almeida – 28 de junio de 2014.

Cuando los hospitaleros hablamos del sacrificio que algunos peregrinos hacen para ver cumplido su sueño de recorrer el Camino, siempre nos imaginamos a aquellos que proceden de los lugares más lejanos, ya que además de un costoso viaje, tienen que hacer frente a muchos cambios antes de adaptarse a la nueva situación que tienen que afrontar.

En Santuario fuimos un día repasando los lugares de procedencia de algunos peregrinos y vimos quién procedía de Nueva Zelanda y de Hawai, incluso había alguno de un país desconocido de África y comenté a mi compañero que esos tenían que haber realizado un esfuerzo muy grande para poder venir al Camino.

Me dijo que estaba de acuerdo, no obstante para él, los que más admiración le causaban eran los peregrinos coreanos, que cada vez son más frecuentes en cualquiera de los caminos.

Corea, al contrario de lo que pensaba, tiene un colectivo importante de cristianos y desde que se ha publicado algún libro sobre el Camino, que ha tenido una difusión muy importante, y luego de ser complementada esta difusión con algún documental sobre el Camino, es creciente el interés que existe por sentir las sensaciones que todos comentan que se pueden encontrar mientras se recorre este Camino.

Pensé que debido al número creciente que todos los días veíamos, serían para ellos unas vacaciones normales, ya que de lo contrario, no estarían creciendo como lo estaban haciendo, pero me hizo cambiar de opinión cuando me comentó la conversación que había mantenido en una ocasión con uno de estos peregrinos.

Cuando deciden venir a hacer el Camino, están ahorrando durante mucho tiempo, la austeridad de su vida cambia por completo ya que todo lo que pueden guardar lo dejan para hacer su camino y compran los billetes de avión con mucha antelación para encontrar los mejores precios.

Cuando lo consiguen, en ocasiones las fechas no se ajustan a las que ellos pensaban y tienen que decidir entre el precio que han decidido o la fecha que habían previsto para realizar su camino.

Pero el problema más importante que tienen que afrontar es que no cuentan más que con una semana de vacaciones, solo algunos privilegiados pueden negociar juntar las vacaciones de varios años para poder disponer del mes que necesitan para recorrer el Camino. Lo normal es que esto no ocurra y tienen que elegir entre el Camino y su puesto de trabajo.

Muchos, cuando comienzan su camino, tienen que dejar su trabajo, pero pueden ver cumplido su sueño, aunque a su regreso tienen que afrontar buscar un nuevo empleo y en ocasiones pasan meses antes de encontrarlo.

Imaginé la situación económica de Corea, que sería mas boyante que la de nuestro país, ya que aquí cuando alguien pierde su puesto de trabajo es una incógnita cuando volverá a encontrar otro.

Estuve de acuerdo con él que de todos los casos que conocía hasta ese momento, estos peregrinos si merecían un respeto muy especial, porque si tenían que hacer todos los sacrificios que mi compañero me había comentado, merecían un respeto especial por su sacrificio.

Ahora, cada vez que me encuentro con algún peregrino de este país, lo atiendo de una manera muy especial y me imagino que cuando vuelva de su camino, tendrá que enfrentarse a dar un cambio a su vida pues el trabajo es algo que suele definir a una persona.

Además, he comprobado que viven el Camino de una forma muy especial, diferente a los demás peregrinos y ahora comprendo el motivo por el que para ellos deben hacerlo de esta forma, ya que el recuerdo que se llevarán de él les ayudará a afrontar los problemas que tienen por delante.