosas. Pero el Camino, tiene esas cosas que te hace pensar en algunos temas banales pero transcendentes y estos días, me ha venido este pensamiento a la mente.

Desde que soy peregrino y sobre todo desde que parte de mi tiempo lo dedico a la hospitalidad acogiendo a los peregrinos que llegan hasta el albergue en el que me encuentro, he meditado en muchas ocasiones sobre la importancia de la hospitalidad que se ofrece en el Camino. Esta es lo que hace diferente a esta ruta de peregrinación y ha permitido que sobreviva si cabe con más fuerza desde hace doce siglos.

Las tradicionales rutas que seguían los peregrinos (Roma, Jerusalén,…) con el tiempo fueron decayendo y sólo la peregrinación a Compostela ha sobrevivido con tanta fuerza como en sus momentos de mayor esplendor. Esto ha sido posible porque desde la edad media se acogía a los peregrinos en los hospitales que se destinaban a tal fin y a pesar de los momentos de declive, siempre se han mantenido algunos lugares en los que la hospitalidad se ha seguido ejerciendo.

Lugares como la Cofradía del Santo, los Falifos, y monasterios e Iglesias, han dado acogida al peregrino, ofreciendo a veces sencillos lugares en los que poder descansar resguardados de las inclemencias del tiempo.

Pero la escasez de peregrinos, hizo que también los lugares de acogida fueran decayendo llegando casi a su extinción hasta que don Elías y más tarde Lourdes y otros que tomaron su ejemplo fueron dando de nuevo esa magia al Camino que siempre le había caracterizado. Nacieron los hospitaleros voluntarios y el Camino resurgió y volvió a florecer.

Pero, siempre hay situaciones que pueden llegar a distorsionar la realidad. También fue surgiendo el negocio alrededor de la acogida tradicional que durante mil doscientos años se había dado a los peregrinos. Quienes sentían de verdad la peregrinación, buscaban estos lugares de acogida que cada vez más estaba siendo desplazados por el negocio que se mueve alrededor del Camino.

Pero en el Camino hay sitio para todos y quienes buscan esa magia y espiritualidad que guarda en sus entrañas el Camino, conseguían siempre llegar a estos sitios y los que buscaban otras cosas, contaban con una oferta suficiente y variada en los lugares que se habían establecido como una forma de ganarse la vida, tan respetable como cualquier otra, pero diferente a ese espíritu que caracterizó al Camino desde sus orígenes.

No me cabe la menor duda que muchos lugares por los que pasa el Camino, serían muy distintos sin la presencia constante de peregrinos y los negocios que en ellos florecen no lo harían sin ese transito constante de los peregrinos.

Siempre que he dedicado mi tiempo a ofrecer la hospitalidad a quienes recorren el Camino, he ido a aquellos albergues en los que lo importante es mirar a los ojos de los peregrinos en lugar de mirar su cartera. Porque para mi, el peregrino, siempre será lo más importante en el Camino, aunque respetando aquellos otros lugares en los que se ofrece la acogida de otra forma.

Creo que recuperar la acogida tradicional que se ofrecía a los peregrinos es una suerte para quienes podemos y estamos convencidos de ello, por eso desde que idee un proyecto cuyo fin es la recuperación de esta hospitalidad me he volcado en hacerlo una realidad y si un día es imitado por alguien más, será una satisfacción personal que el ejemplo que he seguido de buenos hospitaleros que están haciendo esta labor, me sirva y a la vez pueda ser copiado por otros.

Todo esto, viene a cuento porque recientemente he estado reflexionando sobre este tema a consecuencia de una amistosa discusión con una persona que trataba de hacerme ver que la hospitalidad representaba una competencia desleal para los establecimientos que se dedican a la acogida de peregrinos como forma de negocio.

Creo que ya tengo la suficiente experiencia y sobre todo la convicción necesaria para darme cuenta que mi interlocutor defendía unos privilegios que había ido consiguiendo con el tiempo que llevaba establecido, seguramente, cuando comenzó a dar acogida a los peregrinos lo hizo como una parte más de su negocio, pero los valores que cada uno tenemos al final de la jornada, cuando los peregrinos dejaban el albergue, eran muy diferentes. Después del abrazo de despedida a los peregrinos, yo siempre iba a ver los comentarios y las impresiones que dejaban en el libro destinado para ellos y les decía adiós mirándoles a los ojos, mientras que mi interlocutor, estoy convencido que tenia otras prioridades, loables y muy respetables, pero diferentes a las mías.

Por eso cuando he vuelto a pensar en si fue primero el huevo o la gallina, le he dedicado únicamente los segundos para ponerlo como titular, porque siempre ante esa tesitura, me voy a quedar con el peregrino que ha sido y será siempre lo primero.