Reconozco que nunca he sentido la tentación de participar en aquellos juegos que jamás han conseguido atraerme y sobre todo, nunca he tratado de adentrarme, en aquellos que desconozco las reglas y tampoco me ha interesado mucho conocerlas.

Para algunos, el noble arte de la política es utilizado como un juego. Algo que debería constituir ese servicio público que de forma desinteresada se ejerce en favor de los demás, percibo que en los últimos años, se está convirtiendo en un juego, que muchas veces hasta me llega a resultar un poco perverso. De igual forma, esto que me está ocurriendo, percibo que lo siente la mayoría de las personas con las que habitualmente coincido, porque en las contadas ocasiones que ha surgido este tema de conversación, nos damos cuenta de la desafección que existe entre la sociedad y aquellos que aseguran representarla.

Siempre he concebido el servicio público, como el que ofrecen los más preparados en una sociedad cada vez más carente de valores, a aquellos que nos dejamos engatusar por una palabrería muy bien elaborada, por quienes buscan nuestra confianza para que les coloquemos en el lugar en el que quieren estar.

Esa erótica del poder de la que tantas veces hemos oído hablar, debe poseer un morbo, que para la mayoría de los mortales pasa inadvertido, pero aquellos que consiguen acceder a esos cargos que debería ser de privilegio, cambian radicalmente desde el mismo instante que se encuentran en lo más alto y ni con agua hirviendo, se consigue desprenderlos del lugar al que tanto les ha costado llegar.

Cada vez concibo más como un juego, ese manejo político que algunos hacen de la sociedad que representan, porque en el momento que escuchamos algunas palabras y percibimos algunas acciones que identifican a quien las realiza y llegamos a identificarle como uno de los nuestros, muy pronto llega el desengaño y al final, nos vamos dando cuenta que los intereses de todos resultan muy similares.

En esto no suele haber excepciones en las diferentes formaciones públicas que periódicamente nos venden su programa, porque al final, parece que todos están cortados por el mismo patrón y el comportamiento, viene a ser muy parecido.

Versos libres en ese poema de la política en el que estamos involucrados, surgen de vez en cuando y vemos, dependiendo de los lugares en los que se encuentran, que los mensajes que van lanzando siempre están perfectamente dirigidos al público que les está escuchando, tratando de captar esa simpatía hacia su persona.

En los últimos tiempos, hemos visto como el máximo responsable de la provincia de Zamora, a veces trataba de lanzar un mensaje diferente, sin embargo, al final te das cuenta de que el tono y el contenido es el mismo que el que has venido escuchando desde siempre.

El presidente de la diputación de Zamora, se ha posicionado públicamente censurando la planificación y la coordinación en los recientes incendios que hemos padecido, mostrándose muy cercano a las víctimas que han sufrido esta tragedia, no obstante, cuando había que retratarse, se apartó del ángulo del objetivo y no censuró como venía haciendo, el comportamiento que los responsables de nuestro más preciado bien, esa naturaleza de la que siempre hemos presumido, la incompetencia de algunos que han permitido que este preciado bien, haya sido calcinado por el fuego.

Resulta, cuanto menos incomprensible, que después de dos meses desde que se produjo el primero de los incendios que ha asolado esta tierra, todo continúe como estaba. Aquellos que deberían haber asumido su responsabilidad y haber dejado el cargo que ocupan, continúan dirigiendo la política medioambiental, teniendo a la población acongojada por si la naturaleza vuelve a provocar un nuevo incendio, pensando en las manos en las que nos encontramos.

Algunos han ofrecido explicaciones, justificaciones huecas a su comportamiento tratando de hacernos ver que lo han hecho muy bien, han seguido los procedimientos y el protocolo y no se han desviado ni un ápice, de como estaba establecido. Otros ni tan siquiera han dado la cara y los que tienen la responsabilidad de mantener a estos en su cargo, ni están, ni se los espera.

En cambio, la otra parte de la sociedad, la mayoría de los que han padecido esta tragedia (trabajadores, bomberos, colectivos de diversa índole y el pueblo general), han mostrado su indignación manifestándose en reiteradas ocasiones y creo que es con estos con los que quiero seguir jugando, porque estoy convencido de que son y siempre serán de los míos.

Aunque al final, todo continuará igual que estaba, los unos con sus juegos, a veces perversos y la mayoría sin querer participar de esta diversión, esperando que nos vuelvan a demandar su confianza, que de nuevo se la daremos, porque somos así, nadie aprendemos de nuestros errores y estaremos condenados a repetirlos nuevamente.

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