almeida – 22 de  noviembre de 2016.

puente quintos

            En el camino, hay algunas construcciones que son muy características de esta ruta y algunas hasta únicas.

Lo más representativo son los cruceiros que se ubicaban en los cruces de caminos para guiar a los peregrinos en su camino. También algunos templos que jalonan esta ruta son especiales con sus mensajes tallados en la piedra para adoctrinar a la población antes que los códices, los manuscritos y más tarde los libros estuvieran al alcance de la mayoría.

            Pero hay otro tipo de construcciones, los puentes, que aunque no son exclusivos del camino, si forman parte importante de su fisonomía y el camino ya no se puede comprobar sin ellos, porque han sido una de las partes más importantes con las que han contado para facilitar el tránsito de los peregrinos.

            Antes que los santos camineros comenzaran a hacer su importante labor, cuando los peregrinos iban caminando hacia poniente, en muchas ocasiones se veía frenado su avance por unos torrentes muy caudalosos que no les permitían seguir adelante.

            En algunas zonas, el rodeo que debían dar para salvar aquellos obstáculos naturales era de muchas leguas lo que hacía que su camino se prolongara bastantes jornadas más. Pero los benefactores del camino hicieron más cómodo este avance construyendo estos puentes que les permitían pasar de un lado al otro de los ríos sin tener que realizar los grandes esfuerzos que antes debían afrontar.

            Hay algunos ejemplos muy hermosos de estas construcciones que han ido formando parte del nombre de algunos pueblos por los que pasa el camino y es frecuente ver a los peregrinos contemplándolos e inmortalizando con sus cámaras esas construcciones.

            Me encontraba en una ocasión caminando por uno de estos pueblos. Al final de la calle principal, un arco de piedra donde en tiempos se asentó una de las puertas de acceso a la villa, era el comienzo de uno de los puentes más hermosos que se han construido sobre el camino.

            Nada más traspasar el arco, en uno de los extremos del puente, vi a una peregrina que se había detenido para contemplarlo. Se había quitado su mochila y con los brazos apoyados sobre las viejas piedras contemplaba aquella construcción.

            Hice lo mismo que ella y me detuve durante un buen rato a descansar para contemplar aquel puente, pero cuando ya consideré que era el momento de reiniciar la marcha volví a cargar la mochila y pasé al otro lado. Observé que la peregrina todavía seguía en el mismo sitio y no se movió de él hasta que ya me encontraba muy lejos.

            Un par de días más tarde, volví a contemplar la misma escena con la misma peregrina. En esta ocasión pasé el puente y me quedé observando desde el otro lado su reacción. Estuvo más de una hora pensativa antes de cruzar el puente, aquello no me pareció normal y durante bastante tiempo estuve meditando sobre este acontecimiento.

            Algunos días después, cuando de nuevo un río obstaculizaba el camino antes de que se construyera el puente sobre el que ahora pasábamos los peregrinos, de nuevo la peregrina estaba en el extremo este del puente y daba la impresión que se estaba comportando como las dos veces anteriores que la había observado.

            En esta ocasión, no quise pasar de largo y me detuve a su lado para satisfacer las dudas que me habían surgido desde que la vi por primera vez.

            -Perdona mi curiosidad – la dije – te he observado varios días cuando estás en un puente y no logro comprender tu comportamiento, te importaría decirme en que estás pensando.

            -Cada vez que tengo que cruzar un puente, es un tránsito de una orilla a otra, pero para mí es algo más, dejo una parte que me resulta familiar para ir a una zona que es desconocida, aunque parezca lo mismo la otra orilla es diferente y no sé lo que me voy a encontrar en ella.

            -No comprendo – le dije – al fin y al cabo la otra orilla es lo mismo que ésta en la que nos encontramos.

            -Puede parecer lo mismo, pero no lo es – me respondió – para mi es nueva, es como un tránsito de una vida a otra, pueden parecer similares y sin embargo son muy diferentes.

            -Pero las tierras, el paisaje, los árboles las personas son lo mismo en un lado que en el otro.

            -Eso es lo que nos parece, todo lo que dejamos a este lado forma ya parte de nuestro pasado, de nuestros recuerdos y vamos a afrontar algo nuevo, el futuro, que seguramente será parecido pero si te fijas bien, verás que es muy diferente.

            -¿Y haces siempre lo mismo cada vez que cruzas un puente?

            -Siempre que lo hago, pienso en lo que he dejado atrás y me imagino las cosas nuevas que me voy a encontrar.

            La verdad es que no comprendí muy bien los razonamientos que la peregrina me estaba dando y la deje allí con sus pensamientos y sus reflexiones y yo seguí mi camino.

            En varias ocasiones más, antes de llegar a Compostela, volví a verla en alguno de estos puentes, siempre estaba en el lado este de los mismos y cuando la veía siempre la saludaba pero ya no volví a quedarme a conversar con ella.

            No obstante, cada vez que voy a cruzar un puente, pienso en esa peregrina y trato de imaginarme lo que me encontraré al otro lado y lo que me va a deparar el futuro.